POR: Andrea Melo Tobón Lunes, 08 Agosto 2016

Hablamos con el director Mohamed Hamidi sobre su película La Vaca, que cuenta la travesía de un granjero argelino para llevar a su amada Jacqueline a un salón de agricultura en París.

¿Por qué la vaca se llama Jackeline? ¿Qué significado tiene ese nombre para usted?  

En realidad fue sugerido por Fatsah Bouyahmed, el actor principal, quien me contó una divertida historia sobre sus años de adolescencia. De regreso a los días de teléfonos fijos, Fatsah daba su número para que sus amigos lo llamaran pero su padre se quejaba porque, para él, el teléfono era solo para comunicarse con Argelia. Si Fatsah duraba al teléfono más de un minuto, le decía “Cuidado, puede que alguien en Argelia esté tratando de llamarnos”. Cuando las niñas trataban de comunicarse con él, sus padres nunca recordaban sus nombres, así que su padre decía “Fue otra Jacqueline”. Para ellos significaba una joven francesa. Cuando le dije que estaba buscando un nombre para la vaca, Fatsah sugirió Jacqueline y lo adopté sin pensar. ¡Con semejante historia, no me pude resistir! Y sonó tan bonita en su voz, que inmediatamente amé el nombre.  

¿Cómo creó esta historia? ¿Fue una anécdota o la inventó?

Yo había querido hacer una película de carretera en Francia desde hace mucho tiempo, ya que es un país que conozco bastante bien. A partir de los 17 años comencé a viajar de punta a punta como supervisor en los campamentos de verano [Hamidi fue profesor de Economía hasta hace pocos años]. Además, cuando los niños de los suburbios problemáticos conocían a gente del campo, como granjeros, sucedían cosas extraordinarias que me tocaron mucho. Un día, Fatsah, a quien conozco desde hace diez años, me habló de uno de sus tíos, un hombre apasionado por la agronomía y los fertilizantes, que regularmente le pedía que le ayudara a conseguir información sobre el Salón de la Agricultura pues siempre había soñado con ir. Con La Vaca he hecho un cóctel de todo eso. Creo que, inconscientemente, me marcaron películas como La vaca y el prisionero, que vi diez veces cuando era más joven y también por Pequeña Miss Sunshine y Una historia verdadera, dos películas de carretera que me parecen absolutamente fascinantes.

 

¿Cómo fue el proceso de filmación de esta película entre dos países?

Para ser honesto, fue todo un reto porque hicimos un proceso de casting que nos planteó muchos problemas. Como no podía llevar una vaca francesa a Marruecos –donde rodamos las escenas que tienen lugar en el pueblo de Argelia–, ni tampoco llevar una vaca de Marruecos a Francia, tuvimos que elegir dos vacas idénticas, una en cada país con su respectiva doble, por si acaso.

Yo había estado trabajando en la idea de la película durante tres o cuatro años y asistí regularmente al Salón de Agricultura donde vi cientos de vacas con una idea imperativa en mente: Jacqueline tenía que ser de color marrón para que fuera creíble que era de Argelia. La primera que elegí era una Jersey, pero la combinación que hacía con Fatsah no era creíble porque ella era muy pequeña.

Luego, cuando supe que había una granja de cría de vacas Tarentaise en Marruecos, fui a verlas y me parecieron muy bonitas, más grandes y más marrones. A partir de ahí, hicimos el casting a la inversa: primero encontrábamos a las vacas con las características que requeríamos y luego mirábamos si funcionaban. ¡Y sí, fue tan complicado como suena! Pero me encantó todo, me encantó rodar en diferentes países con un reparto y un equipo tan increíble.

Tiene raíces de Argelia y Francia, ¿Cómo influyeron ambos países en el cine que hace?

Esta es una pregunta hermosa. Tiene razón. Ambos países me han influenciado mucho en mi carrera. La diferencia cultural es abismal y el tipo de cine es bien diferente también, pero creo que mis raíces argelinas son las que dejo que la gente vea en mis películas. Lo que me interesa hoy en día son mis raíces, mis padres y el impacto que la inmigración representa para ellos. No quiero hablar de los suburbios de París, algo que hacía mucho cuando era un maestro en Bobigny. Me resulta más interesante, presentar este personaje cómico, simple e ingenuo.  

Hacer películas de comedia es difícil, no todo el mundo sabe sacar sonrisas en otros idiomas. ¿Cuál es el ingrediente especial en La Vaca que la hace tan divertida?

Creo que es el humor de Argelia porque son personas muy divertidas. Es necesario escuchar los chistes que hacen y las historias que se cuentan unos a otros. Cuando estoy de vuelta en el pueblo con mis primos, el café local es uno de los lugares en los que se ríen de la mayoría del mundo. Y tengo mala leche con los clichés. Trato de evitarlos a toda costa. Además, creo que mis actores fueron muy naturales en su interpretación y resulta fácil identificarse con ellos, tal vez eso es lo que cautivó a tanta gente en diferentes lugares distintos de Francia y Argelia.

