POR: Iván Hurtado FOTOGRAFÍA: Erick Espejo Miércoles, 22 Junio 2016

Los Compadres Recerdos se embarcaron en la misión de hacer música ofensiva. Inspirados por programas como South Park y basados en su propia experiencia en otros proyectos musicales, construyeron una mezcla (¿absurda, humorística?) de perreo y pogo.


separadorAdvertencia: esta historia contiene muchas groserías.
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¿Qué es esta mierda del reggaetón-core? 

“Jueputa, no, Dios mío… Yo no quiero ser reggaetonero. Ayúdame, por favor, virgencita de Chiquinquirá. ¡Auxilio!”. La suplicante voz aparece en medio de la única canción para la que Los Compadres Recerdos han hecho un video hasta el momento (y se trata de un lyric video). En YouTube se encuentra, y va así: un pum, pum, pum de batería, repetitivo, y unos acordes de guitarra. Sonido de lluvia. En la pantalla, en letras rojas, “El demonio”. Así durante treinta segundos, hasta que dos palabras más completan el título de la canción, “del sabor”, y aparece la silueta del diablo del póster de El día de la bestia, proyectando su sombra en forma de anticristo y con su correspondiente sombrero vueltiao. Y dice el coro:

El demonio del sabor
te pondrá a hacer choke en el pogo
el demonio del sabor
tus mechas largas las volverá crespas
el demonio del sabor
tus punteras convertirá en chancletas
el demonio del sabor
tu chamarra convertirá en guayabera

La canción, que parte del intro y los riffs de guitarra de “Raining blood”, el clásico de Slayer, tiene voces guturales y un ritmo más propio del Caribe que del metal. Pero ¿qué tipo de música es, exactamente? Si uno va a la página de Facebook del grupo, en la descripción correspondiente a género dice, en mayúsculas sostenidas: QUE ES ESA MIERDA REGGAETON-CORE [sic].

Cuando hablo con Betamax y Kipitos, en cambio, me dicen que a ellos les gusta describir su música sencillamente como reggaetón. Es Chamburcy, el tercero de los integrantes de Los Compadres Recerdos y el único músico de formación –según ellos– el que prefiere hablar de reggaetón-core. No me explican por qué, pero no hace falta: en muchas de sus canciones hay elementos del hardcore, y la genealogía de la banda también proviene de ese género o tiene mucho que ver con él.

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Estando en el colegio, Betamax y Kipitos formaron junto a otro amigo, Diego León, el Grupo Popó, que, según Betamax, siempre fue “un proyecto medio imaginario”. Luego, en la universidad, conocieron a Darío Bernal –que tocaba en Defenza con René Segura (Odio A Botero)– y a David González, con quienes formaron Guascarrileitor. Después vino Agrikultor, sin David pero aún con Darío y otro amigo, Sergio Cañón. En Agrikultor, además de meter hardcore y punk, empezaron a hablar de metaleros (por ejemplo, en “Metalero en San Andrés” o “Metaleros armados”), y fue en un ensayo de ese grupo que nacieron Los Compadres Recerdos.

Un día, Sergio no estaba en el ensayo “y Darío empezó a tocar la batería, hizo un beat de reggaetón, y nosotros empezamos a cantar unas frasecitas que teníamos desde el colegio”, cuenta Betamax. “Nuestra primera canción era “Fistfucking”, entonces empezamos y como que el man dijo, ‘oiga, bacano hacer reggaetón’, y dijimos, ‘uy, sería una putería, además sería muy ofensivo’, porque como que todo el rock ya está muy estandarizado: en estos momentos lo más contestatario, lo más ofensivo que podríamos hacer, sería reggaetón. Y así fue que empezamos”.

Darío, por supuesto, pasaría a llamarse Chamburcy. Kipitos es el nombre adoptado por Camilo La Rotta, y Betamax, el pseudónimo de Ricardo Suárez. Los nombres vienen de un corto que Ricardo hizo mientras estudiaba cine en la universidad, y al principio, antes de que dieran la cara, los apodos se los atribuían a personajes tomados de South Park.

separadorSuperputa, nadie te gana

Un payaso camina por la Avenida Jiménez. Lleva, además de sus ropas remendadas, una maleta, un megáfono y un manojo de volantes. Grita: “Putiadero Gore 2012. Invitan… Compadres… eh… Recerdos. Próximo 14 de noviembre, venga a participar de la grandiosa fiesta”. La invitación es parte de la campaña de lanzamiento del primer disco de la banda.

Esto fue en 2009, después de que el grupo se diera a conocer en internet cuando corrían los tiempos de MySpace. Ricardo lo recuerda así: “Tan pronto hicimos “Fistfucking” la montamos en MySpace y fue un éxito en el ámbito underground, como de los más frikis y los más ñoños, que escuchaban cosas extrañas”.

El periodista Jaime Andrés Monsalve clasifica como uno de esos personajes más frikis o, para ser exactos, más ñoños. Fue él quien, hace muchos años, me dio las primeras noticias que tuve del grupo. El hoy jefe musical de la Radio Nacional de Colombia es autor de tres libros de tango y tiene un gusto refinado que va desde Brad Mehldau y Camarón de la Isla hasta Los Compadres Recerdos. Sentí que debía preguntarle por la banda, como amigo y como funcionario.

