POR: Andrea Melo Tobón Martes, 10 Mayo 2016

 

Jorge Alderete es un ilustrador y diseñador argentino que se inspira en la ciencia ficción, el cómic independiente, el rock de los años cincuenta y la lucha libre para ilustrar libros, carátulas de discos y realizar animaciones. Conozca un poco sobre cómo funciona su cabeza y su trabajo.
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uando era pequeño, a Jorge le gustaban mucho las historietas de la editorial mexicana Novaro, que llegaban a Argentina. La pequeña Lulú y fábulas como La zorra y el cuervo se editaban en español e inspiraron a varias generaciones. El primer televisor que entró en esta casa de la Patagonia lo hizo gracias al Mundial de 1978 y el niño creció viendo dibujos animados de Hanna-Barbera y programas como La Pantera Rosa. Para entonces, Alderete ya dibujaba robots y personajes de ciencia ficción, elementos que aún permanecen en sus trabajos. “Viendo para atrás, tal vez sí hay mucho de la nostalgia de mi infancia en lo que hago”, confiesa.

Jorge oía más que todo bandas argentinas porque la prohibición de música anglo en la dictadura aún estaba vigente. Agrupaciones como Sumo, Virus y Clap y los primeros discos de Soda Estéreo y Los Fabulosos Cadillacs marcaron su adolescencia. El rack –como muchos suelen pronunciar esta palabra– es su género favorito, en especial el de los años cincuenta: “es una especie de placer culposo; nadie escuchaba eso, tenía mis casetes con clásicos como Billie Holliday y Jerry Lee Lewis, era un poco la banda sonora de mi adolescencia y si me descuido, sigue siéndolo ahora”.

Aunque no sea tan fácil de digerir, tiene un título de técnico químico ya que en Argentina era usual aprender un oficio durante la secundaria. Durante ese tiempo siguió dibujando pero ya con el interés de publicar, lo cual logró en un fanzine en Neuquén, una de las provincias de su natal Patagonia; a su vez, armó una banda de punk que no duró mucho: “aunque era punk, no podíamos tocar dos notas juntas”, dice con sarcasmo.

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Jorge estudió Diseño Visual y Comunicación en la Universidad de La Plata y posteriormente entró al mundo editorial. Tal vez fue el primer y el último trabajo oficial que tuvo, ya que no soportó quedarse esperando en una oficina a que le pidiesen alguna pieza; por eso se lanzó al mundo independiente y, después de más de dos décadas, está claro que no le ha ido nada mal. Su trabajo ha sido publicado en varias antologías especializadas como Illustration Now y Latin American Graphic Design (Taschen), Illusive, Pictoplasma, Los logos series, Latino y Play Loud (Die Gestalten Verlag); Place (Actar) y Kustom Graphics (Korero), entre otras, y su obra ha sido expuesta en distintas galerías y museos del mundo. En el Museo de la Ciudad de México, el Museo de Arte Moderno y el Museo Nacional de las Culturas presentó la Exposición Tike’a Rapa Nui, una larga investigación alrededor de la cultura de la Isla de Pascua. También ha animado piezas para canales como MTV, Nickelodeon o Canal Fox y ha creado más de cien carátulas de discos para artistas en todo el mundo. “La base sigue siendo la misma, pero he ido encontrando otros canales; a veces es raro porque mucha gente piensa en la ilustración como un nicho muy particular y yo todo el tiempo me estoy moviendo, entrando y saliendo”, afirma Alderete.

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Parte de su obra está relacionada con la lucha libre. Se podría creer que se debe a su actual residencia en México pero viene de mucho tiempo atrás. En la década de los setenta hubo un show muy popular en la televisión argentina que se llamaba Titanes en el ring, un programa de lucha libre enfocado a un público infantil que marcó a Jorge profundamente. Cuando Alderete llegó a México estaba maravillado por estos encuentros de fuerza y máscaras de látex. Quiso ir a la arena y, cuando les pidió a sus conocidos que lo llevaran, nadie parecía haber asistido nunca –ni querer hacerlo–, por lo que tuvo que ir solo. “Me di cuenta de que para muchos eso era considerado para la clase baja y cuando empecé a incorporarlo en mi trabajo, me dijeron: está buenísimo, ¿de dónde lo sacaste?”, cuenta incrédulo. No es el primer artista que usa elementos de la cultura popular mexicana; sin embargo, en su momento Alderete vio en el sudor y la fuerza una inspiración que se convirtió en uno de sus sellos gráficos y, aún hoy, sorprende a los mismos mexicanos que ven como una novedad lo que siempre ha estado en sus calles.

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Entre algunas de sus publicaciones editoriales se destacan Yo soy un don nadie –con la que celebra sus primeros diez años en Ciudad de México–, Sonorama –donde reúne cien carátulas musicales– y Otro yo –que recoge muchos de los dibujos de sus libretas–. Los libros los suele hacer de forma integral: no solamente realiza las ilustraciones sino que también se encarga del diseño, de las tipografías y la ubicación de los elementos: “me llama la atención cómo, muchas veces, los diseñadores arruinan el trabajo de los ilustradores y los ilustradores a veces arruinan su propio trabajo”.

