TEXTO Y FOTOGRAFÍA: Natalie López Valencia Sábado, 15 Agosto 2015

En La Tota, además de apreciar uno de los paisajes más bellos de Colombia, usted podrá acampar, cabalgar a lo largo del lugar, pescar y realizar deportes náuticos. Confiamos en que su visita a este lugar de aguas calmas sea tan apacible para su alma como saludable para el lago.

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sí fuera el más pequeño de Colombia, el Lago de Tota merecería igual importancia: ante su magnificencia, prescindir de conocerlo significa privarse de una experiencia única. Para llegar desde Bogotá se debe tomar la autopista norte, en el trayecto que conduce por igual a los departamentos de Boyacá y Santander hasta llegar a Tunja, desde donde se toma el camino que lleva hacia Paipa, Duitama y Sogamoso, en un tiempo total (de Bogotá a Sogamoso) de aproximadamente tres horas (210 Km). A veinte minutos de Sogamoso se encuentra el lago, y a veinte adicionales Aquitania, el municipio más cercano a La Tota. Si desea ir en transporte público, las compañías de transporte Los Libertadores, Expreso Paz del Río, Autoboy, Concorde y Rápido Duitama ofrecen buses hasta Sogamoso; allí, en la terminal de transportes usted debe abordar un bus intermunicipal Cootracero que lo conduce a Aquitania. El recorrido final demora una hora, aproximadamente. Por esta ruta, hay buses que salen frecuentemente (cada 15 minutos) aunque también es posible llegar al lago por la ruta Sogamozo.-Iza-Cuítiva-Tota, teniendo en cuenta que estos buses pasan con menor frecuencia (cada hora). 

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En lengua chibcha, la palabra tota significa labranza del río, y es el ombligo del mundo para los muiscas, aunque también, desde un código sagrado de la lengua, significaría observatorio astronómico El lago es un mar de agua dulce que se ha filtrado entre las montañas boyacenses y, con un perímetro aproximado de 47 kilómetros, se erige como el más grande de Colombia y el segundo navegable más alto de Suramérica (después del Titicaca). Está ubicado a 3.015 metros sobre el nivel del mar y representa el 44.5% del agua almacenada en lagos naturales del país, con casi dos mil millones de metros cúbicos que abastecen a más de 350.000 habitantes, sin contar las 145 clases de aves registradas que pueblan la región, doce de ellas endémicas y el 30% migratorias, y las especies de agua dulce, como la trucha arcoíris, el capitán y la guapucha.

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Una playa de arena blanca recibe a los turistas que, sin quitarse la ruana o la chaqueta, se pasean gustosos por la costa, aun recibiendo la brisa fría de los vientos provenientes de los páramos y las corrientes de viento que llegan del Orinoco al oriente, que provocan el constante oleaje del lago y lo hacen parecer una pequeña porción de océano abrazado por montañas. Los niños y algunos padres, son de los pocos valientes que se atreven a bañarse en este frío mar interior. Toda la cuenca del Lago de Tota es un páramo, con su punto más alto a 3.800 metros de altitud sobre el nivel del mar. 

Hace muchos años, estas aguas escondían otra razón para no zambullirse en sus misterios, y es que en Colombia tenemos nuestra propia versión del monstruo del Lago Ness: en Tota vive un supuesto animal acuático conocido como diabloballena, que habitaba el inframundo acuático de la cosmovisión de los indígenas. Se dice que un pez negro con cabeza de buey y más grande que una ballena, amenazaba a los exploradores y habitantes de la región e, incluso se reporta un avistamiento en 1652; para los nativos, el monstruo de agua dulce era el demonio; sin embargo, en 2012 se reportó el avistamiento de un demonio más peligroso y oscuro acechando el lago: el petróleo.

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Dice el mito que este lugar sagrado, en principio, era tan solo un hueco árido habitado por Busiriaco el dios de los infiernos, y una serpiente negra guardiana del lugar. Dicha esterilidad comenzó a propagarse a los poblados y la sequía comenzó a cobrar un sinnúmero de vidas; se dice, además, que cuando una nube consoladora se asomaba en el cielo, el demonio, desde su profunda morada, la disipaba con un soplo de polvo.

