TEXTO Y FOTOGRAFÍA: Natalia-Guerrero Viernes, 06 Mayo 2016


Mucho se habla de “crisis humanitarias”. Con la rapidez de las noticias, el término se ha vuelto parte del paisaje y poca atención se le presta. Esta periodista colombiana se fue hasta el epicentro de una verdadera crisis y trabajó durante veinte días como voluntaria. Esta es su crónica.

1-Cementerio

E

sta foto muestra sólo una pequeña parte de lo que en la isla griega de Lesbos se conoce como el cementerio de chalecos salvavidas.

Queda cerca de la costa norte y, además de los flotadores infinitos, alberga esqueletos de pequeñas embarcaciones y retazos de los botes inflables usados por cientos de miles de personas para cruzar la franja del mar Mediterráneo que separa a Grecia de Turquía.

Son refugiados. O migrantes, para algunos medios de comunicación y especialistas. La mayoría han huido de guerras y conflictos en países de Medio Oriente o del norte de África y buscan desesperadamente conseguir asilo en territorio europeo, cruzando como pueden el mar Egeo, este trozo del Mediterráneo.

Cada uno de esos chalecos cuenta una historia. La de una persona, una mamá, un bebé, un anciano. De familias mutiladas por las guerras. De mujeres víctimas de abusos. De adolescentes huyendo del reclutamiento forzado de grupos islamistas radicales como Estado Islámico, Al Qaeda o Al Nusra.

De los miles que han muerto ahogados en el intento.

Según la Organización de las Naciones Unidas (ONU), 49% de los más de un millón de refugiados que han llegado a Grecia desde 2015 proviene de Siria, donde la guerra interna de más de cinco años ha matado casi medio millón de personas y ha desplazado a más de once millones, la mitad de la población que el país tenía en 2011.

Al igual que los sirios, refugiados de Afganistán (26%), Irak (16%), Irán (4%), Pakistán (3%), Líbano, Egipto, Yemen, Marruecos, Túnez y Palestina, entre otros, intentan cruzar cada día esta porción de mar, que en un bote de caucho con sobrecupo se convierte en un viaje muy peligroso. Y también largo, porque aunque debería durar entre una y dos horas –dependiendo del punto de salida y de la isla de llegada–, alguna de la gente que conocí dijo haber pasado hasta diez horas flotando a la deriva, con fuerte oleaje y muchas veces en la mitad de la noche. Algunas otras, con nieve o lluvia helada cayéndoles encima como una “gran maldición del cielo”.

Por mi trabajo como periodista, durante meses vi pasar frente a mis ojos este tema. Pero allí también llegué yo en febrero de 2016 como voluntaria, en un intento por ayudar a aliviar una crisis humanitaria que sigo sin entender, no sólo por lo absurda que me parece cualquier guerra, sino porque tengo la certeza de que con decisiones políticas distintas de la Unión Europea nadie tendría que ahogarse, ni llegar revictimizado y sin dignidad a estas islas.

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- Estas fotos relatan parte mi experiencia -

2-Barco

Los refugiados les pagan a los traficantes en Turquía cerca de mil dólares por adulto y seiscientos por niño para que los lleven a cualquiera de las islas griegas de Lesbos, Chios, Leros, Samos, Kos, Kalymos y Agathonisi. Aunque la mayoría llegan en botes inflables, también hay lanchas y barcos como el que aparece en esta foto, que llegó una noche con más de trescientas personas a bordo.

3-nino-BDFM

La mayoría de mi voluntariado ocurrió en Better Days For Moria, un campo de acogida transitorio para refugiados situado a pocos kilómetros de Mitilene, la capital de Lesbos.

El campo surgió en 2015 como una de las tantas iniciativas de individuos de otros países de Europa que llegaron a ayudar a mejorar la situación humanitaria en la isla, en particular alrededor del Centro Oficial de Registro de Moria, que quedaba justo cruzando una calle y adonde los refugiados llegaban masivamente y por obligación a registrarse.

4-Registro-Moria

Por razones de nuevas políticas sobre los refugiados, hoy ese centro oficial es un lugar cerrado, del que los migrantes ya no pueden salir, así que la razón de ser de BDFM dejó de existir. El campo donde estuve como voluntaria ya no existe.

