POR: Chilango Páez Lunes, 01 Febrero 2016

La nueva película de Alejandro González Iñárritu demuestra que el director mexicano ya está en las grandes ligas del cine mundial. Con perfección técnica, The Revenant es una obra contradictoria. 

¿Se acuerdan de Chuck Norris, Rambo, Van Damme y Bruce Willis? Pues son unos pobres debiluchos al lado de Leonardo DiCaprio. Su papel en El renacido aguanta más golpes que el Coyote contra el Correcaminos, que Tom contra Jerry, que Beatrix contra el escuadrón de Bill, que Jackie Chan contra Jackie Chan… Más que “el renacido”, este tipo es “el inmortal”.

Ese es, quizá, el gran problema de la película: que después de media hora de mordiscos, caídas por cascadas y precipicios, balazos, pedradas, fiebres, sangre, cicatrices y dolorosos gemidos uno sabe que el héroe va a lograr vengarse de su archienemigo, como León: peleador sin ley  pero sin las vistosas movidas de artes marciales. Leonardo DiCaprio, literalmente, se arrastra por los premios a mejor actor. Y lo hace muy bien: se merece todas las estatuillas.

RENACIDO1

El que no merece mayores elogios es el grupo de guionistas de The Revenant, que arma una historia tan reforzada que parece cine B aunque sin el humor de la serie B. Esta es como esas películas que uno ve el domingo por televisión, duerme un rato, chatea, va a la cocina por más palomitas y cuando vuelve al sofá no se ha perdido de nada. Y las pretensiones de ser gran arte y cierta seriedad afectada le quitan ese delicioso placer de ver cine malo.

RENACIDO2

Hay que admitir que El renacido tiene una gran producción, que es lo que se premia cuando se habla de “mejor película”. La fotografía, el maquillaje, el sonido y todos los demás detalles técnicos son perfectos. La escena en la que el oso casi mata a DiCaprio es impresionante, duele; uno escucha cada tejido roto, siente los colmillos y casi huele el aliento de la bestia. Pero con ver eso ya lo vio casi todo. Eso no significa que sea aburrido –para nada, uno está agarrado de la silla durante las más de dos horas que dura– pero gran parte del relato se reduce a ver sufrir al protagonista, con un trasfondo interesante que no se explora a fondo, con personajes sin dimensiones y con secuencias de sueños que parecen sacadas de telenovelas mexicanas.

RENACIDO3

Al menos por lo visual vale la pena ver El renacido y hacerlo en pantalla gigante. No crean que si la piratean van a poder dimensionar la gran apuesta técnica –si lo hacen, van a comer palomitas, dormir, chatear… y no se van a perder de nada–. Si le quieren hacer el gasto a la experiencia cinematográfica, consigan un buen lugar en la sala para sentir la atmósfera. De verdad es asombrosa.

 

CORTOS

 

Etiquetas:

Cine