POR: Nicolás Rocha Cortés Martes, 17 Mayo 2016

Consultamos a personas que estudian, enseñan o dirigen programas de arte en el país ¿qué piensan sobre el hecho de estudiar artes plásticas y visuales?

Muchas veces, la pregunta de si el artista nace o se hace pone a muchos jóvenes entre la espada y la pared. La idea de tener que viajar a París, Roma o Nueva York en aras de encontrar en dichas ciudades una formación completa, es quizá la mayor preocupación de los bachilleres que no saben que Colombia cuenta con un variado abanico de ofertas académicas alrededor de las bellas artes.

Para septiembre de 2015, 49,6% de los estudiantes egresados de un colegio privado hizo un tránsito inmediato a la educación superior, en comparación con 29,9% de los egresados de colegios oficiales. Eso significa que el porcentaje de estudiantes que ingresan a instituciones para continuar sus estudios es relativamente bajo.

En un documento del Ministerio de Trabajo titulado Capital humano para el avance colombiano, con cifras obtenidas por el Observatorio Laboral para la Educación (OLE), se mostró que anualmente se gradúan aproximadamente 1.802.729 estudiantes de lo que se conoce como educación superior, lo que incluye carreras técnicas, tecnológicas, universitarias, especializaciones, maestrías y doctorados. De dicho número, sólo 1,4% obtiene un título en alguna carrera afín a las artes. Existen muchos mitos, creencias y realidades que es necesario conocer antes de juzgar los programas.

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Margarita Ariza Aguilar
Decana de la Facultad de Artes Visuales y Aplicadas del Instituto
Departamental de Bellas Artes

Nació en Buenos Aires, Argentina, en 1970. Estudió Administración de Empresas en la Universidad Javeriana de Bogotá pero ha realizado un sinnúmero de cursos en torno al arte. Trabajó en el Ministerio de Cultura en la Dirección de Artes como coordinadora del área de Educación Artística. Dirigió el Proyecto Industrias Culturales de Cali, del Banco Interamericano de Desarrollo operado por Comfandi. También pasó por el Museo de Arte Moderno de Bogotá en el área de curaduría y el Museo de Arte Moderno de Barranquilla en el área de educación.

¿Qué piensa del hecho de estudiar artes plásticas?

A mí me parece que hay personas que tienen un talento natural para ciertas cuestiones disciplinares como pueden ser el dibujo, el lenguaje escultórico, o algunos de los saberes que conforman las artes plásticas, y hay muchas personas que sin haber estudiado arte tienen una carrera importante dentro del mundo artístico. Sin embargo, conociendo los planes de estudio, pienso que sí debe haber un proceso de creación que permita tener una perspectiva conceptual que enriquezca su trabajo al estudiante. El reto para las universidades está en ser lo más cercanas a la realidad de la práctica artística en su momento, ya que suele pasar que los planes de estudio se van desactualizando respecto a lo que está ocurriendo en el mundo.

Es una realidad que los saberes se están conjugando: por ejemplo, en las prácticas artísticas relacionadas con procesos con comunidad, se necesita de la antropología y de la etnografía, es ahí donde se ve la necesidad de tener conocimiento en varias áreas. Hoy el límite entre ciencia y arte no está tan marcado; es más, ahora a las personas no les importa si se llama arte. Desde que sean proyectos que incorporen problemáticas y busquen desarrollarlas, crear conciencia o aportar a su solución, a las personas les interesan.

Si uno se va a los aspectos que definen la práctica artística, se puede notar que hay personas que las desarrollan sin ser necesariamente egresados en arte. Por ejemplo, el diseño gráfico en otros lugares es percibido exclusivamente como la solución de aspectos de la comunicación visual y está enfocado a la parte comercial y empresarial; pero los últimos trabajos de grado meritorios en diseño gráfico –para mí– tienen todos los elementos para constituir una práctica artística. El trabajo de personajes como Marta Andrade, incorpora a mucha gente que no tiene preparación en arte, como lo que se hace en los laboratorios de artes visuales del Ministerio. Todos son programas que incluyen a una gran variedad de personas conducidas por profesionales que tienen la metodología de la academia.