5--BDFT-general

Better Days for Moria podía atender a ochocientas personas en un solo día. Estaba compuesto por treinta y cinco carpas blancas, que incluían una gran tienda familiar donde se ofrecía comida gratis; una carpa de té para refugiados y voluntarios, en la que podíamos comer mandarinas y galletas gratis; un hospital y un galpón de distribución de ropa. Todo disponible las 24 horas.

5.1-Isabel-Brezing-Ropa

La mayor parte del tiempo trabajé en la carpa de distribución de ropa, haciendo uno de los tres turnos de nueve a diez horas cada día. No había ni domingos ni descanso, todos los días eran iguales, aunque cada uno –cada hora, cada historia– era diferente.

La primera semana del viaje estuve con Isabel Brezing (en la foto), una vieja amiga colombiana que es profesora de alemán en un centro de acogida de refugiados en Zúrich, Suiza, y que ahora mismo –mientras yo escribo este artículo– está trabajando como voluntaria en un campo de setecientos refugiados lleno de carencias en Ritsona, al norte de Atenas, en compañía de su hija de doce años.

Al igual que la mayoría de los voluntarios que conocimos en Lesbos, nosotras financiamos nuestro viaje y estadía. Cuando estábamos en BDFM comíamos la deliciosa comida que preparaban con amor infinito para el batallón de voluntarios que trabajábamos allí. Y entre las dos, alquilamos un carro que nos permitía movilizarnos por todo Lesbos, lo que incluía muchas veces salir corriendo a comprar infinitos pares de zapatos, desodorantes, pantuflas calientes para los enfermos en el hospital y otras provisiones.

6-Vestuario

Estadísticas de la ONU indican que 60% de refugiados que han llegado a Grecia durante la crisis actual son mujeres y niños, algo evidente para mí en la carpa de distribución de ropa en la que terminé trabajando cada día. Todo era importante y debía ser entregado rápido porque la gente llegaba cansada, angustiada, y las filas eran largas. Quienes no hablábamos árabe, farsi, urdo o kurdo nos comunicábamos por medio de señas, lo cual al principio parece difícil pero rápidamente se vuelve natural.

En la carpa de ropa trabajábamos alrededor de diez personas, de las más o menos cincuenta o sesenta que trabajaban en BDFM. La cifra variaba de un día para otro porque todo era temporal. Uno mismo era temporal, los voluntarios cambiaban tanto como los refugiados.

7-mama-bebe

La mayoría de los refugiados llegan emparamados y embarrados. La primera familia que atendí era siria. Estaba compuesta por tres mujeres viudas y siete niños. El bebé más pequeño tenía cinco meses. La mamá me lo entregó al llegar a la carpa. Estaba dormido entre un mameluco rojo húmedo y, aunque lucía sereno, estaba helado y pálido. Era difícil saber si se encontraba bien o no. Otra voluntaria corrió a buscar al médico, que llegó casi al instante. El bebé tenía hipotermia pero el doctor dijo que se recuperaría. Lo calentamos con papel térmico y ropa seca y al rato empezó a hablar y a reírse. Sentí un gran alivio. Y también empatía con toda la situación, la misma tristeza que mostraban los ojos de la mamá. Desolación e impotencia por lo que vive esta gente.

8-zapatos

Desde el primer instante noté el impresionante valor de las donaciones, de lo que en invierno significan un par de medias o de zapatos. Sobre todo para quienes pretendían llegar a pie hasta Alemania atravesando la llamada “ruta de los Balcanes”, que hasta marzo significaba andar 1.500 kilómetros y atravesar al menos cinco países. Hoy, por cuenta del acuerdo sobre refugiados firmado por Turquía y la Unión Europea en marzo, y que entró en vigor en abril, esa ruta está cerrada y los refugiados que han llegado a Grecia se encuentran atascados en Idomeni, en la frontera con Macedonia, o han sido distribuidos en centros cerrados a lo largo de Grecia.

