POR: Andrea Melo Tobón Miércoles, 07 Septiembre 2016

Adquirir prótesis para las personas en condiciones de discapacidad es costoso.
Esta es una alternativa robótica hecha en Colombia.

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Jorge Alberto Robledo Ramírez es un ingeniero electrónico de Medellín que hace cinco años fabrica prótesis robóticas de manos con su proyecto Prótesis Avanzadas. Desde que era pequeño le gustaba construir cosas: manos hechas con palitos de chupeta y pinzas y brazos robóticos con un Armotodo –el juguete infantil colombiano que se parecía al Lego–. Jorge siempre ha tenido una obsesión con las manos y nunca supo de dónde salió.  

Esta manía de construir lo persiguió hasta la universidad, por lo que Jorge decidió estudiar ingeniería en 2008. A medida que pasaban los semestres, las noticias sobre las minas antipersona y conocer gente que sufría amputaciones le hicieron preguntarse qué pasaría si perdiera un brazo o una mano. Robledo encontró que en Colombia se comercializaba con las mismas prótesis hacía más de veinte años y que las piezas robóticas tenían un valor altísimo –entre sesenta y cien mil dólares–, ahí surgió la idea de fabricar manos robóticas a un valor más justo.  

“Ni siquiera la gente común en países desarrollados puede acceder a ellas porque son muy costosas, solamente es un lujo para personas que tengan dinero”, afirma Robledo.  

Después de salir de la universidad y terminar sus prácticas profesionales, en 2011, se dedicó al proyecto de las manos durante seis meses. Jorge experimentó con plástico que cortaba y moldeaba buscando un modelo ideal para trabajar. Poco a poco comprendió que si quería un producto que marcara la diferencia, debía implementar otras técnicas y métodos: además de sus conocimientos en electrónica y programación, estudió mecánica y robótica de manera empírica, a través de libros e Internet.  

En 2013, Robledo tuvo la oportunidad de desarrollar su proyecto en el TecnoParque del SENA, donde creó parte de los diseños y mecanismos de la mano robótica. Pero no todo ha sido fácil para él, muchas veces quiso darse por vencido ante las dificultades. Por ejemplo, su modelo requiere unos sensores mioeléctricos –alimentados por los músculos humanos– que son difíciles de desarrollar: de ellos depende la movilidad de un brazo robótico y no se comercializan nacional e internacionalmente.  

Entonces Jorge decidió hacerlos él mismo. Primero se basó en un diseño que encontró en Internet pero no le funcionó a pesar de que trabajó un año en él. Cuando se sentó a hacer el que creía que podía funcionar, lo tuvo listo en una semana: “solo bastó que yo tomara la iniciativa de crearlo desde cero”. 

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Aunque en su casa lo apoyaron desde que estaba estudiando, hubo un momento en el que le dijeron que se buscara un trabajo que le permitiera sostenerse. Jorge se negó: si trabajando en su proyecto todo el día llevaba ocho años, en caso de conseguir un empleo formal se demoraría mucho más. “Esto se convirtió en algo más que un hobbie, se trata de una meta que quiero cumplir y que me ha ayudado a forjar la personalidad; si se me presenta un obstáculo, no me dejo vencer”, afirma.  

Ese mismo año Jorge descubrió la impresión 3D, una herramienta que crea objetos mediante la superposición de capas de distintos materiales a partir de un modelo digital y permite hacer formas complejas sin necesidad de moldes, además de abaratar los costos de producción. Con un producto mejor, Jorge se asoció con su primo Juan Gabriel Arboleda y compraron mejores equipos para presentar una mano robótica igual a las que se consiguen en mercados extranjeros pero muchísimo más barata: la de Prótesis Avanzadas cuesta doce millones de pesos (unos cuatro mil dólares), mientras que las importadas pueden costar hasta doscientos millones; otras, más económicas, no cumplen muchas funciones, apenas se abren y cierran.

