TEXTO Y FOTOGRAFÍA: Diana Prada Lunes, 12 Marzo 2012


Aparecen todas, sin sonrisa, mirando a la cámara, los rostros esforzados para no expresar. Las 12 señoritas de la corte de honor llevan sombrero de ala ancha puesto de ladito y bouquets de rosas y margaritas en las manos; las faldas hasta el tobillo y las solapas de las blusas son amplias.

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I

sabel Restrepo Mejía, la novia, está sentada en el centro, es la única que sonríe. Clarita Posada está al lado de Alejandrina Restrepo, y Sofía Londoño mira hacia otro lado, luce distraída. La fotografía es de 1916 y en el pie de foto se lee: “Boda aristocrática. En Medellín contrajeron matrimonio el señor Jorge Echavarría y la espiritual e inteligente señorita Isabel Restrepo Mejía, hija de don Camilo C. Restrepo".

La fotografía muestra a la novia rodeada por su corte de honor, señoritas Polita Restrepo, Rosita Echavarría...  ¿Quiénes eran Isabel y Camilo? ¿Habrá durado el matrimonio toda la vida? Debieron ser personajes importantes de la sociedad paisa porque el festejo mereció salir publicado en las páginas sociales de la revista Cromos.

La sección Sociales de la prensa escrita colombiana es casi tan antigua como las publicaciones mismas. En Cromos, por ejemplo, apareció desde ese primer ejemplar de 1916 ocupando varias páginas. Creada por Miguel Santiago Valencia y Abelardo Arboleda, la revista se destacaba por su calidad gráfica y de contenido; ellos estaban en los eventos, demostrando un temprano interés por mostrar las prácticas sociales de la clase acomodada del país; sus fiestas, sus paseos de campo, la pompa de sus bailes, y todas quedaron registradas en las páginas sociales.

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Vistas ahora, las fotografías de esa época lucen encantadoras; en blanco y negro, con una vestimenta especial, tocados antiguos y gestos siempre serenos de los retratados. En la revista Cromos la sección empezó a llamarse Sociales a finales de la década del cincuenta. Antes se llamaba Gráficas de la Semana y luego Notas Sociales. Se podrían citar como antecedentes las fotos de las señoritas de expresión taciturnas, que simulaban mirar a alguien que viene a lo lejos, bajo el título: “Belleza nacional”.

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Hasta mediados de siglo, las fotografías de los eventos aparecían hacia la mitad de la publicación en un papel esmaltado, distinto al opaco de las otras páginas. Algunos eventos de las primeras décadas han cambiado de nombre y de estética, pero no de esencia. Han sido los mismos hasta hoy: bailes, fiestas del club, cumpleaños y matrimonios.

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Otras formas de divertimiento de las clases altas se extinguieron con el crecimiento de la ciudad y los cambios de la moda, como pasó con las carreras del velódromo y las carreras de caballos del Polo Club. Algunas prácticas simplemente dejaron de publicarse en la sección –porque seguro todavía las hacen­­­­ ­– como los paseos a las afueras de Bogotá (que en ese entonces era lo que hoy es Chapinero), las fiestas infantiles y las bellas fotografías de la cotidianidad citadina: la gente en las estaciones del ferrocarril, en las plazas y en las peregrinaciones a los santuarios.

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Los detallados y floridos pie de foto también fueron cambiando. Atrás quedaron los que mencionaban señoritas, excelentísimos y distinguidos señores ofreciendo espectaculares almuerzos bailables o maravillosos baliles con orquesta. Quedaron como créditos, sólo los nombres de los retratados, sin cargo, sin atributos.

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En la actualidad,  la sección de Sociales no goza de estima –al menos de palabra–, incluso por parte del mismo gremio; se le tilda de frívola, banal, elitista y, sobretodo, de inútil. Por miedo a ser etiquetados con los mismos adjetivos, son pocos los lectores que admiten su preferencia a mirar las revistas de atrás hacia delante o el largo tiempo que gastan en la sección detallándole la pinta y la compañía a los famosos.

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Pero más allá de su aparente superficialidad, lo cierto es que las Sociales son el registro gráfico del estilo de vida de la aristocracia colombiana. Ellas nos muestran cómo celebran los ricos del país: por ejemplo, cómo fue el matrimonio de zutanita, hija de un Don, dueño de alguna empresa con perencejo, hijo de una Doña Urrutia, esposa de un general.

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Si se recopilaran imágenes de la sección, desde las que se publicaron a principios de siglo hasta las del pasado fin de semana, se podría componer un álbum fotográfico que se llame, por decir, “El Discreto encanto de la burguesía colombiana”. 

