POR: Bacánika Sábado, 30 Abril 2016

Cuando nuestros papás nos decían que llovía porque Dios estaba bravo, nos engañaban vilmente. Desde el principio, el planeta ha tenido variaciones climáticas que se han afectado significativamente por las actividades económicas de la sociedad, no sólo de la moderna. No se trata de un invento de científicos locos ni menos de un complot.

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Aunque los cambios de temperatura hagan parte de las típicas conversaciones cotidianas, abordamos el tema dependiendo de si hace mucho frío o mucho calor –como si cada gota o rayo de sol fueran una novedad–. Lo cierto es que la ligereza con la que confundimos conceptos, no nos permite entender los cambios y fenómenos de nuestro entorno ni menos prevenir posibles riesgos asociados al clima. Este es un manual básico para no cometer burradas a la hora de hablar de ambiente e, incluso, para bajarle al pánico. Leyó bien: no hay que entrar en pánico.

Clima Vs. Tiempo

Es muy común escuchar la expresión: “el clima está lluvioso”. Eso está mal dicho. No es el clima, esas son las condiciones del tiempo.

El clima es el conjunto de condiciones atmosféricas y ambientales promedio que se desarrollan en un espacio geográfico durante un lapso extenso. Sí: sonó enredadísimo pero es muy simple. Por ejemplo, sabemos que en la costa Pacífica el clima es cálido y húmedo.

El tiempo, en cambio, son las condiciones durante un corto período, asociadas a elementos climáticos como la temperatura (calor, frío) o la precipitación (lluvias).

La variabilidad climática es una medida del rango climático en la que se registran las altas y bajas temperaturas en distintos lapsos. Por ejemplo, la variación del impacto de las lluvias en el mes de abril de 2015 y del mismo período en 2016.

“La lluvia o el sol son los malos de la película”

La quejadera no hará que una ola de calor o una intensa lluvia amainen. De hecho, las precipitaciones son vitales para que, entre muchas cosas, los cultivos crezcan y usted pueda comer. Y el calor no sólo es bueno para salir de paseo. Sabemos que hay sequías e inundaciones pero ¿realmente es culpa del diabólico cielo o más bien de gobiernos o instituciones que no promueven sistemas de gestión y prevención de riesgos y desastres?

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El efecto invernadero no es del siglo XXI

A pesar de lo que usted haya oído, el efecto invernadero no es una convención de gases malignos actuales; por el contrario, desde hace millones de años el vapor de agua, el dióxido de carbono, el ozono y el metano permitieron que la Tierra fuera un planeta habitable. Lo que ha sucedido durante los últimos dos siglos es que las emisiones de gases de efecto invernadero han aumentado significativamente. Estos gases provienen de diversas actividades humanas, principalmente de la combustión de energías fósiles (sí: a ella le gusta la gasolina), los pedos de las vacas que colaboran con 30% de las emisiones, el uso de fertilizantes comerciales, el monocultivo y la deforestación. Todos ellos han alterado la temperatura del planeta de a poquitos.

Así todos los países acordaran frenar las emisiones de gases de efecto invernadero, el planeta se demoraría un siglo en recuperarse de esa gran perturbación porque sus trastornos son acumulativos. La implementación de carros eléctricos o la vigilancia a la explotación minera no es un asunto de izquierdistas radicales, son medidas que se están tomando para reducir poco a poco los efectos de estos gases en la Tierra.

Cambio climático y calentamiento global no son lo mismo

Muchos asumen que estos dos fenómenos implican que todo el planeta va a terminar usando bikini por las altas temperaturas, pero no. El cambio climático es el conjunto de variaciones meteorológicas promedio en un lapso más o menos amplio. Entonces se aprecian tendencias como que las sequías sean cada vez más severas o las lluvias, más fuertes: estas variaciones tienen manifestaciones distintas a lo largo y ancho del planeta.

El calentamiento global es el aumento de las temperaturas promedio del planeta, a causa de las emisiones de gases efecto invernadero (ver arriba), cosa que redunda en el cambio climático.

Las cifras de la NASA afirman que enero de 2016 fue el mes más cálido a nivel global desde que se empezaron a registrar las temperaturas en 1880: la temperatura media global alcanzó a estar dos grados por encima de la época preindustrial (antes de 1800). Pese a que planetariamente tiende a haber temperaturas promedio más altas, a una escala regional y local habrá lugares en los que el cambio climático se traduzca en que llueva más o que haya sitios más fríos. Para que no enloquezca, querido lector, sepa que los políticos y los científicos hacen afirmaciones desde la premisa que buscan probar. No trague entero.

