Lo que habríamos querido saber: consejos elementales para el cáncer de mama
Un diagnóstico de cáncer de mama puede sentirse como una sentencia de muerte. Aquí la historia y los consejos de vida de dos supervivientes para quienes comienzan este proceso.
Cuesta respirar, el consultorio se paraliza, los pensamientos resuenan entre ellos sobreponiendo los escenarios más radicales y dolorosos. Las primeras semanas parecen irreales entre el abismo de la incertidumbre que se agiganta entre exámenes médicos y trámites burocráticos, ¿pero qué sigue después de recibir un diagnóstico de cáncer de mama?
Catalina Arango y Catalina Vásquez atravesaron este proceso en diferentes etapas de sus vidas: Arango al inicio de sus treinta y Vásquez finalizando sus cuarenta. Los exámenes rigurosos, los cambios en el cuerpo tras las cirugías, las quimioterapias cada 21 días y las sesiones de radioterapia transforman inevitablemente la identidad.

Nunca se vuelve a ser la misma mujer después del cáncer, pero sí una con la sabiduría que solo los procesos lentos e inciertos pueden brindar. Más que palabras de aliento para transitar la enfermedad, estos son los consejos prácticos y emocionales para cada etapa del proceso por mujeres supervivientes que culminaron el tratamiento, consejos que habrían agradecido haber escuchado en la incertidumbre del pasado.
El impacto en el cuerpo: qué esperar y cómo prepararte
El cáncer actúa como la proliferación anormal de células que generan el crecimiento desenfrenado de un tumor maligno en un tejido u órgano. Su definición o “tipo” depende del área u órgano más afectado, independiente de que se propague a otras zonas del cuerpo. En el caso del cáncer de mama, estos tumores son detectados en la glándula mamaria y, si bien puede presentarse en hombres, su incidencia es del 1%, es decir, afecta en un 99% a las mujeres.
El cáncer de mama es una de las neoplasias más comunes a nivel mundial. Según el artículo Panorama colombiano del cáncer de mama, cérvix y próstata de la revista Salutem Scientia Spiritus, el cáncer de mama representó “un total de 2,2 millones de casos en el año 2020, donde se estimó que una de cada 12 mujeres padecía la enfermedad. (...) En Colombia, el cáncer de mama entre el año 2017 y 2018 aumentó un 13,8% representado en 189 casos nuevos por semana”. Su causa puede ser por factores genéticos o ambientales. La mayoría de las pacientes no tienen antecedentes familiares y solo un 10% de los casos se asocia con mutaciones familiares genéticas.
Entonces, ¿qué hacer cuando se acaba de recibir el diagnóstico? Desde el punto de vista médico hay varios pasos fundamentales tras la confirmación del cáncer de mama. Vivián Román, oncóloga experta en mastología adscrita a Colsanitas, indica que lo primero es confirmar y caracterizar adecuadamente el diagnóstico: “No todos los cánceres de mama son iguales. Es fundamental conocer siempre la histología, el grado tumoral y los biomarcadores como los receptores de estrógenos que nos permiten siempre evaluar el comportamiento biológico del tumor y orientar el tratamiento”, afirma.
En mujeres menores de 40 años, el cáncer de mama presenta características particulares. Antes de la menopausia, la alta densidad del tejido mamario reduce la nitidez de las mamografías. A esto se suma la rápida multiplicación de las células tumorales, lo que provoca que la enfermedad se detecte en fases más avanzadas o agresivas. Al respecto, la oncóloga Vivián Román explica que “los tumores con características más agresivas como el cáncer de mama triple negativo o HER2 positivo, pueden tener alto grado histológico –células muy alteradas al microscopio y de rápida división– y por ende mayor proliferación celular”.
Consultar rápidamente con un equipo especializado es el primer paso. La valoración multidisciplinar de oncología, mastología, radiología y otras especialidades son clave para establecer una estrategia terapéutica individual y a tiempo. Una vez se realicen los exámenes necesarios, se puede determinar el tamaño del tumor, el compromiso ganglionar y descartar enfermedad a distancia.
Después de este paso, la secuencia del tratamiento es una de las decisiones más importantes. El estado clínico y el subtipo molecular son los factores que establecen si la paciente debe iniciar o no con una cirugía, o con un procedimiento sistémico como quimioterapia, las terapias dirigidas o la inmunoterapia. Es ideal que durante todo el proceso se tenga acompañamiento psicológico.
La incertidumbre inicial del diagnóstico
Catalina Arango tenía 30 años cuando se enteró de que tenía cáncer de mama. “Recibir el diagnóstico fue desconcertante, tenía mucho miedo, especialmente porque en ese instante no se define de inmediato cuál será el tratamiento ni se tienen muchas respuestas”, recuerda. Los cambios físicos y el proceso de adaptación emocional de su tratamiento duraron aproximadamente dos años y medio.
Siendo la menor de dos hermanos, el momento de contarle a su familia y en especial a su mamá la llenó de pánico. Al tiempo que asimilaba lo que sucedía, se dedicó de lleno a realizarse los exámenes médicos para elegir el tratamiento que más se adecuara a su caso. Cualquier asunto que no estuviera directamente relacionado con la enfermedad, el trabajo o las obligaciones pasó a un segundo plano.
