Nueve: un tiple dark

No se trata de un bambuco ni de un pasillo enrazado con Béla Lugosi. No es la banda sonora de una película de Carlos Mayolo, tampoco es una canción perdida del dueto colombiano Garzón y Collazos. Nueve fue una banda underground bogotana en plenos años noventa con influencias de sonido gótico.

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foto promocional nueve

[ Foto promocional archivo Nueve, 1990]



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uentan sus fieles seguidores que en 1989 nació Nueve. Una banda que no dejó ningún disco grabado, su peculiar propuesta radicaba en la utilización de un instrumento de fabricación casera, tan ajeno al rock como un tiple eléctrico. Su sonido estaba bajo la influencia de bandas como Cocteau Twins, Clan of Xymox, Bauhaus o incluso Joy Division, mezclado junto a compositores como Schoenberg, Debussy o Bartók.

Pocas eran las pistas de la existencia de esta agrupación, pero ese recuerdo aún está grabado en la memoria urbana de varios jóvenes que vivieron la escena musical de los años noventa en la ciudad de Bogotá. La primera prueba de la existencia de Nueve apareció el 13 de agosto de 1990 en la revista Cromos, una reseña de Ben Nevis, álter ego del periodista Gustavo Gómez Córdoba, quien redactó en el espacio llamado Cromo-rock: “Nada en Nueve es convencional. Su trabajo no se presta para términos medios: la gente los adora o los detesta y ellos están complacidos de que así sea”, allí aparecían los nombres de Andrés Arias y Daniel Ramírez. Esas pistas hacían de este mito una realidad.
poster promocional concierto

[Póster  promocional concierto en Barbarie  y  Bar Rapsoda, archivo Nueve]

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Hágalo usted mismo

Nueve se formó luego de la disolución de una agrupación citadina llamada ADN, un poderoso trío cuyo sonido tomaba elementos prestados de The Police, XTC y otras tantas agrupaciones de la denominada escena New Wave. Su paso por las tarimas bogotanas fue efímero pero suficiente para poderlos considerar de culto, como novedad su bajista había construido su propio instrumento. ADN nunca llegó a grabar un disco y solo reposan cintas de ensayos en un cajón del recuerdo. En 1988 Nicolás Uribe, Andrés Arias y Daniel Ramírez decidieron frenar la banda. Nicolás se unió a la agrupación Hora Local y Andrés junto a Daniel decidieron continuar unidos bajo el nombre de Nueve.

La mente creadora tras el concepto de Nueve fue Andrés Arias, su lema: “Hacer cosas sencillas pero al mismo tiempo complejas”. Andrés hoy niega ser un luthier, pero sin duda en el fondo es un constructor del sonido, una persona inquieta, obsesiva, que tuvo la noción de fabricar los instrumentos de su banda: “Hice lo que muchos en ese tiempo, como no teníamos los recursos para conseguir una guitarra eléctrica, construí un bajo sin trastes y luego el tiple eléctrico, pero no uno al que se le pone un micrófono y ya, porque pensé que era una buena idea tener un sonido más propio”.

En esa búsqueda hubo varios intentos de personalizar la percusión de la banda. Daniel Ramírez empezó a probar con diferentes elementos: “Utilicé una guama, aguantaba los golpes pero destrozaba los parches de la batería, luego de muchos intentos hicimos unas baquetas-maracas que decidimos llamar baracas, después de tratar con varios materiales conseguimos pelotas de plástico con granos de arroz y las incorporamos a las baquetas, esas resistieron hasta el día de hoy”.

Jairo Serrano, integrante del grupo de música antigua, renacentista y barroca: Música Ficta, fue teclista en los inicios de Nueve, cuenta que Andrés tenía muy definidas las ideas del grupo, todo enmarcado en una incipiente escena: “Había mucho surgiendo en Bogotá en esa época a nivel cultural y de rock nacional, lo nuestro era una búsqueda por una identidad propia muy fuerte, fue un momento muy productivo”.

fotograma ducumental

[Fotogramas del documental Sonidos Ocultos – Dirección: Mauricio Pardo 1991]

El debut del tiple eléctrico se dio el viernes 9 de Marzo de 1990 en un bar llamado Barbarie, ubicado en la calle 10 # 3-87 barrio La Candelaria, hogar y negocio en ese entonces, de Héctor Buitrago y Andrea Echeverri. Andrés comenta: “Yo recuerdo que para el primer concierto hice un afiche en blanco y negro con la imagen del torso de una mujer embarazada, lo pusimos por las calles cerca a la Universidad de Los Andes que era donde estudiábamos, yo creo que ese afiche fue muy atrayente porque esa noche no cabíamos en el sitio”. Así la banda se convirtió en una más de esa tribu rock que se movía por las pocas tarimas de la capital en ese momento.

