POR: Andrea Melo Tobón Martes, 23 Junio 2015

 

Andamos por la calle sin vernos, como si temiéramos encontrarnos con otro –sonreír, chocar miradas, rozarnos la mano con la punta de los dedos–. Mientras rehuimos a los demás, Margarita toma una foto: uno de nosotros será un dibujo muy pronto, y ella no pierde ningún detalle.

Margarita Besosa es una artista plástica del Valle del Cauca, que desde hace unos años ha creado una serie de retratos que se reúnen en Personajes de viajes: Libreta 01, un diario que dedica cada hoja a una persona cualquiera que no tiene más particularidades que su humanidad.

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Desde que tenía siete años se empeñó en capturar a través del lápiz el rostro de los seres humanos; comenzó con sus padres, familiares, amigos y conocidos. Su idea no es retratar la rígida pose de quien, alerta, sabe que ella lo mira sino robarse aunque sea por un segundo ese circuito de acciones que tendemos a repetir sin darnos cuenta. Además del dibujo, le interesan la fotografía, la pintura y las instalaciones y ha realizado diferentes trabajos en los que –como una sombra– captura la cotidianidad sin más pretensión que la de jugarle una broma al tiempo. Sus fotografías terminan siendo piezas casi documentales, “desde estas fotos hago mis dibujos y allí comienzo a robarme a las personas”, cuenta la artista.

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En su trabajo hay un componente humano muy fuerte que busca atrapar o valerse de la “proximidad del mundo contemporáneo”, donde una persona siempre está cerca de alguien pero sabe que nunca va a pasar nada más allá de compartir el mismo espacio físico. Uno de los trabajos de Besosa plantea la inmortalidad de la espera de un repartidor de comida a domicilio: ella toma fotos a través del ojo mágico de la puerta, mientras los mensajeros esperan a que el cliente salga ávido por su comida.

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Otra de sus obras es una serie de grabaciones del sonido que suena en los pasillos que fueron grabados desde su apartamento a puerta cerrada cada vez que salía o entraba alguien en ese piso, cada sonido está guardado en una pequeña caja que hay que pegarse a la oreja para poder escuchar, como si fuera un universo bajo una tapa de cartón. “Son sonidos reales, yo no le dije a ninguna de estas personas que hiciera nada, son ruidos que la gente hace desde un ambiente íntimo y termino valiéndome de las libertades de un pasillo público, de tener humanos atrapados más o menos sin permiso”.

Besosa llegó a Bogotá hace seis años para estudiar artes visuales en la Universidad Javeriana, sus padres se mudaron a México y, desde entonces, su vida se divide entre el país azteca y Colombia. También ha viajado a ciudades como Los Ángeles, Barcelona, La Habana y Panamá porque quería plantearse el reto de dibujar y no parar; de ahí surgió la colección que fue publicada recientemente por la editorial Torre Blanca.

Margarita Besosa participó en la Muestra de Grabado del Instituto Superior de Arte de La Habana, Cuba, en 2010, recibió una mención de honor en el I Concurso Nacional de Dibujo Faber-Castell que se presentó en el Museo de Arte Contemporáneo de Bogotá, participó en la exposición de Grabado en Taller Trez y fue ilustradora del proyecto Estación de Campo Honda, de Mark Dion para Flora Ars Natura, en Tolima en 2011. También expuso en la muestra colectiva de Trabajos de Grado meritorios Sala de Exposiciones de la Facultad de Artes de la Universidad Javeriana en 2011: su tesis, [({})], tuvo una distinción meritoria en 2013 y participó en el X Salón Javeriano en el Centro Cultural Gabriel García Márquez en 2014.

¿Por qué le gusta robarse esos segundos de las personas?

Hay gente que es muy rara y uno está en una ciudad donde las diferencias se pierden en la masa, me gusta mucho poder sacar esos cuerpos tan diferentes en una página dedicada a cada uno de ellos.

¿Cuáles son los rostros que más le gusta dibujar?

Hay gente que me llama la atención –unos más que otros– pero hay momentos en los que digo: esta persona es rica de dibujar. Esas caras que son muy perfectas me parecen aburridas; las arrugas, las marcas, los gestos son lo que más me encanta.

 

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¿Cuál es la parte del retrato que se le hace más compleja de hacer?

La cara es muy difícil porque si te descachas un milímetro, alargas una línea o una curva, ya es otra persona, y me gusta que la gente también sienta que es ella.

Cuando alguien es fotografiado infraganti en la calle –sin esas prevenciones de la pose–, la persona sale con esas cicatrices permanentes o temporales (manchas, mocos, granos), ¿cómo elige qué detalles destacar y qué detalles a obviar?

Haciendo los zooms había gente que tenía cosas desagradables en la cara que probablemente no tengan ahora, igual trato de conservarlos de manera fiel en los retratos porque termina existiendo una relación entre los dos pero en otra dimensión.

Hablando de relaciones, qué pasa cuando toma fotos continuamente y llega a casa a verlas, ¿ha encontrado muchas diferencias entre lo que vio y lo que fotografió?

Yo creo que es una relación que se crea en un desfase de tiempos. Por ejemplo, yo le tomé a un señor una foto en Barcelona en 2012 pero, años después, cuando veo las fotos detenidamente, me doy cuenta de que me miró y como que es ese momento en el que se encuentran los ojos: la posibilidad de compartir la vida aunque sea en algo mínimo.

¿Alguna vez le ha pasado algo raro con alguno de sus personajes?

Siempre trato de robar la foto, y hay momentos en los que soy muy descarada y la gente se queda mirando como raro, todo el mundo tiene fotos de todo el mundo y como que uno siempre piensa que es para algo malo.