“Muchas de estas pacientes yo las observo y están construyendo sus proyectos personales, desarrollando carreras profesionales, formando una familia y criando a sus hijos. Y de repente aparece esta enfermedad que las enfrenta al miedo, a la incertidumbre y muchas veces a la posibilidad de perder aquello que más aman”, narra Vivian Román sobre su experiencia acompañando procesos de mujeres con cáncer de mama.
Preguntar cualquier duda por obvia que sea es fundamental para comprender la enfermedad y participar en todas las decisiones del tratamiento. Un diagnóstico no define quién eres, ni qué va a pasar con tu vida. Los avances médicos en el tratamiento y su detección temprana han logrado que el nivel de supervivencia del cáncer de mama invasivo no metastásico a 5 años y 10 años sea del 90% y 87% respectivamente.
Hay preguntas de carácter urgente para los especialistas al momento del diagnóstico. Estas son dudas las más importantes para tomar decisiones sobre el tratamiento:
- ¿Qué tipo de cáncer tengo? Es importante saber cuál es el subtipo y la histología del cáncer. De esta respuesta depende el tratamiento.
- ¿En qué estadio está la enfermedad? El estadio se refiere al estado, es decir, el tamaño del tumor y su extensión para conocer las opciones terapéuticas y el pronóstico de vida.
- ¿Cuál es el objetivo del tratamiento y qué alternativas hay? Si es de intención curativa o para tratar una enfermedad metastásica y su grado de supervivencia.
- ¿Cuál será el orden de mi tratamiento y por dónde comenzaremos? Es decir, si el primer paso es una cirugía o un tratamiento farmacológico previo, pues el punto de partida varía según las características del tumor.

El cuerpo y la identidad durante el cáncer
Dependiendo del subtipo de cáncer de mama, llega el tratamiento. En esta carrera por la vida y contra el tiempo el dolor físico es inminente. Pero también la rumiación catastrófica arrasando como una tormenta mientras el cuerpo trata de sostener la vida. No solo es un órgano o tejido afectado, también lo es la autoestima, la maternidad, la sexualidad, las relaciones y el futuro.
La oncóloga Viván Román nota este miedo desde el consultorio hasta el quirófano. Trata a cada paciente con suavidad y paciencia, pues entiende que no solamente se tiene miedo a morir, “también tienen miedo a dejar a sus hijos solos, de perder su feminidad, de que su cuerpo cambie, de perder sus senos, de no poder ser madres o no poder terminar sus proyectos. Por eso mi acompañamiento como médica mastóloga y como mujer va más allá de realizar una cirugía o un tratamiento oncológico”, explica.
Entre los cambios más severos está la pérdida de los senos, la caída del cabello, la menopausia inducida y hasta la despersonalización. Los procedimientos invasivos como la mastectomía generan angustia y desolación: más allá de ser una cirugía, es un cambio que genera dudas sobre la vida sexual o la forma en la que se percibe el cuerpo. Desde el acompañamiento médico, se proponen alternativas como la reconstrucción mamaria cuando no es posible conservar el seno, por lo general con un resultado estético y oncológico satisfactorio.
Para Catalina Arango, el impacto físico y emocional comenzó con una mastectomía en la mama izquierda. Tras la extracción del tejido y 14 ganglios, tuvo que someterse a seis meses de quimioterapia. "Fue el proceso más duro. Primero me pusieron la quimioterapia roja, cada 21 días y 12 quimioterapias blancas, que eran cada 8 días. Al frenar la regeneración celular en todo el cuerpo, el folículo no se recupera y el cabello se cae. Es un tratamiento sistémico y agotador. Tenía mucho dolor, me costaba moverme e incluso me sentía asfixiada". Luego de superar un ciclo de 25 sesiones diarias de radioterapia, se sometió a la cirugía de reconstrucción.
La caída del cabello es una de las consecuencias emocionales más complejas del tratamiento. Además del impacto directo en la autopercepción, también expone la intimidad de la mujer y su control sobre cuándo y a quién contarle sobre su diagnóstico. Por su parte, durante las quimioterapias, Catalina Vásquez estuvo completamente calva ocho meses, experimentando una crisis de identidad en la que no se reconocía a ella misma frente al espejo.
“No publiqué una sola foto mía en redes sociales porque realmente no me gustaba como me veía. Pero me tocaba dejarlo a un lado para poder salir a la calle. Tampoco quería que mucha gente supiera. No soy de las que publico cosas como "estoy en la etapa no sé qué", me gusta mantener mi privacidad. Creo que eso también me sirvió bastante en la recuperación”, recuerda.
Para esta etapa del proceso, ambas mujeres recomiendan respirar. Tener paciencia, el cuerpo y la mente se están adaptando a cambios hormonales y físicos severos. Durante su proceso, Catalina Arango escribió el libro Ritos y cicatrices, el cual comenzó a escribir en libretas que le regalaron sus amigas. En este libro incluye una serie de pinturas y autorretratos: “pintarme a mí ayudó a que mi cerebro y mi psique configuraran ese nuevo cuerpo y fuera capaz de observarlo”.
