Quedarse calvo es horrible, pero… ¿tiene que serlo?
Perder el pelo es hacer un duelo; para muchos, significa disimular la caída con peinados que cubran los espacios vacíos, usar gorras o pegarse del minoxidil. Todo esto puede causar vergüenza, pero, ¿debería ser así? Más allá de la vanidad, hay opciones que pueden ofrecer soluciones serias.
Decime si te ha pasado: has comenzado a notar que tu cabello se siente distinto; un poco más fino, menos abundante… El lunar en la sien que antes veías sólo después de removerte el pelo hoy está expuesto, todos los días lo mirás en el espejo del baño cuando salís de la ducha, luego de recoger los pelos que dejaste sobre la rejilla del desagüe; y son demasiados, ¿o eran los de la almohada? En uno de esos dos lugares dejaste un montón. Tus amigos han empezado a señalar tus entradas; en tu casa, tu madre sugiere una visita al dermatólogo y el man de la publicidad de minoxidil forte se ve muy bien, ¿no?
Vas a Google, ponés "calvicie" en el buscador y te das cuenta que hay decenas de cosas que tendrías que estar haciendo: deberías estar echándote este champú, este tónico; no, ese no porque ese no sirve, sino este otro que sí sirve a diferencia de los otros que dicen que sirven pero, en realidad, no sirven. Mirá este tratamiento, esta vitamina, ¿te interesa un implante?, ¿una prótesis? Y apurate que cada día estás más calvo, se te nota más, no podés perder tiempo porque cuando se cae un pelo el folículo se cierra y no vuelve a brotar, como un jardín al que se le marchita una flor. ¿Te querés quedar sin flores?

No es solo Google. Los algoritmos de todas tus redes sociales saben que estás perdiendo el pelo y el mensaje es el mismo: hacé algo para combatirlo, no podés quedarte calvo. Pero hazlo en secreto, que nadie sepa que estás pasando por esto.
Calvos pero no callados
Stuart Heritage es un periodista británico que sufrió tanto por la pérdida de su cabello que escribió un libro entero sobre cómo aprendió a aceptar su calvicie (más o menos lo mismo que estoy haciendo con este artículo). En una pieza promocional para The Guardian señala lo frustrante que es que los hombres llevemos en silencio este duelo. Según él, si hablásemos abiertamente de esta pérdida se revelaría una gran verdad: "quedarse calvo es terrible. ¿Ser calvo? No tanto".
Todo bien con esto, pero, ¿por qué debería ser terrible quedarse calvo? Siendo algo tan común, parece raro que cause tanto malestar. Las estadísticas lo demuestran: según datos de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), la mitad de los hombres mexicanos entre los 20 y los 30 años experimentan algún grado de alopecia androgenética, el tipo de calvicie más común. Esta cifra aumenta a 8 de cada 10 hombres a medida que avanza la edad. Y las mujeres también la experimentan: al menos 3 de cada 10 durante la juventud, según el mismo artículo.
Colombia no se queda atrás. Según un estudio global de Medihair, plataforma especializada en tratamientos contra la calvicie, el país es el quinto con mayor prevalencia de calvicie en Latinoamérica después de México, Brasil, Chile y Argentina con un 27,03% de hombres con pérdida de cabello y ocupa el escalafón 46 a nivel mundial.
Andrés es uno de esos colombianos a los que la calvicie le llegó temprano. Tiene 26 años, es arquitecto y desde hace dos años se rapa la cabeza por completo. Ya está al otro lado del duelo, en la aceptación, pero reconoce que fue difícil: "me gustaría que estuviese bien quedarse calvo y ser calvo; debería ser lo mismo, no debería sentirse mal todo ese proceso porque es algo natural. Es el envejecer".

