POR: El Vago del Rincón ILUSTRACIÓN: Carolina Rodríguez Miércoles, 16 Julio 2014

UNSUEÑO

Muchos, mucho más viejos que yo, con más mundiales encima, están diciendo que Brasil 2014 fue el mejor Mundial de la historia. Y al menos para mí, que los veo con fervor desde 1994, sí lo es. Pero de eso ya está hablando hasta Laura Acuña, y a mí mismo se me agotó el tema en las conversaciones que le siguieron a cada partido (menos los tres que me perdí). En honor a la histórica goleada que le propinó Alemania al peor Brasil de todos los tiempos, estas son las siete peores cosas del mundial. Según yo.

1. La polidactilia

Está bien que Brasil estuviera obsesionado con levantar su sexta copa del mundo, pero esto se salió de toda proporción, literalmente. Bautizada como Familia Hexa, es en realidad la familia Da Silva la que se encargó de aumentar el optimismo brasilero. De sus 24 miembros, 14 tienen seis dedos en sus manos y sus pies. Y, claro, aparecieron en cuanto noticiero había, abriendo sus manotototas y pronosticando que su equipo sería campeón. Su condición se llama polidactilia, y a esos deditos de más les dicen “dedos supernumerarios”. A la siguiente generación le va a salir otro dedo después de los siete goles con que Alemania sacó a su equipo en semifinales. 

“Dicen que mecanografío muy rápido pero no sé porque nunca he tenido cinco dedos para comprobarlo”. 

2. #Irrespect

Estaba por empezar el partido entre Colombia y Costa de Marfil y todos lo vimos: Serey Die, uno de los jugadores del cuadro africano, rompió en llanto cuando estaban en el himno de su país. Después se supo que al parecer al tipo se le había died el papá dos horas antes. Desde cuentas oficiales, como la de la Federación Colombiana de Fútbol, se empezó a difundir la noticia con ese hashtag que se puso de moda hasta para justificar los peinados de Cristiano Ronaldo: #respect. De hecho, el brazo beligerante de la superioridad moral twittera quería sacarle lágrimas el CM de Caracol porque, al parecer, había usado la imagen de ese pobre futbolista para hacer algún chiste, que tampoco importa. Horas más tarde, el mismo jugador marfileño dijo que el papá en realidad se había muerto en 2004 y que sólo lloró por la emoción de estar en un Mundial. Decepción total: los que iban a salir a marchar por el respeto lacrimógeno apagaron sus tablets y cerraron sus laptops. Mientras tanto, Serey Die:

TUMBLER

3. El pitbull

No, no estoy hablando de Gary Medel, el defensa chileno, ni del pésimo cantante boricua de la inauguración. Me refiero a Luis Suárez, que portaría mejor ese apodo. El uruguayo es, sin duda, uno de los mejores jugadores del mundo. Nada más en la temporada que terminó antes del Mundial fue el máximo goleador y mejor jugador de la exigente liga inglesa; y, de hecho, acaba de ser fichado por el Barcelona pese a que no puede jugar durante cuatro meses. Entonces, Luisito, ¿por qué? ¿Qué necesidad tenés de andar zampándoles mordiscos a tus rivales? Porque ya van tres veces –que sepamos–, con sus respectivas sanciones y promesas de no volverlo a hacer. ¿Entonces? Seguramente eran promesas de preescolar, como tus excusas: “me golpeé la cara contra el jugador dejando un pequeño moretón en mi mejilla y un fuerte dolor en mis dientes”. Claro, es que tus dientes son muy grandes. Y luego, después de que sus compañeros, su técnico, el país y hasta el Presidente de Uruguay lo habían secundado en su dicho de que el tal mordisco no existía, simplemente –en realidad como condición del Barcelona para contratarlo, lo que es mucho más mezquino– dijo que sí, que sí había mordido, que no era un montaje. O, bueno, que más o menos: “La verdad es que mi colega Giorgio Chiellini sufrió el resultado físico de una mordedura en la colisión que tuvo conmigo”. Como quien dice, una mordedura accidental. Sí, Luisito, todos entendemos que fue un choque normal pero que, pobrecito, tú eres muy dientón.

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5. Pepe

Hay quienes sostienen que uno no puede dejar de ser la costra que es por más que se convenza de lo contrario o de que las circunstancias lo ameriten. Si uno es futbolista costra, seguramente el Mundial es un momento para revisar ese comportamiento. Pero no si uno es Pepe, el portugués, no: llegó al evento futbolístico más importante a demostrar que en cualquier ámbito seguirá siendo el demente que siempre ha sido. Esta vez, en el primer tiempo del primer partido de su equipo, le pegó un cabezazo a un rival que se encontraba en el suelo y su equipo tuvo que afrontar el resto del partido, que ya iba perdiendo 2 – 0, con uno menos. Al final, perdieron 4 – 0. Claro, lo que pasó no sorprendió a nadie:

6. El otro Pepe

Ante el mordisco de Suárez, los uruguayos cayeron en una especie de estado de negación. Que la FIFA los estaba persiguiendo, que si el árbitro no vio no deberían suspenderlo, que si hubiera sido otro jugador no habría tanto escándalo… Y no, porque ningún otro jugador anda mordiendo gente en la cancha. Pero la peor defensa de todas fue, sin duda, la del presidente uruguayo, Pepe Mujica, el ídolo de la superioridad moral “progre” que ve en él al mandatario ideal, al ser pensante que sacaría al mundo de su decadencia por su manera perfecta de ver la vida, el genio que ha convertido a Uruguay en una especie de utopía. Pues bien, esa misma gran persona defendió al delantero de su Selección con argumentos dignos de candidato del Puro Centro Democrático: “no lo elegimos para filósofo, ni por sus buenos modales”. De hecho, también defendió lo indefendible convirtiendo su discurso en demagogia: “Uruguay es una nación chiquita y por eso les sale barata” y “la sanción es una agresión contra los pibes del pueblo uruguayo”. Por último, dijo que los de la FIFA eran una manga de viejos hijos de puta (que seguramente lo son), pero eso no le sirvió mucho a Suárez cuando después aceptó su mordisco y pidió una rebaja del castigo. Y acaso, ¿no que son unos hijos de puta?

7. La ausencia de Tévez (y de Messi)

Carlos Tévez es argentino, se coronó como el goleador de la liga italiana y fue campeón con la Juventus de Turín. Y, claro, le habría venido muy bien a un equipo que, como Argentina, no hizo un solo remate de gol en la final que perdió contra Alemania. Se quedó fuera de la Selección, al parecer porque Messi no se lo aguanta (o por cierta historia conflictiva con otros procesos de la selección). Carlitos, como le dicen a Tévez, seguramente no hubiera desaparecido en el partido definitivo como sí lo hizo la pulga –Messi–, que se convirtió literalmente en su apodo después de haber demostrado que sí es el mejor jugador del mundo contra equipos tan poderosos como Irán y Nigeria. Por eso hay cierta decepción en el ambiente. Tal vez parte de su desaparición se deba a la absurda muerte de un periodista del que era amigo, que sucedió en la previa al partido de semifinales, pero el caso es que era el momento en que todos, los que sabían esta infidencia y los que no, estaban de acuerdo en que Messi tenía que aparecer. Este era el Mundial en el que se iba a ver si finalmente Messi podía ser tan determinante como lo fue Maradona en su momento. Pero no: este fue el Mundial en el que entendimos que Maradona es una sumatoria de Messi y Tévez.

MESSI

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