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Dios mío, ¿por qué me has dejado en visto?

Dios mío, ¿por qué me has dejado en visto?

La exposición de la artista Maria Avila Leubro, una de las ganadoras en 2018 de la sección Arte Cámara de ARTBO, está expuesta en la Cámara de Comercio de Chapinero. Una conmovedora, divertida y desafiante forma de volver a abrazar a Dios, el amor y la muerte.

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ios ha muerto, el amor mata, Dios es amor. La exposición Volveré a nacer si me muero, de la artista bogotana Maria Avila Leubro, intenta sobrevivir al amor, amar la muerte y redescubrir a Dios en todas partes y en ninguna.

Tres paredes de la Cámara de Comercio de Chapinero se levantan sostenidas por pesadas columnas: Dios, el amor y la muerte. En medio de ellas, una colección dispar y colorida de dibujos, serigrafías, fotos y escritos revela la búsqueda de la artista. A pesar de la densidad de esos tres pilares, que a todos nos confrontan, el de María Ávila Leubro no es en absoluto un acercamiento a través de lo solemne o de lo trágico. El humor ácido como espejo para el autorretrato, la representación tragicómica de la vida cotidiana y la música popular lacrimógena recrean una atmósfera íntima y festiva en la cual la muerte se celebra y el desamor se llora entre guaros y risas.
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La artista teje esos contrastes con conciencia autobiográfica: “El humor y la muerte son muy cercanos. Así fue en el caso de mi mamá: su muerte fue supremamente dramática, un cáncer de páncreas, una cosa brutal. En medio de todo eso, ella hacía chistes y yo decía: ‘ella está mirando de frente a la muerte y se ríe y hace que todos nos ríamos sobre su condición’. Hay un señor español que se llama Pepe Colubi y que dice: ‘desde que nacemos ya estamos a pérdidas’, o sea, lo que viene son los embargos, los desamores, la muerte, entonces asumamos esta vaina con humor”, afirma.

Aunque el lugar común asocia el humor y la fiesta con la banalidad, mientras que la gravedad es habitualmente vista como una forma de profundidad, lo cierto es que con frecuencia la risa resulta más difícil que las lágrimas.  Tras la muerte de su madre, la artista preparó una playlist con la música sabrosa –y también lacrimosa– que su mamá amaba y que había pedido para su funeral: la Billos, los Melódicos, Ismael Rivera, Rubén Blades, baladas y vallenatos (el mismo Nietzsche que dijo que Dios había muerto, afirmó que no podría creer en un Dios que no bailara). Tres años después, el 21 de marzo de 2016, Maria organizó estos recuerdos amargos, se plantó entre las sienes la risa difícil y escribió sus Indicaciones para un velorio.

Sí. Todo comenzó por el verbo: “Yo soy malísima y admiro mucho a los artistas que tienen libretas de apuntes, de dibujos, los admiro mucho porque yo no puedo hacer eso. Entonces, empecé a revisar mi muro de Facebook desde 2012 y a hacer una recopilación de los textos que yo subí a internet. Me di cuenta de que yo tenía una gran libreta de apuntes y era Facebook”. Todas esas palabras, notas mentales y fotos de referencia acabaron siendo la bitácora del proyecto y los textos terminaron conformando pequeños libros que también hacen parte de la muestra.

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Aunque la experiencia de esta exposición resulta tan orgánica como entretenida, no fue originalmente concebida como un todo. Las piezas correspondientes a cada uno de los tres ejes de la muestra –la muerte, el amor y Dios– surgieron en momentos y circunstancias distintas. La primera “Todos los días se perrea con la muerte”, surge a partir de aquellas notas funerarias tomadas públicamente en Facebook. La segunda, “Las divas también lloramos”, de 2017, reúne piezas de aguardientoso despecho. Y la última, titulada “Dios, ¿por qué me has dejado en visto?”, acabó de concretarse frente al mar, durante la residencia artística que la autora hizo en el espacio La Usurpadora, como una de las ganadoras de la sección Arte Cámara en ARTBO 2018. Frente al mar percudido de Puerto Colombia, las piezas terminaron de juntarse. Después de todo, en el mar se cree, se ama y se muere.

La variedad de escenarios y climas presentes en todas las piezas conserva un punto de convergencia. Aunque en un atril se encuentren cassettes redibujados de Air Supply y fotomontajes de la artista junto a Tom Cruise, en una pared gigante las divas del desamor –Patricia Teherán, Paquita la del Barrio y Patsy Cline– exhiban sus mejores versos en carteles en serigrafía sobre fondo rojo, y en otra, un viacrucis ilustrado conmueva hasta la lástima y la carcajada, la imagen de la artista es constante. Una forma de confrontación permanente con el pasado, con las preguntas esenciales y con el propio cuerpo.

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Respecto a ello, María afirma: “Desempolvé cassettes, pero más que una revisión de los objetos es una revisión de las experiencias, de los recuerdos. Es desenterrar toda una memoria remota y una más reciente, y estar todo el tiempo yo… Sí hay una cosa matérica, pero la mayoría de las veces es una revisión de memoria. Sobretodo de  la memoria musical”.

Esa memoria sonora conforma una banda sonora dispar armada por la artista. La mañana posterior a la inauguración sonaba un traumático y desgarrador loop interminable “Please, don’t go. Don’t go away”. Sí, eso. Pero también hay country, hay punk, hay salsa, hay baladas, hay boleros. “Es toda la banda sonora de mi vida. Yo armé la playlist”, agrega. No parece aleatorio que la selección de cassettes de amor sean gringos y que las divas del despecho sean latinas. Chavela Vargas, Patricia Teherán y Paquita la del Barrio –que reina impresa en un dumy, vestida de azul– nos recuerdan lo bien que sabemos en estas latitudes latinas y dramáticas llorar sin consuelo, entre copas de tequila y guaro. Se baila la muerte, se ríe el llanto, se muere el amor.

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Ángel Unfried

Periodista, editor y gestor cultural, fundador de Artimaña Editorial, y hoy director del Salón Visual, el Premio de Arte Joven y el Premio de Periodismo Joven. Fue director de El Malpensante y luego editor general del estudio de Revistas Semana. Ha colaborado con medios como El Heraldo, Arcadia, Diners, SoHo, Shock, El Espectador, entre otros. El arte, los tenis y los discos lo cautivan.

Periodista, editor y gestor cultural, fundador de Artimaña Editorial, y hoy director del Salón Visual, el Premio de Arte Joven y el Premio de Periodismo Joven. Fue director de El Malpensante y luego editor general del estudio de Revistas Semana. Ha colaborado con medios como El Heraldo, Arcadia, Diners, SoHo, Shock, El Espectador, entre otros. El arte, los tenis y los discos lo cautivan.

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