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Las prótesis hechas en Medellín pueden mover cada dedo individualmente y programar funciones como abrir y cerrar para tomar un vaso, coger objetos pequeños, escribir en el computador o agarrar un lápiz para escribir, que parecen tareas cotidianas pero que requieren muchísimos detalles en la ingeniería.  

Además, Robledo trabaja con personas que necesitan las prótesis para diseñar nuevas funciones y hacerlas reales. Uno de sus colaboradores es Iván Orlando González Gil, un paisa que hace veinticinco años perdió ambas manos cuando trataba de deshacerse de una granada que se encontró en la calle. Al principio, le dieron manos ortopédicas pero dice que nunca le gustaron: “me mandaron unas de Estados Unidos y eran muy pesadas y no hacían nada”. Por varios años probó distintos dispositivos hasta que se acostumbró a usar sus “mochos”, como él los llama, para comer y cepillarse los dientes, ya que no pudo conseguir unas prótesis más ligeras o funcionales para su cuerpo. González se enteró del proyecto de Robledo hace poco más de un año: cuando vio un video de la empresa, sintió emoción porque aún tiene sensibilidad en sus tendones y supo que podía recuperar mucha movilidad.

“La mano ha sido muy buena porque es cómoda de colocar y me sirve para muchas cosas: ya no necesito lidiar con mis dos mochos para tomarme una gaseosa sino que con la mano –tengo solo la derecha– puedo coger más cosas con más facilidad. Hasta he montado en bicicleta y todo”, cuenta González.  

Existen varios tipos de prótesis según el nivel de amputación, según su función (cosméticas o activas) y según la fuente de energía (mecánica, mioeléctrica o híbrida). Las que más se usan son las mecánicas –que tienen un solo movimiento– o las cosméticas –que no cumplen ninguna función más allá de la estética–. Comprar una prótesis en Colombia es difícil, la robótica que Iván González tiene ahora se la donó Prótesis Avanzadas pero las EPS generalmente dan prótesis de gancho a sus usuarios: “manos que ni se mueven, queda uno peor”, afirma Iván entre risas. Muchos creen que tienen que comprarlas por su cuenta pero por ley se las deben dar sus promotores de salud, gracias al Acuerdo 08 de 2009.  

“La mayoría de personas con las que hemos tenido contacto –con amputación o que no tienen alguna de sus manos– nos han dicho que las prótesis que ofrece actualmente el mercado o la parte ortopédica, no tienen una apariencia agradable y creen la gente se asusta al ver una persona con un gancho”, cuenta Jorge Robledo. Lo que él hacees más realista y espera que su modelo sea autorizado y distribuido por las entidades de salud.

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Tanto Jorge como Iván siguen trabajando para hacer mejoras que faciliten la vida de los usuarios de Prótesis Avanzadas. Robledo Ramírez ha participado en varias convocatorias de emprendimiento para dar a conocer su proyecto y ha ganado recursos para patentar el diseño. “En realidad ha sido una experiencia bastante gratificante ver que tanto esfuerzo pueda ayudar a una persona”, dice. Por ahora no está preocupado por armar un emporio de prótesis robóticas para todas las partes del cuerpo, sino concentrarse en las manos. Quiere implantar más sensores en los nervios para tener un mejor control de las piezas y aumentar la sensibilidad de los miembros superiores.  

Fue una batalla convencer a su familia de que este proyecto tenía potencial, un reto técnico al desarrollar un dispositivo robótico que fuera accesible para las personas que lo necesitan y hacer realidad su sueño antes de los treinta años. “He tratado de convencer a los demás de que no tengo que seguir el camino de estudiar, conseguir un trabajo en una empresa y seguir toda la vida así, sino estudiar y con lo que uno aprende crear algo diferente con su propio proyecto”, cuenta Robledo.  

Para Jorge, tecnologías como las impresoras 3D están cambiando la forma en que trabajamos y ayudamos a la industria nacional. “Creo que es posible crear soluciones en nuestro país, propuestas desde acá con mejores precios para los colombianos y que puedan competir a nivel mundial en áreas en las que uno no tenía pensado hacerlo”, concluye. 

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