Pasar al contenido principal

 

Escribe más de 3 caracteres

ansiedad y bienestar

La ansiedad de medir el bienestar

Medir pasos, contar calorías, programar las horas de sueño, acumular marcas personales de kilometraje, planificar ayunos y respiraciones… son muchas las recomendaciones cotidianas que hoy pulalan con aparatos y cachivaches tecnológicos incluidos, como hábitos para procurarnos nuestro bienestar pero su exceso puede producirnos el efecto contrario: la obsesión por cumplir metas que pueden producirnos una ansiedad que termina en daño.

Hace unos años usé un reloj que indicaba cómo había sido la curva de mi sueño cada noche: formas perfectamente simétricas y bajo todos los parámetros REM: un caso de estudio de un sueño reparador y envidiable. No lo usé por muchas semanas ya que las mañanas, recién despertaba, se empezaron a convertir en una especie de juego entre el aparato y yo: qué tan descansada me sentía realmente no importaba hasta que la contundencia de los datos me lo dijera ¿Cómo podía entonces mejorar esas curvas del sueño todavía más?, hacer explotar al reloj con la perfección de un descanso de manual médico. Desde entonces, a estos relojes se han sumado otras formas, objetos y apps para arrojar métricas: contabilización de pasos, registro de días en el gym, registro de calorías, consumo de azúcar, café ¿Pero acaso esto está mal?, que estemos atentos y atentas a nuestra salud no debería ser motivo de preocupación pero, ¿cuál es la frontera?, ¿cuándo ese borde borroso se vuelve nocivo?

Cuando los datos persiguen nuestros pasos

Recuerdo que hace un tiempo vi una noticia en la que un reloj como estos había salvado la vida de una persona al indicar que estaba teniendo un paro cardiaco. Indudablemente la aceleración de la tecnología le sirve a la investigación de la salud, y sería injusto desestimar su valor transformador. Desde una perspectiva puramente clínica, la precisión de los sensores actuales representa un avance histórico para la medicina preventiva. La literatura médica documenta con frecuencia creciente cómo el monitoreo continuo con sensores de electrocardiograma en tiempo real ha permitido identificar episodios de fibrilación auricular asintomática con una sensibilidad superior al 80 %. Para miles de usuarios en el mundo, la alerta temprana de un pulso anómalo en reposo ha sido la diferencia exacta entre una consulta ambulatoria a tiempo y una emergencia hospitalaria severa. Sin embargo, en esa ruta, a la par de la perfección de los parámetros para medir y contabilizar, aparecen otras preguntas: ¿Qué tan “sano” es estar midiendo constantemente el bienestar?, ¿el afán por la contabilización de los buenos hábitos se nos está convirtiendo en una ansiedad extra?, ¿se han vuelto acaso las rutinas pensadas en el bienestar en otro punto de nuestro checklist del día o la semana? Para Rosana Gluck, psiquiatra adscrita a Colsánitas, “cuando se pierde el equilibrio en esas mediciones deja de ser bienestar y pasa a ser una obsesión que consecuentemente genera síntomas ansiosos. No hay un punto exacto, es algo personal, individual, pero “esas cosas buenas” se transforman en sobrecarga de información y por ende en una sobrecarga emocional que lleva a que lo beneficioso se gire en contra de nosotros mismos” .

Especialistas del comportamiento y la medicina del sueño señalan que entre un 2 % y un 5 % de las personas que utilizan dispositivos de seguimiento desarrollan ortosomnia, una fijación obsesiva por lograr métricas perfectas que termina por desencadenar, irónicamente, episodios de insomnio y ansiedad. Al convertir el descanso en una meta evaluable, la mente entra en un estado de hipervigilancia: el pánico a no alcanzar la cuota ideal de sueño REM activa el sistema de alerta del organismo, fragmentando la noche y transformando la cama en un escenario de batalla. Es un hecho: como seres humanos nos encanta chequear tareas, ponerle la X o el chulito a lo que realizamos con éxito. 

