10 días / 10 artistas: Día 4, Anturio Toro
Conozca a los artistas finalistas del Premio Arte Joven 2026 en esta jornada de 10 días / 10 artistas, a lo largo de la cual conoceremos los procesos y búsquedas detrás de cada una de las obras. En el segundo día, hablamos de con el artista caleño Daniel España Zamudio, cuya obra Un incendio sin ceniza, toma partes de restos de otras obras para recrear una llamarada mecánica en el que, lo iba a ser basura, cobra un nuevo significado al encender un fuego interno que se mueve pero no quema.
Día 4
Anturio Toro
Dejar ajustado
Instalación
“Por mucho que yo camine nunca la voy a alcanzar. ¿Para qué sirve la utopía? Sirve para eso: para caminar”, dice Eduardo Galeano en su poema Utopía. Esta es una búsqueda constante e interminable por un paraíso; el que anuncia Anturio en su obra Dejar ajustado es el hogar. Con una salvaje instalación de 620 llaves, la pared de la galería parece el recepción de un colosal hotel. Su orden no es meramente estético: es un código en clave morse. Al frente, una brújula modificada electrónicamente evita el norte magnético.
Todos hemos escuchado sobre los inquilinatos. Algunos los hemos habitado; para otros, pueden parecer un lugar lejano, observado a la distancia con desdén. Mientras crecía, Anturio notó la escasez de arraigo de quienes habitaban estos espacios en el centro de Medellín. El pan de cada día era, entonces, la incertidumbre: un escarbar para sobrevivir. Aún bajo estas condiciones inestables y ruinosas, se conserva un habitar donde coexisten la supervivencia, los afectos y los límites. Al apropiarse de símbolos como el imaginario colectivo de hogar, Anturio indaga en las dinámicas de vida que se experimentan en plena crisis habitacional, tanto en Medellín como en Latinoamérica.
Estas realidades, aunque parecen ajenas y ásperas, no pierden su humanidad. En cada habitación “ajustada” reposan seres humanos que también buscan un refugio para cerrar los ojos y respirar. Llaves domésticas desechadas, pendones de «SE ARRIENDA» y colchones de rayas azules hacen parte de los elementos que Anturio interviene para crear metáforas y juegos sintácticos, personificando así el aire de quienes habitan estos espacios.
El origen nómada de los humanos persiste, pero seguimos siendo animales domesticados por nosotros mismos, al igual que los lugares que habitamos. No podemos andar con una casa al hombro: necesitamos un terreno firme al cual llegar. Una esperanza de estabilidad surge con el concepto de hogar. Como la serpiente que se muerde la cola, intentar domesticar lo doméstico resultó en una crisis de vivienda ahogada entre estrategias de la mercadotecnia. La idea de «hogar» como negocio se vuelve liminal. Aunque desarrollemos una vida en una casa, no es nuestra casa: fue construida para ser habitada, pero resulta inhabitable e inestable.

Día 3
Iván Barajas Hurtado
Scrolling Life
Instalación
Bogotá
Actualmente, las horas, el día, la vida toda se nos puede ir fácilmente delante de una pantalla y podríamos perfectamente no darnos cuenta. Scrolling Life es una obra del artista bogotano Iván Barajas que reflexiona sobre la dimensión, a veces imperceptible, que ocupa en nuestra cotidianidad el eterno deslizar de contenidos que se repite una y otra vez, mecánicamente, hacia un infinito mediado por un algoritmo y su imposición adictiva.
La instalación dispone un grupo de impresoras de caja registradora que constantemente van imprimiendo un flujo ininterrumpido de contenidos sobre papel térmico en un movimiento circular que va arrojando publicaciones de imágenes, videos, textos, sonidos y datos extraídos de redes sociales, noticieros y archivos personales, simulando el scroll perpetuo de los dispositivos móviles. La impresión en vivo funciona simultáneamente como dispositivo de consumo y de olvido que, al tratarse de un soporte efímero, enfatiza la fragilidad y volatilidad de la memoria digital, proponiendo una reflexión crítica sobre cómo producimos, almacenamos y desechamos información.
A medida que el rollo da la vuelta, haciendo que una publicación se imprima sobre otra, la instalación también crea una representación sobre el caótico acto de lectura del scroll que, además de tornarse eterno y repetitivo, también sobrescribe nuestra memoria y causa un efecto de saturación que, sobre el papel, va tornándose en segmentos de espesa tinta oscura.
Al darle una dimensión física a un acto cotidiano que no la tiene, Scrolling Life irrumpe en el espectador interpelándole sobre el impacto que lo digital tiene en su vida y viceversa. Así, la curiosidad de Barajas por la experimentación con medios digitales y su interés en cuestionar las lógicas y las formas en que se imponen, también evoca inmediatamente una reflexión sobre el carácter efímero y desmesurado de nuestros tiempos.