Los fotógrafos

Liliana Toro Adelsohn, rubia, sonrisa que abre puertas y trato amistoso, es una pionera de la reportería gráfica. Su papá le compró un equipo de fotografía, que aprendió a usar en su trabajo para el periódico El Pueblo de Cali en 1982.

En esa época eran pocas las mujeres que se de dedicaban a la fotografía en el periodismo colombiano y ella ingresó a la hermetica sección de dominio masculino: los deportes. En su amplia trayectoria como reportera gráfica cubrió temas de conflicto, orden público y política para medios como El Espectador, El País de Cali y El Tiempo. Hace 12 años la revista Fucsia la tentó a trabajar en Sociales; Liliana, detestaba la sección, pero quiso cambiar.

Trabajó cerca de 10 años en la revista Fucsia y desde hace dos está en Vanidades, de Editorial Televisa. “Yo ya había hecho Sociales en El Espectador. Lo que pasa es que ahora los fotógrafos se especializan. Antes nos rotaban por todas las secciones. En esa época las sociales me quedaban horribles, les tenía pánico”. Guarda cientos de páginas de diarios donde salieron sus fotos del conflicto como la de Álvaro Gómez recién liberado del secuestro en 1988 (foto del año en El Tiempo). Y, por su puesto, conserva las páginas de revistas donde publicaron sus queridas fotografías de sociales.

“Mira que cada fotógrafo tiene su estilo, no todas las fotos de sociales son iguales” (yo digo que sí, pero la verdad es que jamás había reparado en ello y me averguenzo de mi torpeza). Las de Liliana Toro son retratos, casi todas de plano medio. “Mira, son lindas ¿no? A mi me gusta que la gente se vea bella. Yo los acomodo, les digo que sonrían. Si salen feos, les repito la foto”.    

¿Quiénes aparecen en las sociales? La regla general es que sean personas reconocidas, pero hay varios factores de selección que determinan la foto que usted ve. Cada publicación tiene un estilo particular. Publicaciones como Caras y Vanidades cubren eventos y personalidades de la política, la economía y las artes; allí, aparece sólo gente sobria, elegante y encopetada. Jet-Set y Cromos, además de los anteriores, incluyen personajes de la farándula. Otras, como Tv y Novelas, Elenco y 15 minutos, publican fotos de farándula en pose y estilo paparazzi, esas que salen borrosas y de lejos porque se hacen sin consentimiento de la persona.

Los reporteros gráficos, e incluso algunos de los que hacen la sección, piensan que ir a eventos a codearse con los famosos y acomodar cuatro monos emperifollados para una foto no requiere ningún arte o esfuerzo. Pero éste, como todo trabajo, tiene su ciencia. “No es fácil –dice Liliana Corzo, fotógrafa de sociales desde hace seis años–hay que saber tratar la gente y sortear malas condiciones de luz". Los horarios son disparatados. Tu llegas a la casa cansado de sonreír”.

Ha trabajado en Cromos y en Jet-Set. Algunos apellidos (Michelsen, Pastrana, Samper y Santos) han sido parte de la sección desde hace décadas. Caras recurrentes, los mismos con las mismas. Además de las precisiones de estilo, los fotógrafos hacen inmersión antropológica.

Ellos aprenden el comportamiento de la especie al punto de eliminar preguntas y agilizar la acción. “Primero ubicas al encargado de prensa – dice Liliana (Corzo) – y le preguntas sobre el evento y los invitados. Luego, reconoces el lugar para ver los espacios adecuados para hacer las fotos. Hay gente que no le gusta o no le conviene salir en la fotos con ciertas personas, entonces tú ya sabes y esperas a que esté con las personas que quiere salir”.

Corzo comenta que en general la gente es amable y colabora, aunque, a veces, no falta el divo o la estrella que atraviesa la palma de la mano por el lente o que tuerce el gesto y pone la espalda. “Uno debe ser cuidadoso. Alguna vez en un evento, estábamos todos los fotógrafos en un corral (espacio acordonado). Llegó María Ema Mejía y yo le grite: una foto, Noemí. Ella no se dejó tomar más y varios compañeros se quedaron sin la imagen”.  

Las páginas sociales benefician a todos los implicados. A las empresas y personajes les sirve de publicidad ya que invitan gente famosa y gracias a la sección su evento sale publicado en varios medios. Al nuevo jet-set le sirve para figurar y hacerse conocer. Y para el público tiene un atractivo irresistible porque, como piensa Liliana Corzo, “A los que salen les gusta mirarse y a la gente le gusta porque ve ahí lo que le gustaría ser”.

Después de todo, ¿quién quiere ver cómo se divierte un don nadie? Mejor si pueden reconocer a los personajes que salen en esa especie de Facebook fragmentado.

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