POR: Bacánika Miércoles, 24 Octubre 2012


Manía, extravagancia o preocupación caprichosa por un tema o cosa determinada
sería la acepción del diccionario de la Real Academia de la Lengua Española.

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Hago cuentas con las placas de los carros y repaso mis conocimientos de historia con sus números, lo cual me quedaba más fácil antes con las placas de cuatro numerales: 1789: revolución francesa. 1873: muerte de Simón Bolívar. 1945: bombas atómicas en Japón. Ahora, con las de tres números, se me dificultó la cosa, porque al parecer no estoy al pelo en historia antigua. Y tengo que pensar y pensar para encontrar en mi cabeza alguna cosa que haya sucedido por ejemplo en el año 178. Pero ahí voy.

La otra manía, debe ser una deformación profesional... Me gusta formar palabras nuevas trasliterando: así, cuando leo sodio, formo también odios y donde leo león formo Noel, es un Scrable infinito. Con cosa, hago asco... con casco, cocas...a veces, no es tan fácil. En Pereira había una fábrica de paños que se llamaba Omnes y de bruto me demoré como tres años en encontrar el MENOS. Tengo otras manías menos confesables, supongo, pero estas son las que más me cansan...

EDUARDO ESCOBAR, Poeta.
Cofundador del movimiento Nadaísta.
Autor de Cantar sin motivos y Confesión mínima, entre otras obras.

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Le he echado cabeza, pero mis manías son bastante aburridas, como ahorrar agua, usar varias veces el mismo vaso desechable... De resto soy muy normalito.

EDUARDO ARIAS, PERIODISTA, coautor del Diccionario de la Ch y la Guía del buen estudiante vago.

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Necesito dormir en el lado frío de la cama. Así que cuando estoy en un lado que ya está caliente me tengo que pasar al otro, y así toda la noche.

ANDRÉS FELIPE DEL CASTILLO 

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Doblar la ropa antes de meterla en el canasto de la ropa sucia (lógico porque ocupa menos espacio).

JUAN FELIPE VARGAS, ABOGADO

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Aún recuerdo el primer regaño que recibí por morderme los cachetes por dentro. Fue el de mi odontólogo: ¡Tiene esos cachetes por dentro vueltos mierda! Luego vino mi mamá: ¡Deje de morderse los labios, mire cómo los tiene! Luego vinieron mis amigos: ¡Se parece una vieja torciendo la jeta! Hoy en día tengo que aceptar que mi manía es andar por la calle o en cualquier lugar y de un momento a otro comenzar a morderme los labios y cachetes por dentro. No recuerdo bien desde cuándo, pero en mi defensa y victoria debo confesar que fue antes de los hipsters, que si salgo en alguna foto apretando mis labios y moviéndolos para un lado –como quien le da un beso a sí mismo–, no es porque esté de moda tomarse fotos así para ponerlas de avatar en Twitter, sino porque es una manía que lleva conmigo años, que me ha acompañado cuando escribo, o cuando estoy nervioso, o cuando simplemente no pasa nada. 

OMAR RIVERA, director revista Sin pretextos 

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Una de las manías que tengo es escribir en un parque sola, tarde en la noche cuando estoy triste, me gusta acostarme en el pasto y mirar al cielo cuando terminó y después el sonido del viento y el frío me reconfortan. A veces pasa la gente y me mira raro. No sé si tal vez piensan que estoy borracha o algo, porque cuando puedo me quito las medias para sentir la naturaleza y solo me quedo allí, tranquila. Es lo que me desconecta del mundo. Mientras los demás pasan a veces con sus perros no tienen ni idea que así como ellos me analizan yo los analizo a ellos. Sólo se escuchan pasos en el pasto, gente hablando por celular o el pito de las puertas de las porterías al abrir. De resto siento que soy solo yo. Esa es una de mis manías y de la única forma que me calmo.

Otra manía que a veces me desespera es morderme los labios. Me los muerdo mucho, casi sin darme cuenta, es como si fuera algo automático en mí y lo peor es que no sólo me los lastimo a veces, sino que lo hago y de pronto veo que un hombre me está mirando como coqueto y de una me doy cuenta que tal vez ese hombre pensaba que me estaba mordiendo el labio por provocarlo.

DIANA YARURO, locutora Distrito FM de Onda Inpahu

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Suspirar, suspirar y suspirar más todo el día.

CAMILA DÍAZ, artista plástica 

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Cuando estoy comiendo guardo lo más rico para el final. También hago lo mismo con el jugo y no falta el avispado que cree que no me lo quiero terminar y se me adelanta.

ANDREA PÉREZ, comunicadora social

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Una de las cosas que siempre me han mortificado es cuando las personas hacen sonidos estridentes con la caja dental luego de comer maíz pira o cualquier cosa que se les quede fácilmente entre la prótesis. Curiosamente, quienes no pueden comer maíz pira porque se les queda el afrecho entre los dientes, son los que más devoran, toneladas y toneladas. Creo que mi manía es esto, mortificarme por la gente sucia, la gente que chasquea sus dientes de una forma terrible, pero como los detesto tanto, son ellos a quienes siempre me topo: hombres y mujeres que lanzan gargajos a lo lejos, que se sacan los mocos y los pegan en los tubos del Transmilenio. Todo tipo de personas que considero despreciables pero a quienes siempre he de mirar con mi más histérico odio, pero jamás he podido manifestarles en palabras mi fastidio. Tengo la manía de mirarlos mal y la manía de ser cobarde y no manifestarles esa repulsión.