Este fenómeno no se limita a la noche o únicamente al sueño; se extiende a cada latido, paso y caloría del día: un estudio publicado en Journal of Medical Internet Research (JMIR) titulado ¿Tus dispositivos vestibles te están causando ansiedad por la salud? / El impacto psicológico de los rastreadores de salud, arroja que al examinar el impacto psicológico de la tecnología vestible en usuarios jóvenes, hasta un 30 % de las personas experimentan niveles moderados de angustia o culpabilidad cuando no alcanzan los objetivos fijados por sus aplicaciones. Las lecturas de variabilidad de la frecuencia cardíaca o los contadores de pasos, diseñados conceptualmente como herramientas de autocuidado, pueden transformarse en jueces silenciosos que alimentan un bucle de insatisfacción constante si la fisiología no responde exactamente al estándar algorítmico: es casi volcar a la tecnología un conocimiento más físico y propio.

Sobre la pulsión humana de parametrizar nuestras acciones, Gluck comenta que “es una orientación biológica que nos ayuda a ubicarnos socio-culturalmente, pero también está basada en mecanismos como el estrés para “calcular” el riesgo o peligro, que desde los inicios el humano necesitaba tener en cuenta para sobrevivir. Sin embargo desde lo cultural ha ido incluyendo otros factores como el entorno, coordinar con otros, cumplir responsabilidades y todo lo que tiene que ver con nuestro rol social”. La promesa de la precisión digital ha llevado el laboratorio médico directamente a nuestra cotidianidad, pero la brecha entre la métrica objetiva y la vivencia subjetiva sigue siendo profunda. Una investigación reciente liderada por la académica Eiko Fried y publicada en la Revista de Psicopatología y Ciencias Clínicas tras monitorear durante tres meses a cientos de usuarios, analizó la validez de las alertas de "estrés" y "fatiga" que emiten los smartwatches de consumo masivo. El resultado fue contundente: la correlación entre los niveles de estrés reportados por el algoritmo y la vivencia emocional real de la persona fue "básicamente cero". Un pulso acelerado capturado por un sensor óptico puede responder al entusiasmo de una buena noticia o al café de la tarde, pero el reloj, incapaz de leer el contexto, emite una notificación de alerta que predispone al usuario a sentirse angustiado.

El dilema se agrava en la región, donde la adopción acelerada de tecnología médica portátil avanza en paralelo con una latente crisis de salud mental. Frente a este panorama, instituciones como la Universidad Central en Colombia han abordado el análisis de procesadores bioinformáticos capaces de detectar signos incipientes de depresión y ansiedad a través de variables conductuales. Sin embargo, la investigación advierte que la efectividad de estas herramientas depende enteramente de la mediación clínica. Entregar la masa cruda de datos a un usuario no entrenado suele disparar conductas de comprobación compulsiva, donde el individuo monitorea su pulso varias veces por hora en busca de una anomalía que confirme su propio temor. Es casi dejarle a los aparatos un conocimiento natural de nuestro propio cuerpo, ¿si no sé yo cómo me siento, quién vendrá a decírmelo?, la cantidad abrumadora de métricas disfraza en muchas ocasiones de conocimiento una verdad incómoda: estamos cada vez más desconectados del cuerpo que habitamos día a día.

El control “saludable” sobre los cuerpos ajenos

En el ecosistema institucional y de seguros, la "cultura de la métrica" está reconfigurando la noción misma de responsabilidad individual. En varios mercados, programas de bienestar corporativo y aseguradoras han comenzado a monetizar el cumplimiento de metas biológicas diarias. El ejemplo más claro es UnitedHealthcare Motion, un programa de la aseguradora estadounidense donde los afiliados pueden recibir hasta 1.000 USD al año en sus cuentas de ahorro para la salud si cumplen religiosamente con tres parámetros diarios de caminata: frecuencia, intensidad y perseverancia, registrados por su wearable. Lo que inició como una sugerencia médica se transforma así en un contrato financiero: el cuerpo que rinde bajo el estándar del algoritmo del “bienestar” es un cuerpo que recibe recompensa directa.