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Como fan, contestó: “Compré Superputa de manos de ellos, en su Tiendita Recerda instalada en SOFA 2015. Ahí comprobé lo que ya sospechaba: que detrás de tanto desafuero, tropelía, incontinencia verbal e ilimitada creatividad para las lindezas, existe una empresa refinada y cuidadosamente elaborada, con merchandising y elementos que complementan la, ejem, experiencia auditiva. Hermosas tarjetas estilo Timoteo con frases tan edificantes como Tengo que decirte algo… tengo sida. Calendarios, camisetas, juegos de cartas, afiches… en fin. Un verdadero emprendimiento para un producto, hay que decirlo, de gusto discutible. Por eso es que es tan chévere”.

Por ejemplo, su primer disco venía acompañado por un calendario del fin del mundo ilustrado por doce artistas, uno para cada mes, y la portada con un monstruo verde de seis brazos de cuya vagina sale una viscosa cascada rosada con seres amputados estuvo a cargo del artista Javier Fábregas. Putiadero Gore era, más que un simple disco, un objeto de colección. Ricardo y Camilo se definen a sí mismos como acumuladores, como coleccionistas (entre sus objetos más preciados se encuentran un mico de coco, un Condorito inflable y un cuadro ochentero de una sopa de menudencias), y entendieron que si iban a grabar un álbum debían hacer algo que llamara la atención. “Teníamos que sacar algo que estuviera de acuerdo con la banda, algo diferente, porque hoy por hoy sacar un disco es completamente inútil, no tiene ningún sentido, a no ser que aparezcan como piezas de culto –dice Ricardo–. Había que sacar algo raro, algo especial: no podía ser un disco normal”.

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En la Tiendita Recerda vendieron las últimas copias que quedaban de ese primer disco. Para aprovechar el espacio ferial, Los Compadres adelantaron su segundo disco, Superputa, que es también un juego de cartas de putas. Se habían demorado en grabarlo porque Darío y Camilo estaban más concentrados en su otra banda, Chite, pero de pronto Camilo y Ricardo se independizaron y así todos encontraron el tiempo para trabajar sobre las pistas que tenía Darío, quien dirige su propio estudio de sonido, Audiodatos. El segundo disco presentaba, además, un reto adicional: no podían sacar un álbum normal luego de haber hecho un calendario. Otra vez, tenían que ofrecer algo más.

Superputa viene, como los nombres de los integrantes de la banda, de otro trabajo universitario de Ricardo. En una clase le pidieron tres ideas de negocio, y él se acuerda de dos: una camiseta doble faz para los clásicos de fútbol (por ejemplo, en un lado Millonarios y en el otro, Santa Fe), y un Super Triumph –el juego de cartas ochentero– de burros. “De acuerdo con ese, yo tenía la idea de hacer un Super Triumph de putas”, dice. Y, claro, así nació Superputa, un “Disco & juego de cartas para adultos sofisticados y traviesos”.

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La lógica es la misma del Super Triumph, apostando a la mayor o a la menor carta, pero con putas con nombres como Álvara, “Paraca-Chupa-Vergas”; Brigitte, “La Biodiversa”, y Karla, “La Piba”, y con poderes como confundir a la sociedad, tarifas como “La cabeza de Iván Márquez” o una “Operación de vaginoplastia” y clientes máximos por hora de unos “11 Caremondás”. Camilo, que estudió diseño industrial en la Nacional, se encargó del diseño del juego con su novia, Chimilla, con quien trabaja en proyectos independientes desde hace un año, luego de dejar su cargo de jefe del área de diseño en una empresa. Ricardo, quien hace poco montó su propia agencia de prostitutas prepago, dice: “Yo siempre he tenido unas ideas muy ridículas con las que me he encaprichado, y lo que me gusta de Compadres es que he tenido la oportunidad de sacarlas a flote de alguna u otra forma”.

Camilo dice por su parte que lo que le gusta de la banda es que “tenemos unos talentos, y que se comparten unos roles definidos, entonces yo siempre defino a Ricardo como la imaginación delirante, desbordante, psicodélica y extraña. Darío es el músico genial: el man coge un bajo y toca increíble, coge una pista en el computador y la hace loquísima. Yo estoy obsesionado con la estética. Me gusta que las cosas sean bellas. Y en cuanto a la música, yo siempre estoy pendiente de que rime, que cuadre”.

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En total, dicen que durante el SOFA vendieron unas ochenta de las trescientas copias que sacaron del juego, que tiene un costo de cuarenta mil pesos. “Lo que pasa es que este es un hobby muy costoso”, dice Ricardo, y Camilo concuerda: por ahora, están tratando de recuperar los gastos y no llegan a pensar en ganancias. Sin embargo, su idea es tener una tienda virtual para vender sus productos, tanto sus discos como, en palabras de Ricardo, su “línea de expresión social, como las credenciales de amor pero cerdas”.

