La IA no es tu psicóloga: razones por las que deberías dejar de usarla como terapia
De todas las cosas que la IA puede solucionarte, una no es tu salud mental. De hecho, en busca de tu tranquilidad podrías estar encontrando todo lo contrario: hacerte tu propio callejón sin salida. Te contamos por qué los chats y los bots no son las mejores herramientas para tramitar tus problemas y por qué, como ya se sabe, lo mejor siempre será ir a terapia y aprender sobre ti mismo de la mano de un especialista.
No: no vamos a satanizar la IA. Sabemos que hoy la usamos para todo y sí, es la herramienta ideal para solucionar muchas de las tareas que normalmente nos complican la vida: desde comparar que producto es mejor hasta hacer tablas en Excel, es cierto que la IA ha llegado para facilitarnos la vida cotidiana. Sin embargo, nuestros problemas de salud mental no son una de esas cosas de las que se pueda hacer cargo.
“La IA tiene una ventaja que puede convertirse en una desventaja: tiene mucha información y puede procesarla muy rápidamente pero, hasta ahora, no tiene la experiencia que ponga en práctica esa información”, explica Elizabeth Linares, psicóloga adscrita a Colasanitas. “Es como si te leyeras todos los libros de medicina de una biblioteca: por más que los tengas en la cabeza, eso no quiere decir que estés capacitado para hacer una cirugía”.

De esa dicotomía se desprende algo poco mencionado: la apariencia de experiencia con la que la IA arroja respuestas. Y a eso se suma su accesibilidad: todos sabemos o sentimos que estamos a un clic de tener respuestas disponibles a cualquier hora y, encima, su tono cauto y sin juzgar permite que muchas personas se sientan en confianza para compartir pensamientos que quizá nos cuesta compartir con otras personas. La necesidad de encontrar apoyo es real. No en vano, se calcula que, actualmente, el 38% de los adultos utilizan asistentes de inteligencia artificial de forma semanal para apoyo emocional o asesoramiento, mientras que los chatbots registran aproximadamente 700 millones de usuarios semanales a nivel global.
Por otro lado, según la Organización Mundial de la Salud, aproximadamente una de cada ocho personas en el mundo vive con un trastorno mental. Sin embargo, no todos tienen la posibilidad de acudir al psicólogo inmediatamente y, en ese vacío, la facilidad de acceso hace que muchos solo consulten a su asistente virtual de confianza. Pero no debe confundirse esa facilidad con la calidad de la atención que ofrece un profesional. “La IA esta programada para hablarte de manera amable siempre y darte una respuesta que se acomode a lo que tú quieres escuchar: eso es lo que llamamos una falsa empatía. Y, por supuesto, para cualquier persona va a ser chévere que le hablen así. Pero eso no quiere decir que realmente esté atendiendo tu problema”, explica la doctora Linares.
Es decir, una conversación que nos hace sentir comprendidos no necesariamente constituye una intervención psicológica adecuada, y el alivio inmediato que puede producir una respuesta no garantiza que esta sea acertada o beneficiosa a largo plazo. Y ahí está la gran diferencia: los modelos generativos producen respuestas fluidas, utilizan un lenguaje empático y pueden adaptar sus recomendaciones a lo que una persona les cuenta. Pero no comprenden el sufrimiento humano como lo hace un profesional que evalúa a un paciente, ni cuentan necesariamente con información real y suficiente de tu caso para interpretar sus circunstancias.
Un estudio publicado en JMIR Mental Health en 2025 comparó las respuestas de terapeutas humanos con las de chatbots basados en modelos de lenguaje. Los investigadores encontraron que los sistemas automatizados recurrían con mayor frecuencia a afirmaciones tranquilizadoras y consejos directos, mientras que los terapeutas promovían una mayor elaboración de las experiencias. Los autores advirtieron que los chatbots de propósito general no eran adecuados para abordar de forma segura conversaciones de salud mental, especialmente en situaciones de crisis. El riesgo consiste en recibir una respuesta convincente sin que exista una evaluación suficientemente rigurosa de la realidad del paciente.
Otro de los riesgos de hacer de la IA tu diván de consulta es que, por su tono condescendiente, puede reforzar creencias erradas que tenemos, incluso cuando necesitamos cuestionarlas. En ocasiones, una persona que atraviesa un momento difícil necesita algo diferente a ser validada y, tal vez, lo que requiere es lo contrario: reconocer patrones de pensamiento, revisar interpretaciones y explorar aspectos incómodos de su experiencia. Esta tendencia, conocida como sycophancy o adulación algorítmica, puede resultar especialmente problemática cuando alguien experimenta ideas persecutorias, pensamientos distorsionados o una interpretación cada vez más alejada de la realidad.

Un estudio publicado en 2024 en Nature Medicine advirtió que algunas aplicaciones de bienestar basadas en IA pueden generar respuestas que aumentan los riesgos para sus usuarios, especialmente cuando las conversaciones entran en el terreno clínico. Es decir, el margen de confrontación o contraste suele ser nulo y ahí es donde el diagnóstico de un profesional humano es irreemplazable.
“Es cierto y es una realidad que la IA llegó para quedarse y es entendible que alguien quiera acudir a la IA para preguntarle cualquier cosa, incluso temas de salud mental: eso no va a cambiar. Pero, lo que deberíamos tener presente es que, con o sin IA, nuestro tratamiento, diagnóstico o proceso debe ser supervisado por un profesional de la salud mental”, aclara la doctora Linares.
Por último, y por todo lo anterior, es más que probado que la IA no está entrenada para responder acertadamente ante una crisis emocional o para identificar emociones humanas como la desesperanza, o cuadros tan complejos como los pensamientos suicidas, los síntomas de un episodio psicótico o una situación de violencia física que evaluación del peligro y activar las medidas de protección pertinentes.
Los chatbots, simplemente, no tienen ninguna herramienta para garantizar esa atención. Una investigación publicada en JMIR Mental Health en 2025 evaluó cinco chatbots de inteligencia artificial utilizados por jóvenes mediante situaciones simuladas relacionadas con problemas de salud mental y el resultado fue contundente: aunque el 86,7 % de las calificaciones en accesibilidad fueron altas y el 89 % de las evaluaciones sobre prevención de afirmaciones perjudiciales o desinformación resultaron favorables, el desempeño fue considerablemente menor en aspectos terapéuticos: solo el 31% de las calificaciones fueron altas en este ámbito y el 39 % en seguimiento y evaluación del riesgo.
En conclusión, la experiencia humana es irremplazable para atender crisis humanas de salud mental. “No se trata de que haya que sacar la IA de nuestras vidas, se trara de saber qué lugar le damos y tener presente que su atención es superficial y, además, no puede hacerse responsable por la dimensión clínica y ética que conlleva un proceso terapéutico”, explica la doctora Linares.
En eso, además, la IA también coincide con ese criterio. Basta con preguntarle por qué no deberíamos usarla como psicóloga. Lo hemos hecho en este artículo y nos responde: “Porque, aunque puedo ayudarte a comprender tus emociones, no tengo el criterio clínico, la comprensión integral ni la capacidad de intervención de un psicólogo profesional, y mis respuestas pueden equivocarse justo cuando más necesitas ayuda.”

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