Esta dinámica ha encontrado un terreno fértil dentro de las corporaciones a través de divisiones especializadas como Garmin Health Corporate Wellness o Fitbit Care. Estas firmas venden lotes masivos de smartwatches a departamentos de Recursos Humanos para integrarlos en plataformas internas donde las empresas monitorean y premian a los empleados que cumplen las cuotas fijadas de pasos o sueño, buscando reducir las primas y costos de cobertura médica de la compañía. Aunque la intención declarada es la prevención y el fomento de hábitos saludables, el reverso es innegable: se introduce una sutil dimensión de control laboral sobre los cuerpos, donde el autocuidado deja de ser un espacio autónomo de bienestar para convertirse en un indicador de productividad corporativa: desviarse de la norma “saludable” penaliza, simbólica o financieramente, al trabajador.

Yo soy quien está sintiendo mi cuerpo

Para Gluck, la forma más sencilla de abordar esta ansiedad, al margen de los fenómenos estructurales que ha alcanzado, es detenerse y sentir desde el propio cuerpo: “Sin equilibrio no hay bienestar. El dejarnos llevar o no son decisiones y cada uno como persona decidimos sobre nuestro comportamiento. El lograr ese equilibrio o no va a depender de cada uno, cuánto voy a incorporar de una información, de donde voy a tomar esa información, cual es la palabra que genera un conocimiento para mí y cuál me hace daño”. La frontera entre la prevención inteligente y la hipervigilancia agotadora es, en última instancia, una cuestión de atención consciente. Los wearables son mapas valiosos, pero jamás deberían reemplazar lo más tangible: la experiencia viva, intuitiva y cambiante de habitar el propio cuerpo. Cuidar la salud también implica saber cuándo quitarse el reloj, respirar hondo y recordar que el bienestar no es un checklist diario impecable, sino la capacidad flexible de atender a lo que sentimos sin necesidad de traducirlo, a cada segundo, en una cifra.

Sara Juliana Zuluaga García

Periodista, narradora documental y editora, nacida en Armenia, Quindío. Su trabajo se ha enfocado en las dinámicas culturales y medioambientales de la región desde la narración escrita y la fotografía. Actualmente es editora en la revista Dos Aires, que funciona entre Colombia, México y Francia. Colabora con crónicas, análisis y ensayos escritos y visuales para diferentes medios de comunicación. En su tiempo libre disfruta cocinar, nadar y leer.

Periodista, narradora documental y editora, nacida en Armenia, Quindío. Su trabajo se ha enfocado en las dinámicas culturales y medioambientales de la región desde la narración escrita y la fotografía. Actualmente es editora en la revista Dos Aires, que funciona entre Colombia, México y Francia. Colabora con crónicas, análisis y ensayos escritos y visuales para diferentes medios de comunicación. En su tiempo libre disfruta cocinar, nadar y leer.

Cultura Pop
Le puede interesar

De todas las cosas que la IA puede solucionarte una no es tu salud mental. Te contamos por qué.
Bacanika
Bacánika
-Octubre/26/2026
De tanto querer hacernos bien, a veces nos pasamos y terminamos en una obsesión por la salud que puede tornarse contraproducente.
Hay series de televisión tan trascedentales que podrían convertirse en un tratado sobre la existencia. Presentamos algunas de ellas
Bacanika
Bacánika
-Octubre/26/2026
Los juegos callejeros colombianos formaron a más de una generación. El chicle americano, la golosa o las escondidas son parte del recuerdo colectivo y mugroso de aquellos años de infancia en la cuadra del barrio.
Gavilán
-Octubre/26/2026
Conoce las 26 obras seleccionadas para del Premio Arte Joven 2026. Una muestra del arte emergente colombiano que se inaugura este 22 de octubre en la Galería Nueveochenta.
Bacanika
Bacánika
-Octubre/26/2026
El herpes zóster suele presentarse primeramente en la infancia. El responsable es el virus varicela-zóster, el mismo que causa la varicela. Después de superar la infección, el virus no desaparece del organismo completamente, aquí lo que sucede en el cuerpo cuando está presente y activo.
Bacanika
Bacánika
-Octubre/13/2026
¿Qué pasa cuando una valla publicitaria se convierte en obra de arte? Obras en calle es la iniciativa que lo hace real en Bogotá
Mariana Martínez Ochoa
Mariana Martínez Ochoa
-Octubre/05/2026
Terminó la espera. Conozca los seleccionados al Salón Visual Bacánika 2026
Bacanika
Bacánika
-Octubre/02/2026