POR: Andrea Melo Tobón Miércoles, 09 Septiembre 2015


Para muchos, la torre Colpatria no es más que una edificación que representa un emporio bancario que no se diferencia de los otros en su codicia; sin embargo, a riesgo de sonar a publirreportaje, quisimos averiguar de dónde surgió el interés de esta empresa por hacer una apuesta artística. Leyeron bien: artística; y no, nos pagan por esto. 

Algunos transeúntes sienten que esta torre es un referente del centro de Bogotá; otros creen que es el hogar de paso para personas solitarias o sin un mejor plan en año nuevo y, para la mayoría, este es el edificio más alto del país. Esto último fue cierto durante treinta años: esta torre fue la más alta hasta el pasado 2 de junio, cuando la torre Bacatá sobrepasó sus 190 metros de altura. Pero más allá del narcisismo arquitectónico, hay una apuesta que a simple vista parece trivial y hasta impropia de un gigante bancario: la animación.

La idea de hacer que la torre tuviera luces en sus paredes surgió en 1998 cuando el ingeniero Robert Daniels logró que 36 luces de xenón iluminaran los 48 pisos del edificio, que convirtieron a la construcción blanca en un faro de Bogotá o, al menos, de sus avenidas centrales: la calle 26 y la carrera séptima, que atraviesan la ciudad de sur a norte y de oriente a occidente. En 2012 se decidió cambiar el sistema, ya que las luces halógenas se dañaban con frecuencia y eran perjudiciales para el medio ambiente, así que implementaron tecnología LED, que consume mucha menos energía, le proporciona mayor definición a las secuencias y da más posibilidades artísticas. El consumo de luz es pagado por Colpatria como parte de su programa de responsabilidad social. 

Y aunque el exceso de vallas y letreros fluorescentes son ya un mal patrimonial de Bogotá, las proyecciones de este edificio están avaladas por la Secretaría del Medio Ambiente (Resolución 931 de 2008) siempre y cuando respeten un acuerdo de normatividad para no proyectar publicidad, marcas, campañas, logos y fotos de niños o de personas sin su previa autorización. Además, tienen que seguir una reglamentación de horario para las luces: la bandera de Colombia se proyecta todos los días de cinco a seis de la mañana; entre las seis de la tarde y las diez de la noche se proyecta la imagen programada para ese día al 100% de la capacidad lumínica, después se baja la luminosidad al 40% para no molestar a los vecinos.

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Según Gonzalo Parral, vicepresidente de Mercadeo de Colpatria, las primeras animaciones se hicieron en 2011 con la idea de “generar espacios de comunicación e inclusión a partir de momentos significativos del país”. Así, se les dio forma a temas representativos y fechas especiales, no sólo para Bogotá y Colombia sino para el mundo. La programación de las animaciones se basa en conmemoraciones especiales de embajadas o celebraciones nacionales de varios países, programaciones de la ONU, Unicef, Unesco e iniciativas gubernamentales y sin ánimo de lucro que son aprobadas por Colpatria y enviadas a un equipo de diseñadores.

Al tener la programación de los temas a trabajar durante el año, el proceso creativo del equipo de animación consiste en una investigación, realización de bocetos e intentos de prueba y error para llegar a la idea más básica, casi como un proceso de abstracción porque el sistema LED no brinda una definición tan alta y ellos tienen que ceñirse a unos parámetros: imágenes sin muchos detalles y utilizar siempre un outline (una línea por fuera de trazo negro). “El ejemplo más claro fue Chespirito: ¿como representar un personaje en un símbolo conocido por todos? En un corazón amarillo”, dice Luis Carlos González, animador que trabajó en el equipo creativo de la torre. Cada animación toma entre tres o cuatro semanas para desarrollarse y se utilizan programas como After Effects, Toon Boom, Maya y Anime Studio.

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Para el jefe creativo de animación de la torre, Donar Cortés, la que más le ha gustado es el homenaje que se le rindió a la cultura mexicana en el cuarto festival Visiones de México: “se destacaron el arte, la gastronomía, los valores más representativos y en general las costumbres de este maravilloso país”. Por otra parte, Luis Carlos afirma que las animaciones que más recuerda son el homenaje a Chespirito y una del “Ras tas tas” celebrando un triunfo de la Selección Colombia. “Yo soy como cualquier persona que anda en la calle y es increíble poder crear una pieza que logre comunicar tanto, es como un sueño; además, la responsabilidad es grande porque uno cree que proyectar animaciones es como una apuesta chévere y ya, pero el impacto mediático y social es alto”, confiesa el creativo.

Aunque a muchas personas les gusta contemplar la torre mientras salen del centro de la ciudad a sus casas o se distraen del sopor del trancón capitalino, no a todo el mundo le simpatiza tener un faro multicolor frente a sus hogares. Alejandro Ardila, vecino de la torre, dice que hay días en que la luz es molesta, “las animaciones son muy planas –como de 8 bit–, me parece que a veces subestiman a la gente y que con la tecnología que tienen deberían aprovechar para desarrollar animaciones con más calidad”, afirma.

Frente a esta posición, que refleja algunas de las opiniones encontradas sobre las proyecciones de la torre, Luis Fernando explica que la agencia que crea las animaciones tiene otros proyectos y muchas veces utiliza una fórmula conocida –lo más cercano al 8 bit y al 2D– pero cuando hay más tiempo de desarrollar la animación, se logran imágenes en 3D: “eso no quita que sea una propuesta única en el mundo”, afirma el animador.

Aunque cualquier ejercicio creativo está sujeto a percepciones particulares de gusto, la torre Colpatria puede dar a pie no solo a que algún día las piezas desarrollen historias artísticas de mayor factura sino que más empresas encuentren en el arte una manera de crear espacios comunes en la ciudad. “Si se ilumina mejor a las ciudades, la gente estará más contenta, el mundo será un lugar más seguro. El hecho de infundir felicidad en la gente quizá bajará la necesidad de estar realizando actividades negativas”, Robert Daniels.

 

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Animación Arte