Aunque Alderete siempre quiso hacer historietas, hasta hace poco se decidió a ilustrar una novela gráfica. Se trata de Black is Beltza, escrita por Harkaitz Cano y el músico vasco Fermin Muguruza, quienes le llevaron la historia hace tres años. “Para este libro me documenté mucho porque todo transcurre en escenarios reales y en una época que está en mayor o menor medida registrada. Fue un proceso increíble. Ellos se tomaron dos años en escribir el guion, yo me demoré tres años en ilustrarlo y de alguna manera eso se refleja en el resultado: no fue algo pensando en un fin comercial, sino que hay algo más detrás”. A las manos de Alderete llegaron muchos manuscritos pero decidió esperar aquel que devorara sin mente, sin forzar nada.

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Jorge dice que siempre se consideró un músico frustrado y que gracias a su aventura en el las carátulas para discos se acercó a la música. Al principio se quejaba con sus amigos del pobre trabajo en portadas de artistas independientes, así que decidió hacer algo al respecto y fundó el sello discográfico Isotonic Records, con Juan Moragues. El primer grupo con el que trabajó se llama Lost in Acapulco y, desde entonces, han pasado dieciocho años de carrera.

Igual que con los libros, Alderete no ilustra para cualquiera –aunque apoya a muchos–: él prefiere pedir la música y dependiendo de su relación con ella, decide si acepta o no el trabajo. “Les conviene buscar a alguien que entienda lo que están haciendo y que lo pueda potenciar, yo no voy a poder hacerlo y un poco el espíritu a la hora de trabajar en los discos es eso: ser otro miembro de la banda en el momento en el que se está haciendo el disco”. Por ejemplo, con los Tikitiki Bamboos, músicos japoneses haciendo música hawaiana en Alemania, no podía hablar bien porque ellos no sabían inglés, así que la música fue lo que los unió.

Alderete se ha posicionado muy bien en el mercado underground mexicano y, en contraste, ha trabajado con grandes de la música argentina como Los Fabulosos Cadillacs y Andrés Calamaro. Cuando los Cadillac –él lo pronuncia literalmente con las dos eles en todo su esplendor– lo llamaron para hacer La luz del ritmo (2007), trabajaron juntos hasta que decidieron mostrarle la portada a la disquera: él fue presentado como el artista de la carátula para que nadie metiera la mano en su trabajo. Desde entonces, Jorge sale de gira con la banda para hacer las visuales en vivo.

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Con Calamaro, el encuentro fue un poco más místico: un año antes, Jorge se encontraba en la isla de Pascua, que es un lugar que lo obsesiona, y comenzó a llover; se tuvo que meter al carro con su esposa, prendieron la radio y justo estaba sonando una canción muy familiar para él pero en idioma rapa nui, oficial de la isla; grabó la pieza y llegó a casa a buscar de qué se trataba: resultó ser “Flaca”, la popular canción del argentino. Cuando le pidieron la portada para el disco Bohemio, Alderete le contó la anécdota a Calamaro quien, a su vez, dijo que por cosas de la vida había comprado hace muchos años un diccionario de rapa nui: esta conexión hizo que en la carátula aparecieran alusiones a los moái, las estatuas monolíticas de la isla.

Gracias a su curiosidad, Jorge quiso llevar las visuales de conciertos a otro nivel, trabajando con un controlador gráfico de código abierto llamado Tagtool que le permite dibujar y animar en vivo. Este programa fue diseñado por unos austríacos que decidieron dejar los planos y el software libre para descarga. Alderete ha sabido aprovechar el programa con su agrupación de cumbia psicodélica, Sonido Gallo Negro, con la que también toca el theremín, ese instrumento electrónico que en realidad no hay que tocar sino que suena con la cercanía física del intérprete. “Yo tenía un theremín en mi casa porque era un instrumento que me gustaba, y los chicos se enteraron y terminé yendo a clases y ahora la mitad del show estoy dibujando y haciendo las animaciones y la otra mitad estoy tocándolo”. Recientemente ha estado trabajando en la unión de estas dos herramientas para que pueda dibujar mientras toca el instrumento gracias a unos sensores de movimiento.

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Y aunque nunca se cansa de navegar las posibilidades de la imagen –incluso del sonido–, su hijo lo ha inspirado para acercarse a cualquier cosa libre de prejuicios, “con ojos de extranjero del mundo”, dice él. “Trato de ser consciente de eso: de poder disfrutar cualquier cosa como si fuese la primera vez que la veo, sin que nadie te lo haya contado, sino decir ¡wau!, y eso finalmente termina siendo fundamental en mi trabajo”, dice mirando a su hijo de lejos.

Para cerrar, dejamos unos consejos de Dr. Alderete para cuando sufra un bloqueo creativo: “Yo creo que lo peor que se puede hacer es obsesionarse con el papel, el lápiz o el computador, sea cual sea el instrumento con el que trabaje. Yo lo que hago es tomar distancia: salgo a caminar, hago otra cosa, oigo mucha música, me voy a ver un show. Si te clavas ahí, te sigues clavando en el problema y no en la solución, cuando me muevo de lugar, la solución llega sola; es un poco más mágico pero así sucede, fluye”. 

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