El acuerdo –muy criticado por las organizaciones humanitarias– busca evitar que los refugiados lleguen masivamente a los países del norte de Europa. Bajo sus condiciones, Turquía recibe 3.000 millones de euros de la UE a cambio de acoger a quienes hayan llegado de manera ilegal a Grecia –es decir, todos los que cruzaron el Egeo de la mano de los traficantes, porque les está prohibido tomar el ferri–, ubicarlos en campos de refugiados en su territorio y, a cambio, enviar a Europa a otros refugiados, sólo sirios, que busquen asilo y les sea aprobado.

9-Dirty-girls

Toda la ropa que dejaban los refugiados a su llegada a las costas, donde los esperaban voluntarios, o en las decenas de campos de acogida a lo largo de Lesbos, se ponía en enormes bolsas de basura que luego recogían las “Dirty Girls”, tal vez uno de los proyectos más interesantes que conocí. Fue iniciativa de una australiana al final del verano de 2015, cuando vio que la ropa mojada con que venían los refugiados quedaba desparramada por la isla. Su labor es probablemente de las más importantes dentro de la cadena de servicios humanitarios, porque gracias a ella la isla se mantiene limpia y los refugiados cuentan con ropa en buen estado.

Ser voluntario para las Dirty Girls implica cosas como pasear por la playa para encontrar los pares de medias entre la ropa sucia antes de lavarlos.

10-Frostbite

Uno de los casos más tristes que vi en Moria fue el de este niño afgano y su hermano, que habían sufrido congelamiento en sus manos y pies a causa del mar helado durante el viaje. Los tejidos se queman por completo y no hay ninguna garantía de que se recuperen, como me explicó el médico del hospital.

11-Payasos

Por Better Days For Moria pasa mucha gente, entre ellos los Payasos Sin Fronteras. Durante los veinte días que estuve en el campo los vi tres veces. Llegaban sin avisar y empezaban a hacer sus actos. Los niños se ponían muy contentos.

12-peluquero

Este peluquero holandés viajó por todo Lesbos cortándole el pelo gratis a quien lo necesitara.

13-Ferry

Durante varios meses, los refugiados llegaban a Lesbos por pocos días e incluso pocas horas. Sólo buscaban registrarse para poder tomar uno de los ferris a Atenas, desde donde esperaban seguir la hoy cerrada ruta de los Balcanes.

14-carros

El trabajo de los voluntarios en Lesbos es muy variado. Las posibilidades incluyen hacer turnos diurnos y nocturnos para vigilar en varios puntos estratégicos de la isla la llegada de balsas cargadas de gente. En esta foto se puede ver con claridad la costa turca, desde la que han llegado a Grecia al menos 154.000 refugiados en lo que va de 2016 y 850.000 durante 2015. Es la crisis de refugiados más grande desde la Segunda Guerra Mundial.

15-chalecos

Otra de las arduas tareas de los voluntarios es limpiar las playas. Muchas veces eso significa recoger los chalecos, botes, ropa y basura que dejan los refugiados a su llegada, para que los equipos de aseo de la isla los lleven posteriormente a los basureros o cementerios de chalecos, donde terminaban la mayoría. Sin embargo, muchos de los campos para refugiados reutilizaban algunos de los chalecos. Nosotros a veces los usábamos como cojines de bancas improvisadas, o bajo las carpas para aislar el frío de la tierra. Supe de voluntarios que trabajaban con los refugiados para volverlos morrales o colchones. Al final, en un lugar de estos, uno se vuelve muy creativo con lo que tiene a mano, todo termina sirviendo para algo.

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El hashtag #SafePassage o “paso seguro” hace parte de una de las campañas emprendidas por las organizaciones humanitarias, voluntarios y activistas para exigirle a Europa alternativas que eviten que la gente cruce el Mediterráneo de manera irregular, arriesgando su vida. En 2015 murieron 3.771 personas ahogadas. En lo que va de 2016 han muerto al menos 1.261.

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Esta foto la tomé en el centro oficial de registro de Moria. En el grafiti se puede leer “libertad de movimiento”, algo que cada vez es más difícil de lograr para los refugiados en Grecia. En aquellos días, hace pocas semanas, la gente podía salir de aquí. Pero hoy la gente está encerrada tras estas rejas, con un futuro absolutamente incierto, susceptible a ser deportada, algo que critican con contundencia las organizaciones humanitarias y de derechos humanos.