El parche caleño del Art Toy
Un grupo de artistas, diseñadores, arquitectos y tatuadores caleños ha encontrado en el art toy una práctica para consolidar sus creaciones que usan como base juguetes y figuras de colección intervenidos para hacer piezas únicas e irrepetibles.
Aunque la humanidad lleva más de 5000 años fabricando juguetes, a la intervención de piezas tridimensionales más allá del juego se le considera como una tendencia artística hace menos de un siglo, bajo el nombre universal de Art Toy. En Colombia, esta práctica ha tomado fuerza en los últimos años y, tal vez, no haya un colectivo más consolidado que el de Toy Makers Cali, un grupo de diseñadores, arquitectos y tatuadores que han situado su trabajo en redes, estudios y eventos dedicados específicamente a esta técnica.
Aunque existe un espectro considerable de materiales para la realización del art toy, tradicionalmente su esencia se ha enfocado en la creación de figurillas en soft vinyl (vinilo blando), también conocido como sofubi. La razón de esta especificidad es el origen de la técnica. Todo comenzó en el Japón de la posguerra que, devastado por la derrota bélica, dos bombas atómicas y el reto de superarse como sociedad, aplicó una serie de normas estrictas sobre la optimización de recursos que, en el caso de materiales como el metal, se destinó únicamente a su aprovechamiento en infraestructuras.

La escasez no detuvo la creatividad de los japoneses que, ante la crisis, decidieron crear juguetes en materiales más baratos, como madera, hojalata, cartón y, por supuesto, papel (que en sus manos legó al mundo la popularidad del origami que practicaban hacía siglos). Ya en la década de los cincuenta, con una industria emergente a una velocidad feroz, la fabricación de juguetes encontró en el plástico y el PVC nuevos soportes, hasta el surgimiento del sofubi ente 1958 y 1962. Su maleabilidad, resistencia y economía fueron perfectos para darle impulso a esta tendencia artística que se abría camino a pasos de Godzilla, literalmente.


Ya en la década de los ochenta y noventa, el art toy se presenta ante el mundo como una práctica artística en sí misma, cuyas principales geografías de referencia tenían lugar en Hong Kong y Japón, con figuras legendarias como Michael Lau y Eric So, que dejaron claro que se trataba de algo serio cuando comenzaron a intervenir figuras de acción con diseños alegóricos a culturas urbanas como el skateboard o el hip hop. Ya en la primera década del siglo XXI aparecen figuras latinoamericanas como el mexicano Frank Misterio y fue cuestión de tiempo para que se expandiera por el resto de Latinoamérica.

De acuerdo con Iván Espinel, diseñador de profesión, fundador del espacio creativo Artefacto Inc y organizador para Colombia de Art Toy Con (una de las principales plataformas latinoamericanas dedicadas al juguete de diseñador), desde hace más de veinte años ya había colombianos dedicados de lleno al art toy, fabricando sus propias figuras o impregnando otras con sus sellos personales, pero solo hasta hace unos diez años comenzó a tomar forma de gremio.
Es ahí cuando aparece Julián Mauricio Trujillo Lozano, egresado de Diseño Industrial de la Universidad Nacional sede Palmira, quien se ha dedicado desde sus primeros pasos profesionales a la escultura con fibra de vidrio. Durante la pandemia comenzó a compartir contenido en TikTok en los que mostraba la fabricación desde cero de sus propias creaciones que, rápidamente, se hicieron virales y llamaron la atención de artistas del comic como Juan Silva y Juan Solarte, que empezaron a contactarlo para llevar a la tridimensionalidad algunos de los personajes de sus viñetas.


Entre uno y otro contacto, entre uno y otro evento de comic y diseño, Julián conoció a otros entusiastas del art toy en Cali, como Alejandro Marmolejo, Cristian Hortúa, o Luis Montoya, cada uno con sus propios proyectos y estudios creativos que, al encontrarse una y otra vez en el mismo espacio, decidieron juntarse y crear su propio colectivo: Toy Makers Cali.
Sus creaciones, diversas y representativas de lo urbano, lo tropical, lo caótico, lo fantasioso, lo futurista o lo monstruoso, mezcla de capas de creatividad, interpretaciones y reinterpretaciones del arte contemporáneo con un distintivo sello valluno, que no solo ha encontrado un público fiel en Cali, sino que ya expande un mercado único de esta tendencia en Colombia, y ha conmenzado a está legar algunas de las figuras coleccionables más apetecidas entre los seguidores de esta práctica en Latinoamérica.

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