Durante la escritura del guion, a menudo la gente decía que estaba siendo demasiado ingenuo o demasiado concentrado en las emociones buenas. Sin embargo, me quedé con este enfoque hasta el final. Yo quería que Fatah conociera a gente acogedora y abierta con los que un intercambio sería posible; con gracia, sencillez, falta de prejuicios y bondad, él es capaz de decir todo y la gente lo adora por ello. Mi padre, que provenía de un ambiente rural también era así, muy directo, pero tan bonachón que nadie lo tomó mal. Yo no quiero adoptar un enfoque agresivo o el estereotipo de rechazo sistemático de los inmigrantes.  

Lavacacarrusel

¿Cómo fue trabajar con un animal? ¿Son mejores o más amargos que los humanos?

Son definitivamente mejores, pero cuando el rodaje dura un largo lapso, se pueden poner amargos también. Lo bueno es que ahora sé mucho más acerca de las vacas ¡Dios, debo haber visto al menos 300 vacas en los Alpes! Las dos que escogimos fueron enviadas a Pierre Cadéac, un entrenador de animales para el cine que vive cerca de Fontainebleau. Y ahí fue donde Fatsah y Jacqueline se familiarizaron. Mientras tanto, la Jacqueline marroquí había sido guardada para engordar. Souad Lamriki, el productor de cine marroquí, se la había confiado a un muchacho joven, Icham, para que la cuidara y, en cierto modo, la entrenara. Se volvió loco por ella. Así que decidimos darle una sorpresa ofreciéndosela a él en el último día de rodaje como un regalo. ¡Él estaba en la luna!  

¿Cómo fue trabajar con Fatsah Bouyahmed para crear un carácter sólido y creíble?

Fue increíble; él coescribió el guion conmigo por lo que el personaje tiene una gran cantidad de su personalidad. Cuando empecé a escribir el papel, pensé en él de forma inmediata. Hay muy pocos actores que son capaces, como él, de pasar del humor a la poesía y a la sinceridad al mismo tiempo. El otro elemento importante es que es desconocido en la industria. El espectador medio tiene la impresión de que este tipo es de un pueblo y tiene una vaca. Usted mezcla dos mundos polarizados estos días: el occidental y el árabe en una sola pieza.

¿Qué siente una persona que pertenece a ambos mundos con los hechos violentos recientes?

Creo que tener dos lugares para llamar “casa” es increíble. Tengo mucha suerte. A pesar de las apariencias, creo que La Vaca es una película política. Pero, como en una fábula, era importante para mí que esto fuera implícito y que no se viera. En estos tiempos difíciles, cuando algunas personas quieren oponerse a religiones y formas de vida, quería demostrar que las personas, vengan de donde vengan, pueden vivir juntas y compartir cosas a pesar de las diferencias culturales, sociales y religiosas. ¿Un ejemplo? Cuando Fatah, un musulmán practicante que ora de manera solitaria, ve una iglesia por primera vez, él está feliz de entrar a visitarla. Al igual que mi padre, que en vacaciones solía decir “¡Vamos a ver cómo es por dentro!” y saludaba al cura y le hacía un montón de preguntas.

Esta curiosidad, la sencillez de intercambiar cosas, abrir la mente de esta manera es algo que me resulta hiperpolítico. Fatah también ve agricultores, manifestaciones de ganaderos, pancartas con consignas en contra de las cuotas lecheras y la desertificación del campo… Él es un agricultor argelino que llega a Francia con sus sueños y descubre que las personas están hechas mierda aquí también. ¡Debemos hablar en voz alta acerca de esto, en las películas, en la televisión, en los periódicos, en todas partes!

¿Le dejó alguna lección o reflexión su película?

Muchas. Más de las que pensaba. Alain-Michel Blanc, con quien ya había escrito mi primera película, me ha enseñado una cosa esencial: incluso si un personaje secundario tiene sólo tres minutos en la película, tengo que tomarme el tiempo para escribir una biografía de lo que quiere, su lugar de origen, lo que le va a traer al personaje principal y viceversa. Esto es muy útil cuando se trata de dar instrucciones a los actores. Para mí, durante su escena, un personaje secundario se convierte en el personaje principal. Esta es la cosa más importante que aprendí al hacer esta película. No sólo Fatah y Jackeline tenían que ser importantes, todo el mundo tenía que ser indispensable y creo que lo hicimos muy bien.

Además, he aprendido mucho acerca de las vacas como no se imagina. Puedo fácilmente tener una conversación de tres horas sobre las vacas. Nunca se sabe cuándo vaya a necesitar ese conocimiento.  

¿Cuál fue su parte favorita de la película?

La escena en la que Fatah le dicta una carta a Philippe (Lambert Wilson) en un intento de ganar a su esposa. Es irresistible, sin duda mi favorita. Las parejas en las aldeas argelinas son muy recatadas, nunca hacen gestos tiernos el uno hacia el otro, no se toman de la mano ni se besan en público. Siempre me sorprendió ver cómo mis padres eran tan reservados acerca de sus emociones, pero cuando se presta mucha atención a las canciones que ellos escucharon, de Oum Kalthoum, por ejemplo, son increíblemente románticas con un sinnúmero de líneas que dicen, “Te amo”, “Te extraño”, “Mi amor”.

 

 

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