Quedarse calvo es un duelo
No soy la primera persona en comparar la calvicie con un duelo. Muchos de mis entrevistados mencionaron la palabra incluso antes de que yo la introdujera en la conversación. Stuart Heritage explica su proceso usando las cinco etapas del duelo, tan popularizadas por los medios de comunicación y la cultura pop: negación, ira, negociación, depresión y aceptación. Este modelo fue propuesto en 1969 por Elisabeth Kübler-Ross, una psiquiatra suiza y estadounidense. Por supuesto, la señora Kübler-Ross no tenía en mente a los hombres alopécicos cuando ideó su teoría; pensaba en la muerte y en cómo lidiar con la ausencia que esta deja, pero la muerte no es lo único que provoca un duelo en nosotros.
Natalia Domínguez es psicóloga y docente de la Universidad de Antioquia; a lo largo de su carrera se ha enfocado en estudiar y tratar trastornos emocionales. Es ella quien me explica que el duelo existe siempre que hay dolor por algo que ya no está en nuestras vidas y que era importante. Es decir, podés experimentar duelo por la pérdida de un trabajo, de una amistad, del hogar, por una ruptura amorosa o por los últimos folículos que tenías sobre la cabeza.
A esto se suman los conceptos de identidad y autoimagen: cómo nos vemos a nosotros mismos. Según Natalia, en la sociedad tenemos presente "la importancia de mantener una imagen física estereotípica, por ejemplo, el hombre peludo o barbado". Esta autoimagen, apunta la psicóloga, es influida por el contexto en el que vivimos, nuestra cultura, los amigos, la edad y muchos otros factores. Entonces, hablando de Medellín (la ciudad donde viven la mayoría de los entrevistados), un factor puede ser la idea de que allí están las mujeres y hombres más lindos; esto influye en cómo nos vemos a nosotros mismos y cómo creemos que deberíamos vernos. Con pelo, usualmente.
Simón es arquitecto y actor, tiene 30 años y dice que, desde que decidió raparse por completo, recibe menos ofertas para proyectos de actuación: "me contratan cuando necesitan un calvo o cuando les es indiferente, de resto, no está tan normalizado ver un calvo dentro de la publicidad". Él perdió su cabello mientras estaba cursando la carrera de arquitectura. Fueron días y, sobre todo, noches de estrés: mucho trasnochar para entregar proyectos. Recuerda que se quedaba en su escritorio trabajando hasta tarde, pasándose la mano por el pelo y lo veía caer y amontonarse sobre su área de trabajo. Decidió que era momento de afeitarse por completo durante un periodo de su vida en el que vivía en Palomino. Dice que el cambio, mientras estuvo allá, no se sintió tan difícil; era cuando volvía de visita a Medellín que recibía más comentarios sobre su nueva apariencia.
Richard, también de 30, reconoce que sintió un "desligamiento de algo" cuando decidió que se iba a rapar, y alude al típico chiste de que cuando alguien se corta el cabello es porque está cerrando un ciclo. Reconoce que su estilo de vida probablemente influyó en su pérdida temprana de pelo: cuando cumplió dieciocho ya llevaba cuatro años trabajando en la licorera de su familia, donde era común tener turnos que se extendían más allá de las tres de la mañana. El hipotiroidismo tampoco ayudaba. Fue a esa edad que comenzó a estudiar ingeniería multimedia en la universidad y cuando su hermano le hizo notar que se estaba quedando calvo.
Richard menciona las burlas que recibió sin señal alguna de remordimiento en su voz, como el trato normal entre miembros de su familia, no obstante, muchos entrevistados reconocen que no les gusta que otras personas se refieran constantemente a su falta de pelo; les sobra el comentario o lo identifican como una forma de matoneo, especialmente frustrante cuando, como dice Simón, pareciera que "todo el mundo tiene algo que opinar de tu calvicie".

Opinar sobre el cuerpo del otro
A Sebastián, de 33 años, sus hermanas le decían que, sin pelo, parecía Krusty, el payaso de los Simpsons. También que se veía más cachetón y que, sobre todo, era importante "envejecer con dignidad", lo que sea que eso signifique. Recibió numerosas críticas sobre su falta de cabello y reconoce que lo hicieron sentir inseguro, aunque, por mucho tiempo, las percibió como algo normal. "Uno se vuelve muy tolerante al maltrato", afirma.
