POR: Andrea Melo Tobón Lunes, 18 Enero 2016

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And if you need me, you know

that I'll always be around if you ever want me
come on and cry, cry baby, cry baby, cry baby

“Cry baby”, Janis Joplin

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Soy de la generación a la que le dicen que no sabe nada de música porque no vivió en las épocas doradas del rock; de hecho, ni siquiera tengo derecho de lamer los ochentas porque soy edición 1990. Aunque creo que vivir ese tiempo de psicodelia e irreverencia resulta incomparable, es precisamente la posibilidad de perder la virginidad sonora con un artista de cualquier era la que tumba las barreras: la relación es entre el artista y yo.

A Janis Joplin la conocí inconscientemente: sonó un domingo en la noche cuando papá pensaba que no había nadie en casa, en el cuarto trasero de una tienda en la que estaba tomando mis primeras cervezas y una noche de tristeza infundada. Esa voz que rompe el viento, que lo hace llorar y le da besos –la Janis más allá del Club de los 27– es el punto de partida para el viaje que hace la directora Amy J. Berg en su documental Janis: La mujer detrás de la leyenda (Janis: Little Girl Blue, en inglés).

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La directora de Líbranos del mal y West of Memphis investigó por más de siete años la vida de la cantante estadounidense –considerada una leyenda del rock y el blues– creando esta película: una bocanada de aquella época a través de material de archivo, conciertos, entrevistas a sus amigos y familiares y cartas enviadas a sus padres que se convirtieron en una autobiografía no editada de sus dudas, sus temores, sus abandonos y sus esperanzas. Estas letras cobraron vida en el filme gracias a la voz de la cantante de folk Cat Power.

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“Hagamos algo para la posteridad”, así describía su padre el nacimiento de Janis en 1943, y aunque supieran que ella era diferente, también el mundo lo sabía. Desde niña se sintió incomprendida, situación que no mejoró ni en la escuela ni el hogar. Basta decir que fue ganadora del concurso del hombre más feo cuando apenas era una adolescente y esa necesidad de ser querida por el mundo, fue su sombra hasta el fin de sus días.

Con apenas veinte años Janis descubrió su desgarradora voz, y si bien su rostro envejecido por los excesos siempre la hizo parecer mayor, conservó un corazón de niña que rayaba entre la inocencia y la picardía, la ternura y la fragilidad perdida en un mar de reflectores y aplausos.

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El documental, al igual que la propia Janis, es emocional y honesto a la vez: no se devana por resolver los rumores de la vida de la cantante o por rescatarla más de cuarenta años después de su muerte, sino que la desata del vaho rockero para entenderla más allá de las lentejuelas y el hachís: su amor por el blues, sus composiciones que se leen como una autobiografía, el amor por su banda –Big Brother and the Holding Company, su familia durante los últimos años– y su audiencia, a la que le daba todo hasta desfallecer (literalmente).

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Honey, you know I did!
and each time I tell myself that I, well I've just had enough,
but I'm gonna show you, baby, that a woman can be tough.
“Piece of my heart”, Janis Joplin.

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