Yo creo que estudiar arte también obedece a la idea de hacerse a un grupo, a pertenecer a un lugar en el que se pueden establecer una serie de relaciones para trabajar en colectivos, adquirir reconocimiento, tener la oportunidad de ingresar a círculos a los que cuesta mucho más entrar si no se tiene una base.

Actualmente existen plataformas donde uno puede tomar cursos en las mejores universidades a nivel mundial. Sin embargo, en Colombia el modelo terciario, que busca homologar competencias en la educación superior, está enfocado a la producción industrial, ver con qué competencias sale uno para ser recibido en el mercado laboral. Pero para las artes no funciona esa metodología, uno no se instala en un mercado laboral como lo puede hacer, por ejemplo, un soldador. Nosotros estamos fortaleciendo el perfil del egresado respecto a la práctica laboral, ver cuáles son las herramientas que necesitaría e incorporarlas dentro del programa.

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Cynthia López
Docente Seminario de Investigación en Arte I
Artes Visuales en la Universidad Javeriana de Cali

Esta artista caleña realizó sus estudios en Artes Visuales en la Universidad Javeriana de Cali, ha dictado varios talleres de dibujo en escenarios como la Universidad del Cauca, el Liceo Francés Paul Valéry y el Colegio Bennett. Su trabajo ha sido expuesto en el Museo Arqueológico La Merced de Cali, Galería El Museo en Bogotá y su obra La Gata Constelada, escultura que hace parte del programa “Las Gatas del Río” de la Cámara de Comercio de Cali (CCC), está expuesta en el Boulevard del Río al nivel de la calle octava. También ha publicado en varias revistas y ha realizado murales e intervenciones urbanas.

¿Qué piensa del hecho de estudiar artes visuales?

Creo que el conflicto de estudiar artes ha sido bastante discutido, sobre todo la cuestión de si el Arte, con A mayúscula, puede ser enseñado o si los artistas nacen y no se hacen. A este cuestionamiento se le suman, además, las preguntas respecto a los contenidos que deben ser enseñados y la calidad de la educación impartida.

A mi parecer, el artista nace y se hace. Si bien puedes llegar al mundo con una sensibilidad particular o un don que te hace sobresalir en algún aspecto cualquiera –matemáticas, deporte, arte…– si no se cultiva, si no se combina con un hacer continuo, en el camino se olvidará.

Respecto a la educación en arte en Colombia, y particularmente en Cali, creo que es importante volver al estudio práctico y riguroso de las técnicas tradicionales. Aún cuando el arte contemporáneo abrace obras en las que el concepto es lo más importante, considero que parte del oficio del artista es precisamente el hacer, y al respecto debe tener una práctica y dominio que le haga sobresalir. Como anotación a esto, quisiera añadir que, si bien está ampliamente aceptado el hecho de que el artista sea quien diseñe la obra y otro el que la ejecute, considero que cuando sucede esto se rompe un vínculo entre el artista y la obra y es uno con su propia alma, identidad o unicidad que queda plasmado en el objeto creado.

Finalmente, considero que los egresados de las carreras de artes están graduándose con falencias respecto a la práctica artística y, aún más, respecto al medio en el que salen a desenvolverse, desconociendo las estrategias y caminos que se pueden llevar a cabo para ejercer su profesión.

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Camilo Villoria Rojas
Egresado de la facultad de Artes Plásticas
Universidad de los Andes

Recién culminó sus estudios. Dentro de su obra se encuentran las Sandbox Series, un trabajo realizado en cubos de madera, varillas de aluminio, láminas de policarbonato y arena. Dentro de su ejercicio también figuran la pintura acrílica sobre lienzo, el dibujo y la pintura digital.