Los fenómenos naturales no son un castigo divino 

El Niño y La Niña no son resultado del cambio climático. Se trata de fenómenos de variabilidad climática, los cuales hacen parte de una oscilación en las corrientes marinas del Pacífico Sur que, básicamente, hacen de termostato del planeta. Y han sucedido durante milenios, no son cosa del último año.

No crea en pronósticos mensuales o anuales

La naturaleza es impredecible. A pesar de que diversas disciplinas intentan descifrar el comportamiento de las temperaturas y sus variaciones, aún no se ha llegado a un consenso. Lo ideal es que usted investigue su propio espacio geográfico, le pregunte a los viejos y conozca su ecología, su historia y su clima, esa es la mejor forma de comprender y prevenir cualquier desastre o, al menos, reducir sus impactos.

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Cuidar el entorno no es de activistas

Tomar consciencia de los productos que usted consume y cómo repercuten en el espacio en el que usted vive no tiene que ser una cosa exclusiva de ecologistas ni una pelea contra el sistema. Tenga en cuenta que la basura que bota hoy es el aire y el agua que tendrá mañana.

La naturaleza como agente

Aunque las consecuencias de la acción del hombre en el planeta son innegables, el planeta viene transformándose desde hace millones de años y posee sus propias dinámicas. Hay fenómenos que no podemos predecir, lo único que queda es tratar de comprenderlos mejor y adecuar nuestros hábitos y modos de vida a ellos.

Consuma menos

En estos tiempos, algunos amantes de lo ambiental han puesto de moda la palabra “verde” –cosa que el mercado ha sabido aprovechar– y hay una gran variedad de productos e iniciativas que se la han vendido con la etiqueta de “sostenibilidad”. Pero la idea no es comprar desmesuradamente. Verde o no, todo tiene consecuencias en nuestro entorno. Lo ideal es comprar lo necesario, buscando que lo adquirido deje la menor huella posible en el planeta.

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Su basura no desaparece por el hecho de que la deje de ver

Que el sonido del camión de la basura no lo engañe. El hecho de que se lleven sus desechos no quiere decir que ya no existan: cada producto que usted consume ocupará espacio y tendrá consecuencias en su entorno. Somos lo que botamos.

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¿Qué puede hacer para reducir el impacto del cambio climático?

Tenga en cuenta que muchos de los alimentos que están en los supermercados han sido tratados genéticamente. Para disminuir el consumo de estos productos, la mejor opción es hacer una huerta en su casa o en su barrio.

Los paquetes y envolturas son los elementos contaminantes que menos se tienen en cuenta a la hora de mirar los efectos de las grandes industrias. Si no le interesan las dietas, no hay problema: atásquese con papas fritas pero tenga en cuenta que estos productos tienen cubiertas de aluminio o de plástico que son de difícil tratamiento, tanto para reutilizar como reciclar.

Use transportes como bicicletas o tablas para movilizarse. Eso no le dará ninguna superioridad moral pero sí le ayudará a mejorar el estado físico y a contaminar menos; incluso, en muchos casos, a llegar más rápido a su destino sin el fastidioso tráfico.

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Si es de los que se enloquece cuando una moda cambia y tiene que reformar todo su clóset, tenga calma. Si tiene tijeras, botones y paciencia puede crear piezas únicas sin esperar a que haya rebajas en su tienda favorita made in China. Si la manualidad no es lo suyo, puede invertir en prendas responsables con el medio ambiente.

Todo, absolutamente todo lo que bota a la caneca puede reutilizarse: desde los residuos orgánicos como abono o tierra (compost) hasta la posibilidad de fabricar billeteras con cajas de cartón. Entre menos bolsas de basura saque a la semana, mayor provecho le dará a los materiales y a su dinero.

El agua es un recurso que no se debe desperdiciar. Procure enjabonar la loza primero y luego juagar todo de una vez y no demorarse más de cinco minutos en la ducha.

Quite la luz o desconecte los cables antes de salir de casa, especialmente cuando se va por varios días: los aparatos siguen consumiendo energía al estar conectados, así no estén en uso.

Si usted es testigo de algún delito ambiental, denuncie: la naturaleza es mucho más que el arbolito del frente de la casa o una selva lejana. El Ministerio de Ambiente y Desarrollo Sostenible habilitó un correo para este fin: Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo..

Agradecimientos a Germán Quimbayo, ecólogo de la Pontificia Universidad Javeriana y magister en Geografía de la Universidad de los Andes.

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