IVÁN HERNÁNDEZ, periodista que le huye a la gente que come duro en los cines.

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Nunca piso las alcantarillas cuando voy caminando por la calle,  porque conozco un caso de una persona que se fue a una.

MARÍA VICTORIA OLAVE, diseñadora gráfica

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Creo que todos vivimos un poco de manías. Yo puedo sumar una gran colección, pero los que me conocen sabrán que cuando estoy nerviosa no puedo dejar de cogerme el pelo. Para algunos será un hábito sencillo, pero tiene su ciencia. Tomar un mechón de mi pelo y encontrar el más grueso, para enredarlo con el pulgar. Luego tiene que quedar en la inclinación correcta para tocar mi dedo gordo y comenzar a chuzarlo. Podría pasar días enteros haciendo esto, solo que en las noches me queda imposible porque también tengo la manía de dormir con mi mano derecha sobre el cuello (es una forma de protegerme de que algún extraño entre en la noche a estrangularme).

JUANA RESTREPO, jefe de redacción Revista Bacánika

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Sacarme las yucas del dedo gordo del pié izquierdo mientras intento dormir para fastidiar a quien duerme a mi lado.

KATHERINE PAULINA ANGEL, lectora de Bacánika

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GABRIEL GARCÍA MÁRQUEZ
debe tener una determinada temperatura en su cuarto de trabajo para escribir, además de una flor amarilla encima de la mesa y siempre lo hace descalzo.

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MEL GIBSON
no come pollo porque le hace crecer el vello corporal.

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Cinomanía: Entusiasmo y amor intenso por los perros. Esa es mi manía. Saludo y acaricio al perro que cruce mi camino; el del vecino, el del celador, el que espera afuera del restaurante, el que está paseando por el parque, el que se asomó por la ventana del auto. No importa cuál sea, el grande o el chiquito y también al feo y al bonito. Y por supuesto, tengo a mi perro en casa al que le hablo todo el día. 

VANNESA CARDONA, lectora y colaboradora de Bacánika

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Fernando Alonso
se calza siempre primero el pie izquierdo, no sube al coche por el lado siniestro, si antes de una carrera saluda a un técnico no gana.

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Si alguien me va a robar comida de mi plato, lo mínimo que espero es que tenga en cuenta el orden en el que estaba antes de hacerlo, porque no soporto que me desorden la comida.

BIBIANA COCHETEUX, ex directora revista Bacánika 

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A BRUCE WILLIS
le gusta montar fiestas en los hoteles, pero su manía por la limpieza le hace retirar los muebles y enrollar las alfombras para que no se manchen. 

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MARIO VARGAS LLOSA
tiene una manía por los hipopótamos de todo tipo.

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ELTON JOHN
siempre lleva un incinerador. Se ha dicho que va quemando todo lo que toca. No soporta que se comercialicen los objetos que usó.

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Olerme las manos después de haber tocado ajo, cebolla, botones y cremalleras de mi ropa.

SIMÓN POSADA, director de Vive.in y autor de los libros Días de porno y Las barbies también sueñan con muertos.

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Manía por recoger cosas de la calle, por encontrarle función a las cosas en desuso en la casa, oficina y en general en cualquier lugar. Disfruto y casi que me obsesiona darle un uso eficiente a las cosas que aún tienen un potencial por sus propiedades físicas, químicas o estéticas. Al fin una manía que el planeta agradecería si fuera contagiosa. 

NIXA SIERRA, diseñadora industrial

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He observado diversas manías en el transcurso de mi poca vida. Cada día lo notaba aun más en las personas que compartían conmigo un espacio, algunos de un momento a otro se dirigían a un sitio a realizar sus actividades cotidianas e impulsivamente comenzaban a morder los esferas, sobar puntas de telas copiosamente, hacer gestos ridículos buscando hallar la concentración, comer desaforados justo antes de la hora del almuerzo. Llegué hasta percibir manías que se extralimitaban a las fronteras de lo usual; personas aferradas a estar regañando todo el día buscando el motivo o la ocasión precisa para entrar en escena y hacer su acto preferido con sevicia para luego marcharse con una sonrisa amarga en su rostro. Decidí en una ocasión, cansado por lo que enfrentaba a diario e intentar evitar caer en ellas, pararme frente a un espejo y tratar de percibir estas manías en mí, pero el impetuoso ego que poseemos los seres humanos –colgado en nuestra nuca sujetado a los ojos– me lo impedía ver por el hecho de que día a día descubría más a los que me rodeaban. Depronto apareció ante mí, sin más, y deduje que por mucho tiempo estaba alimentando con el seno de la crítica, un comportamiento involuntario, la conducta que hace poco se marchó, dejándome en paz. La manía de estar estudiando y analizando a todo aquel con el cual compartía un momento sin siquiera tomarme el trabajo de analizarme yo. 

SEBASTIÁN REINOSA, lector de Bacánika 

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Siempre le miro las orejas a la gente para revisar que las tengan limpias. Para mí eso dice mucho de una persona y por supuesto yo me las limpio a diario.

PAULA ANDREA AGUDELO, actriz y asesora financiera 

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Marcar con rotulador la sábana para que quede bien tendida siempre.

LINA ROMERO, psicóloga

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ILUSTRACIÓN: OSCAR OSPINA Y ALEJANDRO ARRUBLA

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Opinión