Darío no asiste a nuestro encuentro porque está en Memphis, Estados Unidos, tocando en un festival de blues con la banda Vulgarxito.

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separadorAbriendo dimensiones con nuestras bellas canciones

Durante la pasada Copa América, que se jugó en Chile, Los Compadres Recerdos lanzaron su respuesta al “Ras Tas Tas”. Su incursión en la salsa choke, subida a YouTube el día que Argentina eliminó a Colombia en los cuartos de final, se titula “Reflexión gracias a mi selección”, y dice al ritmo del baile que a Armero le gusta practicar al lado de la cancha cada vez que su equipo hace un gol:

Esta canción no dice un culo
el “Ras Tas Tas” es una gonorrea
Falcao no juega un culo
James es un malparido
Cuadrado es un chupaverga
Mondragón es un viejo hijueputa
¡¿Qué?!
Es un viejo hijueputa
¡¿Qué?!

Pues que es un viejo hijueputa: las letras de las canciones de Los Compadres Recerdos van de la mano con su idea de hacer lo más ofensivo que pueden hacer. Por eso, cuando no están lanzando madrazos, hablan de sexo en sus formas más sórdidas. O mezclan las dos, como en “Salsa prohibida”, su homenaje a Eddie Santiago: el título de la canción tiene, por supuesto, un doble sentido (“No puedo contenerme más, quiero tu salsa prohibida… No puedo contenerme más, mi agujero negro te reclama”), y en medio de su versión de pornosalsa invocan a uno de los artistas más importantes de la música tropical colombiana: “Joe Arroyo, papá, revuélcate en la tumba, mijo”.

Uno pensaría que, entre tanta puta, entre tanto sexo con fetos y demonios, entre tanto insultar a los ídolos de unos y otros y buscar ofender a metaleros, hardcoreros y demás, Los Compadres Recerdos han logrado su propósito de ofender. Dicen que sí: que en la Galería 10-36 de Medellín, durante un toque, según Camilo, “la gente se empezaba a ir, como que no pillaban el sarcasmo de la vuelta ni la ironía que queríamos botar ahí. Y una chica ya se puso toda brava: ‘estos manes, ¿qué?, ¡machistas!’, y ‘machistas no, nosotros estamos haciendo un chiste del reggaetón’”. Que otra vez, después de un concierto en Soacha, “llamaron a Chamburcy, a Darío, y le dijeron: ‘por acá no vuelvan, malparidos, o si no los matamos’. Pero no sabemos si fue en serio, si alguien se ofendió, y veníamos de un ambiente hardcorero”. Que “En Socorro también nos llegó la policía. Fue más que una vieja salió, se fue y trajo a la policía”, dice Ricardo, y complementa Camilo: “Ella pensó que estábamos incurriendo en un delito”. Que una vez, durante el Festicumex –un evento internacional de cumbia experimental–, en 2008, el organizador, el también músico Dick El Demasiado, les apagó el amplificador. La versión de Dick es, en pocas palabras, que la banda no jugó según la idea del festival de participar “en un cierto complot para hacer una variante de cumbias” y que igual se pasaron del tiempo que tenían asignado en la programación. “No dije: paren que tengo miedo de esto”. Ellos insisten en que esto es “totalmente falso”. 

Lo que sucede es que, si se cogen sus letras fuera de contexto, pueden parecer chocantes:

Eres una superputa, nadie te gana
como tú nadie lo chupa, sólo mi hermana
eres una superputa, nadie te gana
te culeas hasta al Papa si te da la gana

Pero resulta que cuando se trata de canciones, la música es importante. Y una vez unidas a la melodía, queda claro que las letras de Los Compadres Recerdos no van completamente en serio. Con todo, no es extraño que sus canciones estén lejos de convertirse en el próximo éxito de la radio comercial. 

También le pregunté a Jaime Andrés Monsalve al respecto. Como jefe musical de la Radio Nacional de Colombia, me escribió: “Por descontado se da que no hay tema de reggaetón-core que quepa en una programación sonora, y menos la de una radio pública. Y no es censura: es el mismo principio de regulación que en su momento mantuvo al margen de la difusión radial las procacidades de “La ópera del mondongo”, de Peñaranda, y de “Los relajos del arriero”, de Octavio Meza.

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»Tendrán que pasar algunos (o muchos) años para que un tema de Los Compadres Recerdos logre una difusión masiva en medios. No tengo claro si han pretendido eso alguna vez, pero la vocación algo suicida de sus provocaciones me hace pensar que no.

»Igual hace unos años no estaba institucionalizado el desnudo en las revistas mainstream. Tampoco se decía teta, culo o puta en televisión. Así va la mano”.

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Hasta que llegue el día en que una de sus canciones pegue comercialmente, los más frikis y ñoños tendrán que seguir buscando su música en sus discos, en su canal de YouTube y en los conciertos que, como en el Festival Centro 2016, dieron en Bogotá. Y seguirán jugando sus juegos, teniendo en cuenta la advertencia de que “Jugar Superputa en estado de sobriedad puede causar severos daños en la corteza cerebral, supuración del ano y sida”.

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