A lo mejor no haga falta una psicóloga para explicar que los constantes comentarios negativos pueden tener un impacto sobre la forma en que nos autopercibimos, pero, por si acaso, acá está Natalia diciendo eso mismo con palabras más o menos distintas: "los comentarios que hacen las otras personas pueden tener un efecto negativo en lo que yo estoy pensando de mí". ¿Sí ves?
Con todo esto, es normal que la recomendación sea evitar opinar sobre la apariencia física de los demás. Nada nuevo, es probable que ya hayás escuchado la idea antes, pero (y puede que esto sí sea información nueva), esta regla también aplica para las personas que quedan calvas. Por algún motivo, como señalan varios entrevistados, pareciera que la norma no contara cuando se trata de alguien con alopecia; "de eso sí podemos hablar y de eso sí nos podemos reír", apunta Andrés. Simón complementa: "hay gente muy gonorrea. Es como si vos le dijeras a un gordo: "¡ve, estás gordo!" La gente te hace saber que estás calvo".
Otra cosa común cuando tenés alopecia es recibir recomendaciones, muchas veces, no solicitadas. Todo el mundo parece saber la cura para tu calvicie; el remedio que nadie más conoce. Vale la pena pensar que esos consejos de echarse penca de sábila o champú Milagros pueden venir con buenas intenciones; o incluso, tratarse de sugerencias de productos útiles. Aun así, es mejor no hacerlas, a menos que la otra persona las solicite.
Tampoco es que tenga problema con los tratamientos. Eso sí, antes de iniciar alguno es importante contar con un buen diagnóstico: saber si se trata de alopecia androgenética o si hay una enfermedad que esté ocasionando la pérdida de pelo; esto lo explica el doctor Arturo Argote, dermatólogo adscrito a Colsanitas.
Sebastián llega a afirmar que ser calvo, hoy en día, es una decisión. Y... ¿sí? Siempre que tengás plata, tiempo (que a veces son lo mismo) y disciplina para apegarte a un plan que, probablemente, continuará por el resto de tu vida. O hasta que te aburras.
Él pasó por tres trasplantes capilares: uno con la técnica FUT, en la que extraen una tira de piel con folículos de una parte de la cabeza para luego implantarla en la zona despoblada y dos con la técnica FUE, en la que los folículos se extraen uno a uno. Gracias a esto, ya no es calvo, pero tampoco es que el nuevo cabello esté libre de complicaciones. Cuando me explicó la cantidad de productos que ha usado para asegurar su cuidado, pensé en pasarme la máquina en ese instante. A saber: vitaminas en cápsulas, minoxidil (el viejo confiable), mascarilla hidratante para el cabello, inyecciones de plasma (estas duelen), dermaroller, terapia con luz infrarroja, fibra capilar para evitar quemaduras por el sol, cinco champús diferentes; y todo esto sin contar al barbero con experiencia en pelo trasplantado, pues este no siempre crece al mismo ritmo que el nativo.
Sebastián dice que esto ya es parte de su rutina, como cepillarse los dientes o echarse desodorante, y yo le creo, pero tampoco voy a pretender que su rutina no es más extensa y costosa que la mía. No todas las personas con trasplantes tienen que usar cada uno de estos productos; el caso de Sebastián no es representativo de la totalidad de quienes han pasado por este procedimiento, no obstante, no hay duda de que es una inversión que no todo el mundo puede costear.
Stiven Saleh tiene 27 años y usa una prótesis capilar. No solo eso, es dueño de su propio negocio en Medellín en el que asesora a otros hombres sobre el tema, las instala y provee mantenimiento. Cuando hablo de prótesis no me refiero a una peluca; no es algo que te ponés por unas horas mientras estás en público y te quitás cuando volvés a casa. Es algo que se adhiere a tu cabeza y permanece allí durante 15 o 20 días, hasta tu próxima cita de mantenimiento, donde Stiven u otro de sus peluqueros entrenados te retira la prótesis, te corta el cabello de alrededor de la cabeza y te la vuelve a instalar.