En un mundo en el que todo parece propiedad privada ¿ha tenido problemas legales por tomar esas fotos sin permiso?

Me preguntan mucho sobre esa parte legal, porque ahora todo es un lío, y al cuestionamiento que siempre llegamos es que si uno va a un supermercado siempre lo están grabando y con poner un letrero diciendo que lo están haciendo se libran de un montón de cosas. Con respecto a mi trabajo, creo que como no publico las fotos directamente sino que hago algo a partir de ellas, me libro de esos problemas, pero en mi caso me encantaría verme retratada en un libro.

¿Cómo es el proceso de hacer un retrato?

Primero tomo fotos de esos gestos y luego hago los retratos, me gusta ese rompimiento del tiempo y el espacio, porque reproduzco algo que ya pasó y que es muy poco probable que vuelva a ocurrir, como su posición, su gesto, su mirada y su ropa.

Aunque dedica tiempo y detalles al rostro, hay una parte de sus dibujos que queda incompleta, líneas que se pierden…

A mí me parece que dejarlos incompletos le aporta más estéticamente, porque todo el dibujo tan detallado le quita protagonismo a la cara y se volvería un dibujo plano o hiperrealista y, si tengo la foto ¿para qué el dibujo? Me permito relajarme más dejando la línea libre, me gusta que no sea tan perfecto.

¿Qué es lo que la haría más feliz sobre este trabajo de Diario de viajes: Libreta 01?

Si alguien encontrara a un conocido en mis dibujos sería muy feliz; soñar no cuesta nada, igual son 118 dibujos, 400 copias en todo el mundo, es algo poético pensar que alguien va a encontrar a alguien de esa manera.

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¿Cómo fue el proceso de hacer esta libreta?

Cuando ya tuve la mitad del libro dibujado decidí que tenía que publicarlo, así que acabé y me senté a dibujar todo en una sola libreta sin corregir, cambiar, quitar o poner hojas, quería que fuera un trabajo continuo y limpio. Si paraba de dibujar una semana se notaban los brincos en el dibujo, así que procuré no pausar tanto el proceso. Lo que sí me pasaba en algunos dibujos es que hacía uno durante una hora u hora y media y, cuando terminaba, decía ¿esto lo hice yo? Ni siquiera me lo podía creer.

¿No ensayó en otras hojas? ¿Qué pasaba cuando se le iba la mano y erraba?

Nada de lápiz, nada de ensayos. Me sentía muy feliz cuando quedaba de una, pero cuando no salía a la primera, sabía que tenía que parar, dejarlo y retomarlo después. De hecho, en la libreta están las huellas del error, de una cara que comencé pero que no salió bien, por lo que un poco más abajo se encuentra el dibujo terminado. Hay mucha belleza en el error.

Publicar un libro en Colombia –por muchas editoriales independientes que haya– es difícil, ¿cómo fue el proceso de publicación?, ¿cómo financió la libreta?

Sabía que tenía hacerlo y creía que el proyecto era tan chévere que alguien lo iba a publicar y que yo solo tenía que sentarme de brazos cruzados a esperar que sucediera, pero no. Empecé a preguntar en varias editoriales independientes y no me respondían los correos ni lograba concertar citas, así que decidí hacerlo por mi cuenta porque tenía unos ahorros e hice las cotizaciones. Lo publique de manera independiente con mi dinero en las imprentas de Torre Blanca.

¿Cómo ha sido la comercialización? ¿Sí se han vendido?

La gente no te compra nada si los medios no dicen que lo compren, fue de pura ignorante que pude sacarlo, de no saber lo duro que iba a ser. Cuando por fin se publicó, dejé unas copias en librerías de California y pensaba que me iban a pedir cincuenta o cien y solo me pedían dos o tres. Ha sido difícil, pero las de acá sí fueron más amables; igual me quedan un montón de libros. Un día llamé a una librería de acá y había vendido cinco libros, eso para mí fue increíble. Lo que estoy haciendo con la gente que lo compra es hacerles un retrato en las últimas páginas de la libreta, que les quede a ellos, y que de alguna manera los vuelva parte de esos viajes.

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¿Tiene alguna maña o costumbre a la hora de dibujar?

Tengo un lapicero y lo marco con una cinta, y solo lo uso para dibujar, no puedo cogerlo para cualquier cosa y lo uso hasta que se acaba. En todos estos dibujos solo he gastado dos esferos y si alguien me lo cambia o pone uno exactamente igual, yo me daría cuenta.

Banda sonora mientras dibuja…

Me encanta poner música nostálgica, puedo ir desde Paul McCartney hasta Pepe Aguilar, y no suelo debatir mucho de música porque la gente se estresa encasillándose en un solo género. Yo no escucho géneros sino canciones.

¿Qué no puede faltar en su nevera?

Leche y huevos.

Después de la publicación de la libreta, Margarita siguió dibujando y decidió abrir una cuenta en Instagram donde sube retratos de personas del tamaño de una huella dactilar que hace con un esfero Bic, incluso ha tenido comentarios como “siempre voy a tener en mi mente a la persona que se tomó el tiempo para dibujar esto”. 

Su próximo proyecto es seguir con la serie y hacer una libreta de retratos de gente conocida. “Es bien difícil salir al mundo a vender dibujos o que la gente te crea tu trabajo, tu estética y tu forma de pensar”, concluye Margarita Besosa. Si quiere conseguir Personajes de viajes: Libreta 01 lo puede hacer en la Madriguera del conejo, Valija de fuego y Casa tomada.

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Arte

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