Para Héctor Buitrago, en ese momento de paso entre La Pestilencia y Aterciopelados, la idea de abrir el bar fue cumplir con tres puntos fundamentales: “La única posibilidad que tenían los grupos en ese entonces, era tocar en uno de estos bares y habían pocos, ahí dijimos: no tenemos dónde ensayar, no tenemos dónde tocar, no tenemos incluso de qué vivir, pues montemos un bar y ahí tenemos todo, ese fue Barbarie”. Lamentablemente después de un año de funcionamiento Barbarie cerró sus puertas por quejas de los vecinos y, como el título de una película colombiana, les tocó irse con su música a otra parte.

cassets

[Cassette demo 1990, archivo Nueve – Casete en Vivo 1992, archivo José Enrique Plata]

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Tener una banda en los noventa

La memoria urbana de la mayoría de jóvenes en la década de los años noventa está llena de recuerdos negativos, visiones apocalípticas de una Bogotá sumida en el miedo, el peligro, doblegada por el narcotráfico. “Esa era la época de las bombas, una época difícil pero buena, aunque uno pensaba que se podía morir, había como una cosa así de sed de hambre de hagámoslo porque de pronto no duramos, que tenía su encanto” — parte de esto que recuerda Andrea Echeverri, cantante de Los Aterciopelados, fue clave para muchas agrupaciones de aquel momento—.

Tener una banda en los noventa se convertía en toda una experiencia artística. Fabricar los instrumentos, crear la música, la letra de las canciones, y como complemento toda la propuesta gráfica y de puesta en escena. Andrés armó unas imágenes dibujadas en diapositivas que posteriormente fueron proyectadas en vivo sobre un telón justo detrás de los integrantes de la banda: “Como nosotros no teníamos muchos recursos, una alternativa fue hacer diapositivas, yo hacía como unos cuadros muy coloridos con formas abstractas”. Las diapositivas pasaron a mejor vida, en un concierto se quemaron porque el proyector del lugar no tenía ventilación, Andrés agrega: “La última canción que tocamos esa vez fue totalmente a oscuras, sin el apoyo de las imágenes, era la canción titulada Noche precisamente, a la gente le gustó porque pensó que todo era parte de la puesta en escena”. Esta presentación se realizó en la sala Oriol Rangel del Planetario Distrital de Bogotá el 31 de julio de 1992, en el evento Encuentro de Música Joven. Allí desfilaron entre 1992 y 1994 varias bandas bogotanas emergentes: 1280 Almas, Obra Negra, Morfonia entre otras; esta iniciativa fue crucial para la creación del Festival Rock al Parque. Ese primer Encuentro de Música Joven lo organizó el Instituto Distrital de Cultura y Turismo, la subdirección de fomento y desarrollo cultural, a cargo de la que es considerada la madre de Rock al Parque, Bertha Quintero. Nueve fue la novena y última banda en presentarse allí. Recientemente apareció un registro de audio de aquél concierto, una grabación en cassette capturado de la consola, da muestra de lo que allí sucedió y tal vez ese audio pueda ser resumido en las palabras del dueño de la cinta, José Enrique Plata: “Nueve para mí significó que había un espíritu creativo que no buscaba la corriente común”. Iniciaba la etapa de bares alternativos en donde los jóvenes noventeros buscaban otras sonoridades y otros lugares de encuentro.

caratula cassette nueve

[Carátula cassette demo 1990, archivo Nueve]
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Una escena alternativa, justo detrás de tus Ojos.

Fueron pocas las bandas que se pudieron dar el lujo de grabar en un estudio profesional, muchas contaron con los recursos de estudios destinados a la música publicitaria, otros grabaron de forma casera en el cuarto o la sala de la casa. Éste último proceso era realizado en consolas de 4 o de 8 canales en una cinta de cassette.  Iván Rodríguez, ex integrante de las agrupaciones Señora Rosa y Yuri Gagarin cuenta: “En los años noventa grabar era un complique, era un proceso muy costoso, había que ir a un estudio de grabación o grabar uno mismo, tocaba trabajar con lo que había”. El primer registro sonoro del tiple eléctrico se realizó en junio de 1989 en un estudio de grabación situado en el barrio Nicolás de Federmán. En esa grabación participaron Daniel Ramírez en la batería, Jairo Serrano en los teclados, Andrés Arias en la voz y el bajo sin trastes, junto a Carlos Andrés González en el tiple eléctrico, allí grabaron Paisaje Eterno y Detrás de Tus Ojos; canciones que quedaron guardadas en un cassette que nunca tuvo una distribución comercial.

