POR: Alejandro Gómez Dugand Lunes, 13 Enero 2014


Una novela predijo que para 1984 toda acción humana iba a ser observada.
¿Qué tanto de eso vivimos en el año 2014?

1984

2014 (I)

Era una mañana brillante y fría de abril, y los relojes marcaban las ocho horas. G.O., su quijada sumergida en su pecho en un esfuerzo por escapar del viento terrible, se deslizó rápidamente a través de la puerta de vidrio de su edificio, pero no lo suficiente para prevenir que un torbellino de polvo entrara al lobby. En ese momento sonó su teléfono celular. Lo sacó de su bolsillo: en la pantalla estaba una foto de su mamá en la que sonreía su sonrisa de fotos “para el Face”. G.O. decidió rechazar la llamada, le devolvió un mensaje a su madre en el que le decía que la llamaba luego, que estaba ocupado, :( . Antes de que pasara un minuto, un ✓✓confirmó el envío y lectura del mensaje. Eran las 8:30 am. Tres cámaras registraron el evento, todas plenamente visibles: la primera estaba en la puerta del edificio, las otras dos patrullaban la calle. Desde su teléfono G.O. trinó: “Odio madrugar #zzzZZZ#KillMeNow”. El trino, geolocalizado por el celular, indicaba que G.O. apenas había dado dos o tres pasos desde que había atravesado la puerta del edificio. G.O. acomodó su bufanda, apretó la mandíbula y entonces su celular trató de imitar el sonido del obturador de una cámara abriéndose y cerrándose. G.O. publicó la foto en Instagram, Twitter y Facebook con el siguiente mensaje: “qué mierda de frío :o#selfie #nofilter #mañaneando”. G.O seguía siendo registrado por las tres cámaras. Eran las 8:37. El GPS indicaba que G.O. se había alejado cinco pasos de su portería. Su teléfono trinó y apareció un mensaje en la pantalla: “@BigBrother heyyyy! Q + parce. ¿Kuando nos pillamos? #longtimenosee”

Hace apenas 30 años…

Los personajes seguirían vivos. Winston y Julia. Y los del Ministerio de la Verdad. Y los torturadores. Es más: muchos de nosotros habríamos vivido en ese mundo que el escritor George Orwell dibujó en su novela 1984, publicada en 1949. Hace apenas treinta años habría ocurrido todo.

Treinta años.

Todos lo han leído, todo el mundo lo amó o lo odió en el colegio. Los mamertos lo usan todo el tiempo para hablar de la derecha y los de derecha que lo han leído (los dos o tres que hay por ahí y que leen) no se pierden la oportunidad de gritarle a los mamertos que el libro fue en realidad inspirado por los regímenes totalitaristas de izquierda que aberraron al muy liberal e izquierdoso Orwell.

Para los que no lo han leído, 1984 cuenta una muy bonita historia de amor entre un hombre mayor y una mujer joven, revolucionaria y medio ninfómana. Una historia de amor hermosa, digo, a pesar de que todo el mundo parece haberla olvidado y se ha concentrado únicamente en lo otro.

Lo otro, por si acaso, es tal vez una de los mejores ejercicios de escritura de la historia. Se trata del contexto en el que ocurre esa historia de amor entre el viejo Winston y la libidinosa Julia. Lo otro es un mundo imaginario que se ha convertido en una de las pesadillas recurrentes de la humanidad. Un país en el que el totalitarismo ha triunfado y el Estado –encarnado en la extraña entidad del Gran Hermano– espía a sus habitantes, controla lo que hacen, lo que ven, lo que consumen. Es un universo absolutamente deshumanizado. Las diversiones, por supuesto, son escasas. La comida es mala. El trago en los bares parece más gasolina que cualquier cosa. El sexo está bastante prohibido. Todos trabajan para El Gran Hermano y él, a cambio, los vigila y los bombardea de propaganda. Les dice qué y cómo pensar.


Por fortuna nuestra (e incluso de Orwell), 1984 no fue.

¡Fuif! Qué salvada.

Pues: como que casi, casi no fue.

O no tanto.

¡Fiuf!

Mejor dicho, muy poquito.

O de golpe un poco, si uno piensa por ejemplo que una de las herramientas más importantes del Gran Hermano es obligar a todos a hablar el newspeak, una versión del inglés tremendamente mutilada que tenía como propósito claro reducir la capacidad de la gente de expresarse, de revelarse y, en últimas, de tener ideas. Y pues, mrk, uno, o sea, como que, si uno ve, como que la gente como más joven, o sea, guón, uno como k hoy no ve que esa gente diga naaaadaaaaaa, gwon :S :S. Tenaz, en serio tenaz. Guón.