Día 2
Daniel España
Un incendio sin cenizas
Instalación
Cali
¿Qué hacer con los desechos que deja la producción de una obra artística? La pulsión destructiva por quemarlas una vez su materia prima es utilizada o expuesta, pero la imposibilidad de prenderlas fuego (por temor, raciocinio o cobardía) ha encontrado una salida en forma de llama renovada, reinventada, reciclada en la instalación Un incendio sin cenizas, del artista caleño Daniel España Zamudio.
La obra simula un incendio en un espacio de exhibición haciendo uso de tres cartones recortados como siluetas de llamas, pintados en amarillo, naranja y rojo. Interpuestos como en una escena por capas sobre soportes de madera, simulan la visión del fuego al moverse lentamente mediante un mecanismo impulsado por un motor de biela. Vistos de frente, o en la proyección de su sombra, los fragmentos de restos que estaban destinados al escombro componen un fuego unificado que se agita sin consumirse, que no se apaga, que está vivo y da nueva vida a lo que, en otras circunstancias, no la tendría.
Complementando esta simulación, un audio generado con Pure Data se reproduce para generar un sonido que, en tiempo real, asimila el crepitar del fuego en las cosas quemadas. Es decir, otra capa más de ilusión: no se trata de un registro de algún incendio, sino un sonido fabricado a partir de ruido blanco cuya frecuencia se modifica y aleatoriza en cada momento.
La inquietud de España por la existencia de los objetos, que en el caso de las obras de arte cobra vida en tanto son expuestas y la pierden en la medida en que nadie las vea o exponga, crea la metáfora perfecta sobre el renacer, los ciclos de vida o nivel de importancia de las cosas que, en la recreación de una llama, transfiere todo el poder simbólico de este elemento de la naturaleza. Así, el artista se pregunta por el estatuto material de las obras de arte, por su supuesta trascendencia, por su latente destrucción y por la pulsión de querer quemar todas las cosas que va acumulando en la realización de su trabajo.

Día 1
Andrés Mosquera
Palo Alto
Video
Istmina, Chocó
Un desplazamiento territorial es presentado por Andrés Mosquera como un viaje hacia las capas más profundas de la memoria y la identidad. En el cortometraje Palo alto, la cámara, o más bien, los ojos, recorren la travesía de una mujer negra que decide alejarse de Bogotá tras el hastío del racismo impregnado en la cotidianidad capitalina. Más que un punto geográfico específico, su destino es el horizonte simbólico. Kalakuta, la icónica micronación utópica de Nigeria fundada por el músico y activista Fela Kuti.
En este collage audiovisual, el artista chocoano Andrés Mosquera, confronta las heridas del desarraigo, la diáspora y la herencia africana fragmentada por el proceso de esclavización. Un found footage que opera como una búsqueda de apropiación y resignificación visual. Mosquera recurre a imágenes ajenas para construir una trama que transforma la dispersión del archivo digital en un ensayo poético sobre pertenecer.
Narrado en lengua palenquera, este ensamblaje entre el archivo encontrado y el dialecto nacido del primer pueblo libre de América genera un enfoque estético y político. La lengua de San Basilio de Palenque, resistencia viva del Caribe colombiano, se convierte en el megáfono que enuncia un viaje hacia el África subsahariana, desmantelando los discursos coloniales que históricamente han encasillado o exotizado a los territorios afro.
Para Mosquera, cuya práctica artística transita entre la pintura, el dibujo, la fotografía y el cine, lo afro es la perspectiva desde la cual se construye y transforma la imagen. Palo alto, Nigeria y Kalakuta más que espacios físicos, son territorios imaginados donde la protagonista intenta reconstruir aquello que le ha sido negado a ella y su comunidad por la historia “oficial”. Esta ficción documental cuestiona entonces lo que consideramos la “verdad” escrita y archivada por otros, mientras propone una descolonización del lenguaje cinematográfico en una oda a la identidad, la libertad y la resistencia.

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