¿Qué piensa del hecho de estudiar artes plásticas?

Es indudablemente una pregunta muy abierta por lo que se me vienen a la cabeza ideas muy generales. En cuanto a mi carrera, fue importante el hecho de ver materias en cuatro facultades de arte muy diferentes entre sí: Universidad de Los Andes, Universidad Javeriana, Instituto Superior de Arte en La Habana y La Universidad de Salamanca en España. De estas cuatro experiencias pude apreciar una característica que para mí es parte importante del legado cultural de Colombia y de otros lugares “tercermundistas”; veo en la ciudad, en la gente y en la interacción de unos con otros una tendencia a lo incompleto, como algo que se está cocinando pero sigue a medio camino.

Hablando en términos de educación superior, la respuesta la delimito desde la segregación cultural dada por la desigualdad económica de nuestro país. Desde mi punto de vista, el acceso a la educación superior es, en gran parte de los casos, un privilegio de quién puede pagar y el hecho de utilizarlo para estudiar artes plásticas es, sin duda, un acto de poder, no menos de coraje.

El medio que rodea a las artes en Colombia es un círculo cerrado y encriptado por aquellos que, según la definición del término “curador” (y extendiéndola a los demás entes legitimadores del arte colombiano), guardan o custodian la relación entre quién está dentro de la fiesta y quién no. Los filtros utilizados para seleccionar a los artistas que exponen y venden en las galerías de élite se rigen en gran parte por la especulación y la espectacularidad.

Afortunadamente, la brecha de pensamiento que se está abriendo poquito a poco desde las artes en las nuevas generaciones está empezando a cambiar las formas y espacios tradicionales de distribución y exposición, lo cual es un hecho esperanzador.

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Heidy Guerrero
Estudiante de Artes Plásticas, séptimo semestre
Facultad de Artes (ASAB) – Universidad Distrital Francisco José de Caldas

Heidy estudia en la Academia Superior de Artes de Bogotá (ASAB). A medida que adelanta sus estudios se ha venido especializando en dos técnicas: la pintura al óleo con influencia del realismo y el expresionismo y el grabado, de donde se desprenden la litografía, la serigrafía y el fotograbado, entre otros medios.

¿Qué piensa del hecho de estudiar artes plásticas?

Lo primero que se me viene a la cabeza es que mi vida va a ser una completa inestabilidad en los escenarios económico (el más importante) y emocional, entre otros. Es ahí cuando me pongo a pensar si realmente esta carrera sirve para algo aparte de las ideas románticas que nos enseñan cuando estamos inmersos en el cuento.

Es verdaderamente complicado de asimilar porque soy realista y sé que la sexualidad del arte –más específicamente en Bogotá, que es donde vivo– es un circuito muy cerrado y la competencia se vive desde que se pisa la academia. A lo largo de la carrera he tenido que acomodarme a cosas que hubiera preferido escupir, pero dentro de la fauna y flora exótica del arte “supermoderno”, hay un montón de personas y salidas a las que es preferible agarrarles el trasero que enseñarles el dedo corazón.

Cuando uno comienza la carrera es una cosa loquísima porque entra emocionado, motivado, sobre todo porque cree que va a ser el mejor artista que parió el planeta y que va a hacer cosas jamás vistas. Pero no: equivocados y tristes todos, todo ya está hecho. Pensaba que en sexto semestre ya tenía que salir a flote y hacer que conocieran mi nombre para bien o para mal (esa me gusta más) y no fue así, en séptimo semestre fue cuando pude salir, gracias a que creamos un semillero de investigación con mis amigas, llamado Copy Paste, hemos obtenido muchas cosas que nos han nutrido (no todo es malo): una fue una exposición sobre fanzines muy interesante porque contaminamos a mucha gente con nuestro trabajo. Próximamente tengo una exposición de pintura, donde mostraré unos cuadros bastante grandes con el tema de la provocación y ojalá vengan muchas más para no sentirme frustrada.

