Obras en calle: un museo que mira al cielo entre los cerros
Como un aliciente del estruendo capitalino de la hora pico y su sobreestimulación publicitaria, Obras en calle es una iniciativa artística que crea pausas visuales en pleno trancón. Aquí la historia de cómo esta plataforma convirtió las vallas publicitarias en un museo en movimiento.
Bogotá se recorre con la mirada cansada. La cotidianidad urbana transcurre entre la espera del SITP con los morrales unidos al pecho como un órgano, los cambios de los semáforos que dan paso a los transeúntes y los carros como un reloj mientras las lluvias hacen del altiplano un río café. Los oídos no son inmunes a este caos; pitidos, megáfonos y hasta regaños arman el setlist de la ciudad de la furia.
La pantalla del celular, algún agarrón, los edificios, los graffitis y los anuncios publicitarios conforman la oferta visual de los trayectos. Cuando se alza la mirada están los cerros y el cielo a veces gris, a veces azul bebé. Parece un espacio más “libre”, hasta que se cruzan las vallas publicitarias. Entre ofertas de temporada y promociones, el “respiro” parece cortarse. Alguien debió pensar que se necesita más que mirar en una ciudad hecha para observar.
Entre esta inercia del afán, algo irrumpe en la retina de ese vistazo al aire. En lugar del aviso comercial de turno, la Avenida Séptima con Calle 140 es un lienzo que cada 40 segundos proyecta una obra de la maestra Beatriz Gonzalez. Esta pequeña revolución visual es Obras en calle: un proyecto de Mariana Gómez y María José Gutiérrez, dos creyentes del arte como promotor tejido social.

Por su parte, Mariana Gómez, artista plástica y gestora cultural se ha preocupado a lo largo de su carrera por la promoción y el acceso democratizado a la cultura. "Mi misión en este mundo es que el arte llegue a todas partes, que todo el mundo tenga acceso al arte, que todos veamos y podamos compartir y vivir en un mundo lleno de arte y que los artistas puedan vivir de hacer lo que aman", afirma.
En marzo de 2025, la búsqueda de Mariana se cruzó con María José Gutiérrez, antropóloga, investigadora y directora creativa de la empresa de publicidad exterior OP Outdoor, quien conoce desde adentro la estructura que sostiene el paisaje publicitario de la capital. "Trabajaba en la Secretaría de Cultura investigando el impacto del arte en el espacio público. Al entrar a la empresa de publicidad exterior vi que había un vacío muy grande en lo artístico y que todo estaba volcado solo al comercio", explica.
Ambas visiones convergieron en que las arterias viales más transitadas de Bogotá representaban un territorio fértil para la sensibilidad colectiva. Si la infraestructura ya estaba allí, erguida sobre el tráfico y visible para cientos de transeúntes, ¿por qué no intervenir estas vallas con fines culturales?
"La primera conversación que tuvimos fue llevar a las mujeres a las vallas de Bogotá. Teníamos esta idea de hacer del espacio público una exposición de arte y la ilusión de poder hacer una exposición de solo mujeres", recuerda Mariana sobre la primera exposición que nombraron Calles de mujer. La muestra a cielo abierto visibilizó las obras de catorce artistas colombianas en diecisiete pantallas digitales distribuidas por puntos estratégicos de la capital.
Pero sostener este proyecto solo ha sido posible mediante alianzas sólidas entre el sector privado y las instituciones locales. María José destaca la disposición de la empresa publicitaria OP Outdoor para ceder espacios en medio de sus dinámicas comerciales. "Nuestro aliado es una empresa muy comprometida con la cultura. Donan la disponibilidad de sus pantallas digitales y espacios publicitarios para el arte, para volver la ciudad un espacio más amable y no tan saturada de comercio".


A estas exposiciones también se sumó la Secretaría Distrital de Cultura, Recreación y Deporte, quienes han apostado por consolidar un circuito constante que abarca curadurías temáticas rotativas cada dos meses. "No es que nuestro criterio sea solo llevar mujeres. Cada dos meses tenemos una curaduría diferente según lo que queramos investigar: hemos tenido exposiciones del color, de la ciudad, de la naturaleza, del cuerpo y de la materia".
En más de un año de gestión, Obras en calle ha acumulado diez exposiciones, más de setenta artistas convocados y cientos de piezas exhibidas. Pero no todas las exposiciones de Obras en calle han sido digitales, en mayo de 2026, la artista visual Elena Hoyos intervino directamente una estructura tradicional de veinte metros de altura en la Autopista Norte con calle 172 con una elaborada a partir del reciclaje de doce lonas vinílicas publicitarias en desuso, convirtiéndolas en una escultura eólica compuesta por miles de tiras.

Encontrarse con una pintura en la Calle 100, la Carrera 15 o la Avenida Carrera 68 transforma la experiencia de habitar las calles como un lugar de tránsito. "Algo que queríamos era sacar el arte de los espacios tradicionales para que personas que no están acostumbradas a relacionarse directamente con él se pudieran relacionar. Vas caminando o en un trancón y de repente ves una obra gigante". Con la intención de que quien se conmovió con una obra en la calle pueda conservar un pedacito de esa pieza, las gestoras concibieron Vallas a donde vayas, una línea de minivallas coleccionables a escala.
Mirando hacia el futuro, la plataforma aspira a expandir sus circuitos hacia paraderos de autobuses, residencias de creación y corredores culturales permanentes. "Nos soñamos que más empresas se sumen y utilicen la publicidad exterior para pautar a través del arte. Nos encantaría que patrocinen exposiciones completas y buscar espacios como paraderos de buses o corredores artísticos", concluye María José. En una ciudad de ritmo implacable, Obras en calle es una bocanada fresca entre el smog, una mirada a cielo abierto.

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