Pero es solo eso, el hecho de que cada vez el idioma parece más pequeño. Que cada vez los mensajes de texto tengan más emoticones que letras. Y que eso a la larga tiene algún efecto sobre la manera en la que la gente piensa.

Pero es sólo eso. De resto, 1984 no se cumplió. Qué pelota ese Orwell, solo le pegó a una.

Bueno, a dos: porque otra estrategia maravillosa del Gran Hermano era mantener una guerra eterna con un enemigo un poco difuso. Y fue hace muy poquito cuando cierto exgobernador paisa se cogió el puesto de la presidencia de Colombia y nos convenció de que su vecino de país, que no era otra cosa que él mismo pero del otro lado del espectro, era lo peor que nos podía pasar. Que ese venezolano era una amenaza para este país y que sólo él podía salvarnos de esa amenaza. Solo él. El Gran Hermano.

Reescribir los episodios incómodos de la historia patria un poco se parece a la manera en la que los países encriptan y manipulan información. Y pasa, digo. Por eso es que existe Wikileaks. Por eso es tan grave lo que hizo Julian Assange. Por eso es que el tipo está acusado de traición a la patria y por eso es que si EE.UU. lo agarra le aplica la pena de muerte. Solo digo.

Pero de resto, frescos. Estamos salvados. Es solo eso y un poco también el hecho de que una de las cosas que más le interesaba al Gran Hermano (y no digo más para no cagármele el libro a los que no lo han leído) era espiar a sus ciudadanos. Saber qué hacían a cada momento, qué pensaban, dónde estaban. Y pues hoy solo hace falta meterse en el muro del Facebook de alguien para saber en qué anda: [foto de sopa de papa] + [post]: “sopa de mamá para curar la gripa”. [selfie] “llegando al trabajo tarde #oops”. [status update]: “estoy cansada, odio a mi jefe y a mi trabajo. #quieroquemeabracen”.

Y no es por ponerme cansón, pero toda esa información está ahí, libre para que cualquiera (Google y todos sus clientes, para dar un ejemplo) saquen sus propias conclusiones. Es decir, por eso es que Amazon te recomienda las cosas que te gustan, porque lleva registro de lo que haces, de lo que revisas, de los que te gusta.

Pero ya. Tampoco es para tanto. Es eso y ya. Eso y que Maduro propuso el Ministerio de la Alegría, que es algo que literalmente existe en 1984. Y ya.

Eso y que hoy el control de la sexualidad es absoluto y que el aborto es prohibido.

Y ya.

Y un poco el hecho de que, en Colombia, por ejemplo, el periódico más leído parece la cartelera de noticias del Palacio de Nariño.

Y que Alejandro Ordoñez existe.

Y ya.

Y que en un continente como Latinoamérica los discursos políticos son cada vez más polarizados, donde las opiniones intermedias y grises (doublethink, lo llamaría Orwell) no tienen cabida.

O que, LITERALMENTE, existe Gran Hermano, un reality show que marcó el parámetro de muchos otros en los que la gente, de manera consciente, vende su intimidad.

Pero de resto, ¡fiuuuuuuf! Nos salvamos. ¿Se imaginan si Orwell hubiera tenido razón?

2014 (II)

G. O. Llegó a su oficina a las 9:10 am. Así lo registró su GPS, dos cámaras de seguridad y el dato que quedó en el torniquete de la entrada del edificio en el que trabajaba. En el ascensor se encontró a un amigo que le preguntó por qué se quejaba tanto de madrugar.

— ¿Qué quieres decir?

— Que tu Facebook está lleno de gente diciendo que eres el peor madrugador del mundo.

G.O. Sacó un pequeño diario que había comprado hace unos días en un anticuario y anotó en tinta: “quiero escribir un libro que se llame 2084, en el que se explorará un mundo en el que la intimidad se hubiera perdido, donde nadie pensara diferente a nadie”. La caligrafía era pésima, G.O. no escribía con un esfero hacía mucho tiempo. Agarró su celular, tomó una foto y la publicó con un tuit que decía: “Soy un genio aunque tengo letra de niño especial. #ideasparasermillonario”.

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Libro Retro