En cuanto a la academia, tenía un concepto muy distinto al que tengo ahora, pensaba que todo lo bueno del arte era lo realista, que la factura fuera impecable, que el error no podía existir, y ese fue un totazo increíble. Tenía discusiones con mis compañeros porque hacían mamarrachos horribles y encantaban en todo lado; entonces comencé a cuestionarme quién define que el arte sea bueno o no: si un profesor califica más por algo académico o algo subjetivo, o si nosotros mismos creemos que lo que hacemos es chévere o una real basura (opto por la segunda).

Mi consejo es: No estudien arte nunca jamás en sus vidas.

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Luisa Cruz
Estudiante de Artes Visuales séptimo semestre
Universidad Javeriana de Bogotá

Luisa ha realizado diferentes exposiciones, entre las cuales figuran Odio/Venganza (La independiente en Odeón), No me vuelvo a enamorar (en La Normanda) y una residencia artística en Pereira de la cual nació una obra titulada Un círculo cortándose tu miedo al dolor. Realizó un Diplomado en Ilustración Infantil en la Universidad Jorge Tadeo Lozano. Fundó un espacio independiente llamado Taller 304 y bajo el sello Editorial 304 ha publicado varios trabajos, como Los maté porque eran míos y Manual para la tusa.

¿Qué piensa del hecho de estudiar artes visuales?

Estudiar es muy interesante porque abre caminos hacia el arte contemporáneo, la ilustración y el dibujo; en algunos momentos se desligan pero en otros están todos unidos y uno como artista se puede enriquecer demasiado. Son diferentes lugares en los que uno puede sentirse cómodo y no necesariamente encerrarse en un solo mundo. La oportunidad de destacarse con un estilo y la libertad de crear son muy bonitas.

Mi experiencia dentro de la carrera ha sido gratificante puesto que me he encontrado con partes desconocidas de mí misma, he aprendido a ver el mundo de otro modo por medio de la plástica y el dibujo. Siempre me he interesado en la investigación e innovación de mi desarrollo como artista. Frente a la academia, tengo un poco de recelo porque siempre me vi juzgada por mi manera de dibujar, no era estéticamente aceptado frente a mis profesores, era “feo” y no llamaba la atención, pero resulta que sí, el tiempo fue pasando y empecé a entender que dentro de la fealdad existen unos universos muy bonitos, uno puede ir mucho más allá de la belleza estética de una pieza. El concepto cobra un valor distinto y la manera de operar con el tiempo ya no se encasilla entre arte feo o arte bonito. Simplemente es dibujo y sentimientos.

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Jorge Bejarano Barco
Gestor cultural y curador de Proyectos Especiales
Museo de Arte Moderno de Medellín (MAMM)

Este curador de arte oriundo de Fresno, Tolima, estudió Ciencias Sociales en la Universidad Distrital, mientras realizaba paralelamente cursos de arte en la ASAB. Actualmente desempeña su labor de gestor cultural y curador en el MAMM y realiza constantes muestras artísticas sonoras, donde experimenta con las ondas, el sonido y el ruido.

¿Qué piensa del hecho de estudiar artes plásticas y visuales?

En general vivimos un momento cultural, social y político muy complejo. La educación académica de cierta manera requiere de una reinvención que esté más acorde con el devenir de estos tiempos. Sin embargo, y a pesar de ser fuerte crítico de la academia, la labor que desarrollan los institutos, escuelas y universidades es muy importante. Cuando se habla de formación en artes, es un trabajo que hay que apoyar y fortalecer pues en este momento el conocimiento instrumental ocupa cada vez un mayor espacio y las humanidades se han visto relegadas ampliamente.