Para aliviar malestares físicos específicos como el endurecimiento e inflamación de las venas por la quimioterapia, Catalina Vásquez aconseja aplicar frío en lugar de calor y realizar movimientos suaves o practicar yoga. Si es posible, salir a caminar, lo cual considera "la mejor terapia del mundo" para despejar la mente entre el agotamiento de los exámenes y el tratamiento. La actividad física durante la recuperación permite volver a confiar en la capacidad de la fuerza, en volver a aprender, a conocerse.

Los vínculos: un sostén en la adversidad
Además de los cambios abrumadores y el desgaste físico, el cáncer también supone la fragilidad emocional absoluta. Permitirse ser cuidada y depender de otros es uno de los desafíos que puede generar frustración y desasosiego en el tratamiento. Aquí es donde la pareja, la familia y las amistades son el pilar que sostiene la vida.
Del lado de la red de apoyo, cabe resaltar que cuidar y acompañar no significa decidir por la paciente, sino ayudarla, hacerla sentir segura, escuchada y respetada. La oncóloga Vivián Román resalta que el apoyo emocional es fundamental, pero desde un lugar seguro, “sin juzgar, permitir que la paciente se exprese, comprender todo lo que esto acarrea para ella porque puede sentir que no hay más esperanza ni calidad de vida”, recomienda.
Catalina Vásquez recuerda que en su proceso tuvo que poner algunos límites con su familia. Atravesar un tratamiento paliativo por sí solo es martirizante, que tus cuidadores te traten con lástima o lloren al verte desestabiliza y empeora el estado anímico. Menciona que durante las quimioterapias no le gustaba cómo se veía físicamente y prefería mantener su proceso en privado, por lo que aconseja que quien cuide respete esta postura y no divulgue detalles sobre su proceso a los demás sin su consentimiento.
La mejor forma de ayudar es haciendo la vida más sencilla. Mientras la pareja de Catalina Arango trabajaba, sus papás la cuidaban en su casa, la ayudaban a bañarse y vestirse. “Si eres una amiga cercana o un familiar puedes ofrecerte a cocinarle, por ejemplo, a llevarle las loncheritas para la semana u ofrecerse a ir al apartamento para lavar la ropa, esos cuidados también del hogar que una persona con cáncer muchas veces no puede hacer”, relata sobre las acciones nobles y prácticas que mejoran la cotidianidad de la mujer.
Enfrentarse a los trámites, citas médicas, exámenes y órdenes médicas suelen ser diligencias engorrosas y laxas. Más que el apoyo de la familia o del cuidador en esta tarea es clave darse a la tarea de conocer realmente cómo funciona el sistema de salud, pues suelen ser procesos atravesados por barreras burocráticas angustiantes. "En medio de una enfermedad y un diagnóstico de este tipo, tener que enfrentar al sistema de salud es muy difícil. Es una cosa que no es solamente del paciente, sino que también de la familia o quien te esté apoyando", menciona Catalina Vásquez.
En cuanto a las palabras, si bien queremos alivianar los procesos con mensajes esperanzadores, Catalina Arango y Catalina Vásquez coinciden en que las frases clichés como: “esto es solo un capítulo en tu vida”, “eres una guerrera”, “esto va a pasar” o “tienes que ser fuerte” pueden crear un sentimiento de culpa o carga emocional. Más bien, invitan a escuchar, a resistir desde la calma cuando también hay tristeza.
El artículo Análisis de la experiencia subjetiva en mujeres con cáncer de mama, publicado en la revista Duazary, señala que el positivismo forzado y la imagen distorsionada de la enfermedad muchas veces promovida por figuras públicas que se presentan como “vencedoras” suelen despertar rabia e indignación en las pacientes al invisibilizar la crudeza del diagnóstico y sus tratamientos.
La vida después del cáncer
Conservar la esperanza sin el desgaste del control, es el ejercicio emocional más retador para una superviviente del cáncer de mama. Catalina Arango aconseja confiar en los procedimientos que los especialistas recomiendan. Además de practicar actividades que ayuden a sostener el cuerpo físico, pero también la mente y el espíritu como la meditación, la pintura o la escritura.
Sigue pensando que fue una experiencia profundamente difícil y dolorosa, pero que transforma la forma de ver y relacionarse con el mundo: “entendí que la vida no es una batalla, ni la muerte es una derrota. Cuando salen estos titulares tipo “Perdió la batalla contra el cáncer”, realmente no, yo no lo veo pues como una batalla, lo veo como un proceso”.
Emocionalmente no se vuelve a ser la misma mujer después del cáncer de mama, a veces, ni físicamente. Sin embargo, en esa reconstrucción de la identidad se encuentran versiones que jamás imaginaron que llegarían a ser.

Suscríbase a nuestro boletín
Sin spam, notificaciones solo sobre nuevos productos, actualizaciones.
Dejar un comentario