Y ya conozco el estereotipo que hay sobre este método: que se ve falso. Visitar el estudio de Stiven es como entrar a una dimensión desconocida en la que no podés confiar del todo en los ojos: rápidamente intenté determinar quiénes usaban prótesis y quiénes tenían cabello "real". No pude hacer la distinción. Cuando está bien instalada, una prótesis es casi indistinguible del pelo natural. El asunto del dinero vuelve a ser determinante: aunque más económicos que hacerse una cirugía, el corte y mantenimiento en el estudio de Stiven son más costosos que en la barbería de tu barrio.
Lo que sea que escojás se convierte en un estilo de vida, comenta Sebastián, ya sea usar una prótesis, hacerte un trasplante, echarte minoxidil o pasarte la cero cada tres días. Cada uno implica cuidados y concesiones. Lo importante es estar bien con la decisión que tomés.

Cómo estar bien con tu pelo. (O con la ausencia de él)
Natalia ofrece varias ideas para afrontar el duelo de quedarse sin cabello: la primera es pensar qué significa para vos esa pérdida. Cuando me dijo esto recordé aquella escena de Fleabag donde la protagonista acompaña a su hermana a reclamarle al peluquero por haberle hecho un mal corte. Él dice que no es para tanto, que es solo pelo, y ella le responde que: "el cabello lo es todo, desearíamos que no lo fuese, para poder pensar en algo más de vez en cuando, pero lo es. Es la diferencia entre un buen día y un mal día. Se supone que pensemos que es un símbolo de poder, un símbolo de fertilidad; algunas personas son explotadas por él y es lo que paga tus malditas cuentas. ¡El cabello lo es todo!".
Hay gente para quienes se siente así. Para otros no es tan importante. Al hablar con Richard tuve la impresión de que no sufrió tanto la llegada de la calvicie, a pesar de que también la describió como un duelo. Es buena idea meditar sobre lo que sea que represente este cambio: ¿te verás muy diferente?, ¿menos atractivo, quizás?.
Otra noción para analizar es que hay hombres que ven la alopecia como un golpe a su masculinidad: suelen hablar de la testosterona, los andrógenos y un vínculo difuso con la hombría. Realmente, no somos más o menos hombres por tener más o menos pelo, y el doctor Argote aclara que no necesariamente existe una relación proporcional entre tener una cantidad elevada de andrógenos y la calvicie; el factor determinante es la sensibilidad de los receptores presentes en el folículo piloso a estas hormonas.
Es bueno poner el foco en lo positivo, comenta Natalia: "por ejemplo, se me está cayendo el pelo, pero no es por un proceso de quimioterapia. O conozco calvos muy atractivos"; y reconciliarse con la idea de que te estás haciendo mayor. ¿Por qué no habrías de verte más viejo si estás envejeciendo? El cuerpo cambia con los años, es una realidad a la que todos debemos acostumbrarnos. Claro, hay hombres que se quedan calvos desde muy jóvenes, pero eso no contradice el hecho de que hay transformaciones que son ineludibles.
Finalmente, explica Natalia, es importante no compararse con otros: pensar en tu hermano mayor que tiene más cabello, o en tu amigo de la infancia que mantiene el mismo peinado desde el colegio, hará que sea más difícil sobreponerse a la pérdida.
"Hay gente que se ve hermosa calva", dice Julián, 30 años, "pero uno sabe que esa persona, cuando fue a calviarse, se habrá sentido mal”. Yo, con 29, le pregunto si cree que quedarse calvo es horrible; él responde que no nos gusta el cambio, el impacto de vernos diferentes, aunque pueda ser mejor. Hace poco retomó el minoxidil y va a probar con inyecciones de plasma. Me recomendó un champú que, según veo, le ha servido. "Hay gente que, definitivamente, se ve mucho más bonita después de raparse. Ojalá a mí me pase”.

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