De todas formas, a la hora de pensar en formarse como artista, la base académica es importante más no la única fuente de conocimiento, me refiero a que la educación de un artista integral debe complementarse por su participación en una serie de espacios extraacadémicos, donde pueda observar, experimentar, participar y entender lo que está sucediendo en ciertos entornos, en las residencias o en todo el fenómeno que gira alrededor de las galerías. Se trata de estar en un contacto directo con la sociedad y las problemáticas que están aconteciendo.

Lamentablemente las universidades no van al ritmo que van, por ejemplo, iniciativas de corte independiente, que avanzan a un ritmo acelerado –precisamente porque no tienen que cumplir con ningún requisito académico o canon establecido–. Eso les da la delantera creando formatos y muestras creativas que las academias no vislumbran. Aún así, el papel de la educación es muy importante y el reto de estos entes formadores está en actualizarse y generar diálogo entre ambas esferas, entre lo independiente y lo institucional.

Al trabajar en un museo puedo darme cuenta de que la carrera de muchos de los artistas que se destacan no ha estado mediada por una universidad, pero pienso que en el contexto colombiano hay que apoyar a las personas que quieran enseñar arte, porque si lo atacamos ciegamente y lo tildamos como algo que no sirve para nada, vamos a acabar con lo poco poético que hay y todos se pondrán a estudiar ingeniería.

Precisamente hay que empezar por entender todo el circuito, qué es arte, qué es educación artística y qué roles se pueden encontrar en este campo de acción. Un artista no se limita a ser una persona que tenga que tener una obra bonita, existen más papeles que pueden desempeñar dentro de este mundo: gestores, curadores o educadores. Si la academia pudiera enseñarle a sus estudiantes a asumir con toda la seguridad esos trabajos, ahí tendría más sentido la educación. Es por eso que es necesario replantear la idea de universidad y lograr ampliar la percepción que hay respecto al espectro de posibilidades en el desempeño profesional. Nuestra labor, desde el Museo, es mostrar el potencial que tienen los artistas en otros campos.

***

Hay varios planteamientos desde dentro y fuera de la academia acá recopilados gracias a los cuales podemos tener un panorama más amplio de esta profesión. La crítica de arte Avelina Lésper aseguró en la conferencia titulada El Arte Contemporáneo – El dogma incuestionable realizada en la Escuela Nacional de Artes Plásticas (ENAP), que “su obra dirá si son o no artistas, y si hacen este falso arte, se los repito: no son artistas” haciendo referencia a que actualmente el mundo artístico se rige por la “dictadura del más mediocre".

Por otra parte Luis Camnitzer, uno de los artistas latinoamericanos más contestatarios, durante una conferencia titulada La enseñanza del arte como fraude realizada el 8 de febrero de 2007 en la Universidad de los Andes de Bogotá, afirmó que “el error mayor en la estructura de la enseñanza del arte entonces parece ser la ignorancia de sus contradicciones. Existe una estructura diseñada para enseñar arte, pero el mercado es incapaz de absorber a los que se gradúan de esa enseñanza. Existe una estructura diseñada para enseñar arte, pero es una que está acompañada por la presunción que la creación artística no es enseñable. La forma más cómoda y barata de resolver estas hipocresías sería la eliminación de la estructura y olvidarse del problema. La más difícil, cara, pero responsable y ética, es enfrentar la misión del creador en lugar de la del artesano, y educar a la sociedad para que reconozca y financie esa misión”.

Al parecer, casi una década después de las declaraciones del artista uruguayo, en Colombia los docentes y personas encargadas de dirigir programas de educación artística han optado por realizar lo que la profesora española María Acaso define como la revolución educativa: cambios pequeños que paulatinamente generarán una macrorrevolución a nivel educativo. Pero la responsabilidad no sólo está en las personas que enseñan sino también en las personas que optan por estudiar estas carreras: deben buscar alternativas, crear nuevos espacios y, sobre todo, apoyar el arte en Colombia.

Toda la información del programa Educación Superior: En cifras será actualizada al finalizar 2016.

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