Julián Correcha comunicador social y melómano, fue uno de los pocos que lograron conseguir el cassette demo, su cinta es testimonio de la propuesta de Nueve y su tiple eléctrico. Esa cinta apareció en 1993, Julián recuerda que asistió al bar La Floristéria ubicado en la carrera 7 #65-01, lugar de esparcimiento clave para la escena musical alternativa de la ciudad en ese momento: “Esa noche tocó Nueve y me presentaron a Andrés, le dije que me gustaba su música, días después fui a su casa, allí de cassette a cassette me duplicó su primer demo”.

logo y poster

[Logo Nueve y póster promocional concierto en Barbie, archivo Nueve]

En ese concierto, realizado el 25 de septiembre de 1993, también se encontraba Guillermo Patiño, quien era realizador del programa Radio Paramecio que se emitía los sábados a las 4 de la tarde, en la ya desaparecida Musicar Fm 97.9 espacio donde se programó el demo de Nueve, Guillermo dice: “El concierto fue muy emotivo porque la banda estaba casi disuelta en ese entonces.  Para la puesta en escena se montó una tarima justo enfrente de la cabina del DJ, que era la carcasa de un Volkswagen cortada por la mitad y se pusieron docenas de velas alrededor de ella”.

El grupo se presentó en Rock al Parque el 27 de mayo de 1995 en el Parque Simón Bolívar (segundo día de la primera versión del Festival), tocaron luego del Zut, agrupación encargada de abrir. “Fui al primer Rock al Parque, vi a Nueve, Andrés salió con el cuello pintado de negro hasta la barbilla, me pareció bien gótica la vaina, eran excelentes pero el Festival no fue el ideal para ellos”, esa fue la percepción de Andrés Barragán (ex guitarrista de la agrupación Ultrágeno). La banda se presentó un año después en la segunda versión del Festival, en la tarima de la Media Torta (Domingo 19 de mayo de 1996). En ese momento Andrés contó con la participación de Nicolás Montañez en el Bajo y Tiple Eléctrico y a último momento para esta presentación se sumó Andrés Giraldo quien había sido el primer baterista de Los Aterciopelados. Nicolás recuerda sobre su paso por la banda: “A Andrés lo conocí desde chiquito en el colegio, tiempo después nos empezamos a juntar y a tocar. Fue toda una experiencia, un aprendizaje, fue encontrar nuevas formas de hacer música, una experiencia muy buena”.


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Coda

Con la colaboración de Champi Benavides, compositor y pianista colombiano, Nueve grabó otros  demos,  temas que tampoco vieron la luz al igual que otros que fueron desarrollados en 1992 bajo el concepto del roxón, idea que fue registrada por Andrés en derechos de autor. “La salsa siempre me gustó, percibía que otras bandas incluían la conga en su música, sentí que si uno iba a hacer una fusión debía ser algo profundo, no tan superficial, mi idea fue transponer la célula rítmica de la conga a la batería sin necesidad de tocar con la conga, así nació el rock-son (roxón)”. Al final, Nueve quedó congelado en tiempo y espacio pero nunca terminó como proyecto artístico, la mayoría de sus integrantes se fueron del país a estudiar, aunque nunca descuidaron su carrera musical, Andrés viajó a Escocia y estudió ingeniería de sonido, al poco tiempo formó el proyecto Achiote; Daniel y Jairo por su parte conformaron el proyecto Filigranas, aún vigente.

Existe un registro audiovisual del tiple eléctrico,  en la memoria y recuerdos de personas de esta generación noventera queda un instrumento de tipo futurista, poco convencional, su forma recordaba a un bajo eléctrico, su diapasón era en arce, el cuerpo en nogal, el puente fue hecho en plata con ayuda de una persona anónima, los micrófonos fueron de fabricación casera, algo casi impensable para la época. Treinta años después de su elaboración sobreviven algunos de sus pedazos. Andrés asegura: “Todo lo hice para generar un lenguaje propio musical, darle un carácter colombiano involucrando el ritmo, así descubrir un nuevo horizonte sonoro. Si me piden que lo vuelva hacer no tengo problema porque si algún día las circunstancias se dieran para necesitar otro tiple eléctrico, pues yo lo hago”.

foto andres ariasy daniel

[Foto Andrés Arias y Daniel Ramírez]



No todo ha sido en vano en la historia del rock nacional, es necesario, dar visibilidad a estas historias mínimas, aquellas que muchos dan por contadas o recicladas. Finalmente, son la inspiración para las nuevas generaciones,  a no desconocer nuestro pasado musical, incluso de guía en las acaloradas disputas sobre la supervivencia del rock, de ese rock criollo que venimos escuchando desde hace varios años. Hoy luego de 30 años, la música de Nueve está más vigente que nunca, próximamente saldrá a la luz un vinilo que incluirá parte del material que quedó guardado. Ésta será la oportunidad de sumergirse en la música de una banda que algunos recuerdan haber visto en vivo, también será el momento para que otras generaciones puedan compartir este sonido que estaba encapsulado en cintas de cassette.

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