Ante la devastación, Monetá, sacerdote escogido por el profeta Bochica, convocó a un ritual en la ciudad sagrada de Suamox (Sogamoso) que significa morada del sol. Lograron vencer a Busiriaco y a la serpiente cuando, al finalizar una danza ritual, la bailarina principal arrojó al reptil un disco de oro que lo hirió mortalmente. Todos comieron de la víbora y guardaron abundancia de provisiones. Al día siguiente Monetá arrojó al hueco una piedra verde –la gran esmeralda- que Bochica le había otorgado al convertirse en sacerdote como símbolo de suprema majestad y pureza, y de ella brotaron las aguas verdeazules del lago, conocido también por ello como el lago esmeralda. Se dice que las islas de San Pedro o Isla Grande, Cerro Chico, Santo Domingo o del Hato y La Custodia, son pedazos petrificados de la serpiente muerta.

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Sin embargo, actualmente hay varios factores que amenazan con convertir de nuevo a La Tota en el hueco desierto que era. Y esto no es un mito. Hace 163 años, La Tota se salvó de una sequía artificial para ser convertida en terreno agrícola; pero en 2012 afrontó una nueva crisis ambiental por causa de varios factores. Uno de ellos fue el interés por parte de la multinacional Maurel & Prom en realizar una exploración sísmica para hallar petróleo o gas en su ecosistema. Ese mismo año, La Tota recibió un triste mérito: el Premio Globo Gris otorgado por la sociedad civil y avalado por la Red Mundial de Humedales, adscrita a la convención Ramsar, un llamado de atención ante la consideración de que el lago se encontraba bajo amenaza por su alto grado de contaminación.

Otros factores que afectan a La Tota son las malas prácticas del monocultivo de cebolla larga en las riberas, actividad que le arrebata terreno al generoso lago que, además, se ve afectado por el uso de pesticidas y excesos de fertilizantes como consecuencia de cultivos sin descanso ni rotación. Esta actividad produce 70% del total de cebolla larga que se distribuye a lo largo del país. La piscicultura de trucha en jaulones, la siderurgia que usa su agua para enfriar el acero, y las aguas negras de los alcantarillados o vertimientos de las poblaciones aledañas son otras de las causas que amenazan con quebrar este enorme espejo de agua. Lentamente, pero afectándolo sin tregua y exponiéndolo a cruzar un delicado umbral ecológico de no retorno.

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Según Felipe Velasco, director de la Fundación Montecito, la amenaza de exploración sísmica y petrolera en los linderos de la cuenca se logró evitar, aunque sigue siendo un signo de alerta para el lago. Él afirma que, dicha intención fue consecuencia del abandono estatal, de comunidades desinteresadas y desconocedoras de su situación, y de un país que vive de espaldas al agua y al valor superior de un territorio tan importante. Y así como fue el petróleo, pudo ser la minería, o un megadesarrollo de otra índole; por otro lado, actividades de escala artesanal pero diseminadas, como las quemas del páramo para la ganadería o el destrozo de los juncales para la agricultura, acechan constantemente la vida de La Tota. Pese a esto, en estos años de labor cívica en su defensa, se ha logrado reducir la curva crítica del declive, pero el riesgo continúa y queda aún muchos años de trabajo para revertir el daño.

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El turismo en la región representa tanto un problema como una esperanza: lo primero, por el mal comportamiento del turista promedio y el desinterés local en apreciar a los viajeros como una oportunidad económica que sustituya otras prácticas nocivas para el territorio; lo segundo, por el potencial que significa darle valor a las realidades ambientales, socioculturales, biológicas y científicas en pro de construir un turismo consciente y para beneficio colectivo. Los viajes a humedales encierran una gran oportunidad de sostenibilidad; no es el caso actual porque los réditos son para unos pocos y no aportan al bienestar de la cuenca.

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En La Tota, además de apreciar uno de los paisajes más bellos de Colombia, se puede acampar, cabalgar a lo largo del lugar, pescar y realizar deportes náuticos. Al norte del lago se sitúa un bosque húmedo y es posible visitar las islas en lancha (sin peligro del diabloballen… o eso parece). En sus cercanías existen servicios hoteleros y también se lleva a cabo el Campeonato pesquero de Trucha Arcoíris. Confiamos en que una visita a este lugar de aguas calmas sea tan apacible para su alma como saludable para el lago.

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