POR: Natalie López Valencia Viernes, 29 Mayo 2015

Una tabla de skate también puede ser un lienzo perfecto. 

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lgunas de las grandes historias y proyectos nacen de prohibiciones, frustraciones o sueños inalcanzables que desafían todas las posibilidades. La historia del skateboard, por ejemplo, empezó en California en los años sesenta, cuando se les prohibió a los surfistas surcar las olas; con las ruedas de unos patines, ellos acondicionaron una tabla pequeña de surf y así las calles se convirtieron en olas de cemento.

Traer el mar a la ciudad de Bogotá también fue el sueño de Johan Albarracín y Diego Velásquez, creadores de Magdalena Boards, una pequeña isla en la ciudad de Bogotá a la cual llegan náufragos del caos citadino que terminan quedándose a conversar y a escuchar música: el anzuelo son las llamativas tablas ilustradas manualmente que se venden en la tienda, pero tarde o temprano los visitantes quedan atrapados en el cálido ambiente del lugar.

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Cada detalle, cada fotografía, cada cuadro que decora las paredes de esta tienda han sido regalos: a punta de amistad es que este negocio ha encontrado su alma y la posibilidad de crecer. Magdalena, más que una tienda es una red de amigos. Erykah Badu, rap y hasta tango son algunas de las melodías que suenan y hacen de este espacio un rinconcito muy amañador y lleno de buena vibra.

Los productos estrella de la tienda son tablas de skate y balance, la primera es la que se utiliza para practicar skateboarding y la segunda, una tabla en la que el usuario debe mantener su cuerpo lo suficientemente equilibrado para no caer al suelo, en ella se pueden lograr varios trucos desafiando la gravedad. Sin embargo, el valor agregado de las tablas de Magdalena es que son lienzos, obras de arte que vienen en ediciones limitadas, pintadas por diferentes artistas que encuentran en la marca un espacio para crear y para retroalimentarse del trabajo de sus colegas. Algunos de ellos, como Electrobudista y Pegatina Criolla, colaboran también en nuestra revista.

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Además, todos los días la tienda recibe la visita de un vecino extranjero, la señora con el perro que jadeante y feliz va por una galleta y la del taxista que todos los días hace fila en frente y pasa a saludar.

A Magdalena usted puede ir a comprar una tabla de skate o de balance, cuadernos ilustrados, gafas, llaveros y accesorios personalizados pero, sin duda, saldrá muy contento de allí.

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Hablamos con los creadores de este espacio y con Lilondra, una artista visual colombiana dedicada al diseño gráfico y la ilustración que colabora en Magdalena, y esto fue lo que nos contaron:

¿Cómo nació Magdalena?

Johan: Uno de los sueños que siempre tuve cuando vivía en Bogotá era surfear y hacer una tabla de surf yo mismo. Cuando viví en Madagascar tuve la oportunidad de hacerlo, entonces pensé “ya que voy a hacer la tabla pues voy a ponerle también un logo y a crear un concepto en torno a eso”. Y así nació la idea, eso fue en 2011. Pasaron un par de años hasta que me encontré con Diego y pensamos en cómo convertir eso que alguna vez fue la tabla de surf en algo más, que fueron las balance boards.

 

¿Cuál es la particularidad de las tablas de Magdalena?

J: Son tablas ilustradas a mano y están inspiradas en lugares con los cuales hemos tenido alguna relación, compensamos el impacto medioambiental que genera el hacer una tabla utilizando materiales amigables con el planeta y sembrando un árbol por cada tabla que vendemos; además, las maderas que utilizamos tienen certificaciones de tala, preferimos invertirle un poco más a ciertos detalles antes que rebajar costos porque sí o por ganar un poco más.

 
¿Por qué se llama Magdalena?

Diego: Es un homenaje a la bisabuela de Johan y al río Magdalena. Como la idea fue concebida en Madagascar, es una reverencia al agua de Colombia estando fuera del país.

 
¿Qué es para usted Magdalena? 

Lilondra: Amistad e inspiración, me impulsa mucho a innovar y a encontrar otros lenguajes. Magdalena tiene una red de amigos que yo no conocía, ha sido un punto de convergencia para gente que trabaja en el área creativa y trato de aprovecharlo al máximo. No necesariamente implica que yo me siente a dibujar con otro ilustrador, el solo hecho de venir a la tienda y ver que tienen cosas nuevas me alimenta mucho.

 
¿Ustedes montan tabla?

J: Para rodar por ahí y ya.

D: No, realmente yo comencé a montar tabla como a los ocho años, me caí muy duro en una rampa por allá en Mandalay, en el sur de Bogotá, y desde ahí la dejé, me fui por los patines, duré muchos años siendo roller y jugaba hockey en las calles; la tabla era mi sueño, cuando la compré era porque quería ser skater, no lo logré. Después de ese golpe pasaron muchos años de no tocar una tabla hasta hace poco, creo que el pasado vuelve a cobrar vida en esta marca.

L: Sí pero soy muy mala, a los quince años quise aprender y me fue muy mal; en lo que soy muy buena es montando balance, ahí puedo decir que soy embajadora de la marca porque me he esmerado y tengo mi propia tabla. De hecho, cuando llama mimamásuelo subirme a la tabla mientras converso, he tenido mis sustos y pego el grito.

 
¿Es más fácil montar en balance?

L: La balance tiene una curva de aprendizaje muy rápida, en eso se diferencia mucho del skate porque en él uno sí tiene que tener más habilidades espaciales, en la balance empiezas a ver al cabo de una hora que llevas enganchado a la tabla, que más o menos ya eres capaz de hacer un truquito o que ya no necesitas sostenerte de nadie, entonces eso me animó. La primera vez que me monté fue en un bar y tenía zapatos altos, entonces dije “si soy capaz así, en tenis me va mucho mejor”, y terminé descubriendo una destreza. 

Si quiere ir a visitar Magdalena la dirección es Calle 51 N° 5-65 en el barrio Chapinero, Bogotá, Colombia. 

 

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