POR: El Vago del Rincón ILUSTRACIÓN: Carolina Rodríguez Martes, 23 Septiembre 2014

 

 

 Los futbolistas también caducan, al igual que un paquete de papas fritas
o como un comercial de calzoncillos.

Una de las mayores excentricidades del fútbol consiste en que los equipos aseguren las piernas de sus jugadores. Por ejemplo, si Cristiano Ronaldo se lesiona gravemente al menos una de ellas, su equipo, el Real Madrid, recibiría inmediatamente cien millones de euros (cantidad por la que, por ejemplo, podría comprar a Falcao). En caso de que eso le ocurra a Lionel Messi, el Barcelona obtendría ciencuenta millones de euros. Y no sólo se trata de las piernas: las manos del arquero Íker Casillas están aseguradas por cinco millones de euros.

Con eso queda claro que, además de deportistas, son un producto, una mercancía sobre la que se especula sin reparos en términos de compra y venta. Lo normal es decir que tal jugador fue vendido o que tal otro fue comprado, como si se tratara de los paquetes de papas que ahora vende el Pibe Valderrama.

Son productos y, por supuesto, también sirven para vender otros productos (y, dicho sea de paso, ganar mucho dinero por ello). Basta con ver a James Rodríguez que, como El Pibe, también ofrece un paquete.

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Y hay de todo, por lo que, mientras James vende su propia marca de calzoncillos, otros pueden ofrecer hasta un dolor de estómago.

Pero al final, como un paquete de papas fritas o unos calzoncillos, los jugadores también caducan. Gabriel Omar Batistuta no tenía aseguradas sus piernas. Fue uno de los mejores delanteros del mundo en su momento y uno de los mejores que muchos hemos visto. Con 56 goles, es el máximo goleador de la historia de la selección argentina por encima de Maradona, aunque seguramente será superado por Messi. También es el jugador de su país que más anotó en mundiales (diez goles), y el séptimo goleador en la historia del torneo. En el fútbol italiano, en los años en los que en ese país se jugaba el mejor campeonato del mundo, hizo historia con Fiorentina y ganó una Copa y una Supercopa en 1996, fue goleador de la temporada 95 – 96, se convirtió en el máximo anotador de la historia del equipo con 207 goles y hasta le hicieron una estatua en Florencia. Luego, con Roma, ganó un torneo y una Supercopa. Contando sus goles en estos dos equipos, y los de su fugaz paso por Inter de Milán, hizo 242 que lo convirtieron en el cuarto máximo goleador extranjero en la historia de la liga. Y, por supuesto, también fue un producto que vendía productos.

Batistuta se retiró en 2005, con 38 años. Como resultadode las lesiones de su carrera, terminó con los dos tobillos sin tendones ni cartílagos, lo que le producía dolores insoportables sobre los que había hablado en varias entrevistas. En una de ellas, hace unos meses, contó algo escalofriante: “Dejé el fútbol y de un día para otro no podía caminar más. A los dos días no podía caminar, no al mes, ¡a los dos días! Un día me oriné en la cama porque, teniendo el baño a tres metros, no me quería levantar. Estaba tan desesperado que agarré un avión y fui a donde el doctor Anazi y le dije ‘por favor, cortame las piernas’”.

Batistuta había visto las prótesis del atleta Óscar Pistorius y pensó que esa era la solución para su dolor. Sus declaraciones hacen pensar que esa excentricidad de asegurar las piernas de los futbolistas puede tener algo de sentido, pero que lo tendría más si estos seguros fueran para cuando terminen sus carreras y no sólo para beneficiar a sus millonarios equipos ante una lesión.

Puede tener algo de sentido, sí, aunque sea para el triste mundo de los productos que caducan

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