POR: Natalie López Valencia FOTOGRAFÍA: Jorge Rondón Sábado, 23 Mayo 2015

Los raelianos han llamado la atención de muchos medios durante décadas. Esta es la historia de uno de sus más fieles devotos, transmitiendo desde Antioquia para el Universo.

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an Vicente, Antioquia, parece un pueblo normal, se ve como un pueblo normal. Básicamente es una pequeña colina que aloja entre sus faldas a sus habitantes, la mayoría profundamente religiosos; una iglesia corona la cima y celosa vigila que más allá del pueblo los campesinos no se dejen llevar por alguna versión colombiana del dios de la fertilidad.

Muchos de ellos, descalzos, frecuentan el pueblo los domingos para ir a misa, para vender la papa o el fríjol en la plaza. Y para emborracharse. Todo parece marchar dentro de lo habitual. Sin embargo, la vereda Las Hojas envuelve un misterio que corre a rumores por los caminos hasta llegar al pueblo en forma de chisme: que allí hay un ovnipuerto, que la gente va a empelotarse, que sus únicas ropas son cintas de diferente color que usan dependiendo del tipo de sexo que quieran tener, y que están esperando a que lleguen los ovnis para llevárselos a otro planeta donde no tengan que cubrirse sus genitales con hojas como Adanes y Evas. 

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También se rumoró que el alcalde del pueblo tuvo que ponerles un tatequieto a los raelianos, dueños del ovnipuerto, porque estaban convirtiendo a su religión a todos los campesinos, que estaban empezando a andar felices por el Edén de San Vicente como Dios los trajo al mundo.

De pronto, ante la cámara, todo son risas y evasiones, se callan los rumores y nadie quiere hablar al respecto ni verse involucrado o que piensen que sabe demasiado de lo que allí ocurre. Una amiga me consiguió una entrevista con un raeliano que me va a llevar a conocer el ovnipuerto pero me toca ir sola: allá ella no va, quién sabe lo que empiece a decir la gente.

Don Teodulio parece un señor normal, con cara bonachona y rosada de quien vive entre las montañas, no tiene pinta de hippie pero la ropa le estorba harto: hace siete años que se retiró de la religión católica y entró al movimiento internacional raeliano.

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Desde pequeño, Don Teodulio se empelotaba para trabajar entre los cultivos; su madre, al descubrir semejante comportamiento, no dudó en enviarlo a donde el cura para que confesara su pecado, castigo que no valió de mucho: incluso casado bajo la bendición de un cura, practicó el nudismo con su esposa durante años, con la que una vez fue a la cárcel durante 72 horas por tener sexo en lugares públicos.

Ahora vive solo, pasa la mayor parte del día desnudo y a veces se le olvida que lo está cuando tocan la puerta; va cada fin de semana a Las Hojas y tiene una amiga sin compromisos porque, según él, el amor genera violencia.

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Curiosamente fueron los comentarios despectivos de la gente el medio a través del cual Don Teodulio conoció a los raelianos. Aunque por miedo al qué dirán no se atrevía a ingresar al movimiento, merodeaba a las afueras del lugar hasta que con un amigo cobró la valentía necesaria para tomar la decisión. Hoy, a sus 70 años, hace parte de esta peculiar religión y practica el nudismo sin vergüenza de su cuerpo, afirma haber cambiado en quinientos por ciento su actitud frente a la vida y dice que ahora se ha encontrado consigo mismo, porque “estaba perdido”.

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No sé si Teodulio sea raeliano porque cree en los extraterrestres. Tal vez solo encontró refugio en una comunidad que se empelotaba libremente igual que él. En su biblia raeliana, llamada El mensaje de los extraterrestres, dice “los terrícolas eternos o los Elohim que viven aquí pueden disfrutar como lo deseen, sin tener otra cosa que hacer que lo que les agrada, investigaciones científicas, meditación, música, pintura, etc., ¡nada si así lo desean!”. Luego está un libro entero de meditación “sensual” para llegar al cielo sin naves espaciales, después se encuentra la esperanza de la vida eterna a través de la clonación. Yo diría que es difícil no caer en la tentación de una religión atea que promete tanta felicidad y ningún castigo.

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Oscar, el creador del ovnipuerto en San Vicente, tiene dos esposas y tres perros. Uno de ellos se llama Satanás porque dice que acá, es decir la Tierra, confunden el nombre Satanás con el diablo y eso es mentira: se trata de un extraterrestre exactamente igual a nosotros y tiene en la junta directiva un cargo que se llama el opositor, el fiscal, y Yahvé es el gobernante. Y Satanás y Yahvé charlan.

El ovnipuerto que hay en San Vicente es una réplica de una embajada que piden los Elohim en la Tierra, preferiblemente en Israel, para ellos venir en citas oficiales a dialogar con los seres humanos y a seleccionar a la humanidad como lo dice en el Apocalipsis. Oscar llegó al movimiento raeliano después de buscar en el gnosticismo, en el taoísmo y, por último, en el movimiento Creciendo en gracia. Dice que tuvo un sueño en el que se le indicaba viajar a Cartagena, donde iba a conocer a un líder espiritual; a los quince días recibió un volante de los raelianos, hecho que interpretó como la realización de su profético sueño.

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Le pregunté si tenía contacto con los extraterrestres y me dijo que no, pero que tenía contacto directo con el mensajero de los Elohim, que es un hijo de un extraterrestre llamado Yahvé con una mujer de la Tierra y es el que viene a darnos el mensaje para ayudar a la humanidad a vivir mejor, en amor, a dejar la violencia y a ser felices. “Con extraterrestres no tenemos encuentros sino que hacemos meditaciones y, basados en ellas, simulamos tener un contacto directo con ellos para algún día llevarlo a una realidad”.

Oscar se comprometió con el movimiento hace once años: iban a Canadá a un encuentro internacional y les negaron las visas a los colombianos. Por eso él decidió fundar un lugar para los raelianos en su propia casa, en la finca en la que ha vivido toda la vida. Oscar porta en su cuello un símbolo, el del infinito, compuesto por dos triángulos entrelazados, la cruz gamada en el centro quiere decir bienestar y el círculo es el universo, que no tiene ni principio ni fin.

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Para ellos, la práctica del nudismo es algo muy natural. “Hay libertad de que las personas practiquen su nudismo natural, no es un nudismo donde hay pornografía; acá solamente se viene a disfrutar mediante una meditación al desnudo en la que podemos recibir el sol, el aire y sentir la naturaleza en nuestro cuerpo totalmente desnudos. No es obligación desnudarse; no tiene nada que ver con el morbo, hay una libertad total, bajo la responsabilidad”. Ellos aceptan toda forma de práctica sexual: “solo nos importa el ser humano, que sea feliz y que disfrute el amor”.

Yo, por lo pronto, me limito a mirar a través de la cámara a estos seres de otro planeta. No quiero que los extraterrestres abduzcan mi cerebro y me implanten una pastilla de felicidad. Me da un poco de miedo una religión que nació justo en los setenta y, en general, me asusta todo tipo de religión. Pero si usted siente que le estorba la ropa, ya tiene otro motivo para visitar Las Hojas, en Antioquia.