POR: Andrea Melo Tobón Sábado, 17 Septiembre 2016

Este libro reconstruye la historia de las primeras películas de algunos de los directores más importantes del cine nacional.

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La primera película que Javier Mejía vio fue King Kong, dirigida por John Guillermin, en el Teatro Tropicana de Medellín en 1976. A medida que fue creciendo en una ciudad que convulsionó con la guerra del narcotráfico, Mejía siempre quiso hacer cine, pero como no había escuelas audiovisuales en el país y no tenía con qué irse, se decidió por la comunicación social, que era lo más parecido a lo que quería hacer.

Rodrigo D fue otra película determinante para él porque el miedo que se contaba golpe a golpe en la cinta, Mejía lo había sentido en las calles de su ciudad. Ver que se podían contar ese tipo de historias, lo obsesionó con el cine. “Eso fue un espaldarazo de uno decir: ah, mierda, si este huevón lo hizo, yo también puedo”.

Además de aprender sobre la imagen, a Javier le gustaba la escritura. Después de graduarse, desarrolló una carrera como periodista y guionista por la que fue nominado al Premio Simón Bolívar y ganador del Premio Nacional de Periodismo CPB en 1995. Trabajó en distintas series de televisión y comerciales, como la tercera y cuarta temporada de Muchachos a lo bien (1997), codirigió El cartel de los sapos: guerra total (2010), Las muñecas de la mafia (2010) y Confidencial (2011).

“Hice periodismo porque me gustaba escribir, pero siempre construyendo historias para hacer una película. Eso se dio y aparecieron un premio, unos productores y un grupo de amigos que le metieron el culo a la película y esa fue la primera”. Apocalípsur (2007) fue su ópera prima. Recibió más de quince premios, entre ellos el India Catalina a la Mejor Película Colombiana y el Especial del Jurado en el Cartagena 2007, los nacionales a Mejor Guión y Mejor Película en 2008.

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Ese año también fue elegido como uno de los jóvenes talentos cinematográficos de América Latina por Casa de América (España). En 2014, estrenó su película documental Duni (2014), después participó en la película Amazonas con el cortometraje Payaso (2016).

Recientemente lanzó el libro Ópera prima, que reúne las experiencias, secretos, poesías y confesiones de las primeras obras de quince directores colombianos, entre los que se encuentran Víctor Gaviria, Marta Rodríguez y Carlos Moreno. Para realizarlo, viajó a Nueva York, México, Medellín y Bogotá para concretar una entrevista con cada uno de los realizadores. Antes de la reunión, volvía a ver la película y hacía un cuestionario sobre puntos específicos de cada obra; después “humedecían la palabra” y amanecían desenmarañando las óperas primas. “Cada uno tiene vidas llenas de historias, viajes, persecuciones y poesía; cada uno es como un universo. Fue un libro muy divertido de hacer”, confiesa Mejía.

Uno de los mitos dentro del medio audiovisual es que la película que ocurre detrás de la película es mucho más divertida. En el mundo de los rodajes se trata de un proceso tan demencial conseguir el dinero, escribir el guion y armar el equipo que quedan mil historias sin contar. Esa es la intención de Mejía, no solo ponerle palabras al sudor y al esfuerzo de la gente que hace cine sino que otros directores puedan tener una suerte de guía de lo que han pasado otros haciendo lo que les gusta.

La primera película del libro es de 1964, Río de tumbas, que narra la historia de un pueblo que encuentra cadáveres en su río como resultado de los enfrentamientos entre liberales y conservadores. “De alguna manera, cada película muestra qué está ocurriendo en el país. Esa cinta tiene más de cincuenta años pero su historia es muy vigente”, afirma el autor de Ópera prima. Aunque para él hacer cine en Colombia es como hacer los Juegos de Invierno en Lorica (Córdoba), tiene claro que no es solo Colombia es un oficio difícil.

La película que más lo obsesiona en este momento es un documental que lleva grabando desde hace veinticinco años sobre su vida y la de sus amigos. Con más de quinientas horas de video, su idea es contar cómo creció una generación en la Medellín de la violencia más dura de los ochenta –comenzó a grabar en 1989–, “es como una generación que sobrevivió a pesar de todo lo que pasó”. Se espera que la obra sea estrenada en 2017 y se llamará Vivir era mejor que la vida.

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