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San Valentín

¿Qué regalarle a tu pareja para San Valentín en los 2000?

Ilustración

Para este San Valentín, queremos recordar, viajar a las entrañas de la memoria emocional de los millennial con sus expresiones más cursis. Choose your fighter.

En Radio Tiempo tooodo el tiempo suena “Coleccionistas de canciones” de Camila, la canción más rankeada la tarde de un 13 de febrero del 2007. Las calles atiborradas de románticos disparan la demanda de las famosas tiendas de sentimientos un día antes de la gran fecha: burbujas de cristal en los centros comerciales repletas de pancartas, marcadores de vinilo, chocolates, rosas de plástico, peluches XXL, tarjetas con sonido y credenciales con poemas.

Como el Rey del Despecho, estos detalles de fina coquetería están en el ADN colombiano: somos la monarquía de la ternura. Considerados por algunos como mañés, lobos o extravagantes, estos regalos han mutado de lo rimbombante a lo minimalista. Lastimosamente. Y si bien este artículo no es una carta de amor al amor, sí es un elogio a la nostalgia de los últimos románticos, esa dulzura material y empalagosa en la que crecimos y que varios heredamos.

Un vitral

En este viaje —sin estupefacientes—, se invita al lector —de preferencia un latin lover adepto de la melosería—, a recordar aquellos objetos que dejamos entre el polvo y los CD’s de una época que recuerda los primeros amores, o los más intensos, nuestros imperios romanos que marcaron un antes y un después en el historial romántico de cada uno. Puestos en marcha, ¿qué regalo le darías a tu pareja en 2007 con cincuenta lucas?Elige tu souvenir:

Este era ir a la fija para aquellos con vocación de diseñadores de interior. Un recuadro de vidrio con alguna ilustración, las más recordadas: las jirafas, los conejos, las vacas y las ranas. Estos tiernos animales tenían ojos gigantes, a punto de salirse de las órbitas, con panza en forma de pera y extremidades largas y flacas. ¿Lo más importante? Tenían tenis. Se acompañaban de frases como “El Motivo De Mi Sonrisa Tiene Tu Nombre! Feliz San Valentin Mi Amor!” o “Contigo Ninguna Distancia Es Larga, De Tu Mano Iría Hasta El Fin Del Mundo”. La magia terminaba cuando la puntilla que sostenía el vidrio quedaba floja, o si el mismo amor se quebraba antes de tiempo.

Un giordano XXL

Solo dos pares de ojos podrían demostrar tanta devoción: los de un consumidor de cannabis enamorado o los de un Giordano. Este era el clímax del consumidor de la ternura, recibir o regalar un Giordano gigante. Era muestra de poder adquisitivo y extravagancia. Desde 1980, “Sad Sam & Honey” —el nombre original de los Giordanos— saltó al mercado en los cinco continentes. Fue creado por George Valentino, presidente y director ejecutivo de Creative Endeavors, una empresa de juguetes con sede en Long Island, Nueva York. Su furor llegó a significar el tirar la casa por la ventana en nombre del amor y que luego habitara la mitad de la cama hasta llenarse de polvo. Por cierto, ¿cómo se lavaban los Giordanos? ¿A qué se debía su tristeza infinita? ¿Aún creían en el amor? Más dudas que se suman a los muchos misterios sin resolver del amor romántico.

Un globo decorado con letra Timoteo

Quizás uno de los más recordados y que dejó secuelas en los millennials, pues una gran parte sabe casi instintivamente escribir con esta caligrafía. La letra Timoteo nació en el frío corazón del país en 1979. Su creador, Jairo Rueda, un artista visual quien entonces estudiaba diseño industrial, creó una historieta sobre un personaje llamado Timoteo, un vagabundo que se enfrentaba a situaciones complejas con sarcasmo y encontrando un punto positivo entre la desesperanza. Acorde a esta historia, Jairo acompañó las tiras cómicas con una letra “en defensa de la ternura”. Esta fue implementada en cuadernos de colegio, carteleras, postales, cartas y globos infinitas veces regalados a las amigas, al cumplir un mes de novios, en San Valentín y por supuesto en el día del Amor y la Amistad.

Un llavero de madera con tu inicial

Un regalo pensado, hecho y demandado por los pragmáticos del romance, aquellos que sobreponían la utilidad sobre la estética. Esta adición para las llaves solía fabricarse en MDF, pintados con vinilo o pintura acrílica o algunos recubiertos por plástico con patrones de flores, puntos o figuras geométricas. Los más apasionados, regalaban su propia inicial como símbolo de entrega, de pertenencia y devoción absoluta, un dije a la mano, una “T” de Troy Bolton. 

Un pin de un Piolín con gorra

Artefacto vieja guardia, imponía la trinidad del canon dosmilero: sentimiento, elegancia y maldad. Este era un accesorio para llevar con orgullo, mezcla entre la bondad del icónico canario con la fiereza de la calle. La tendencia de darles una vibra urbana a los personajes de los Looney Tunes fue una influencia del Hip-Hop, y en la actualidad cualquier prenda o accesorio de este tipo, como pines y gorras, son considerados piezas de colección. Y usted se preguntará, ¿por qué Piolín y no Bugs Bunny o el Demonio de Tasmania? Tal vez se trate de un misterio, o simplemente es que Piolín es un referente generacional de la ternura. No por algo tiene un espacio en nuestra memoria después de 82 años desde su creación en 1942.

Una ancheta

La literal dulzura del amor. No apto para diabéticos o quisquillosos de los dulces. Este regalo fue y será la vieja confiable. Es posiblemente el único sobreviviente de esta lista en la actualidad, pues sigue vigente hasta para las empresas. Mientras más abastecido se veía el canasto, más profunda era la traga. Los elementos básicos: una Jumbo, unos barriletes, unos M&M's, unas almendras francesas, unas Uvas Chéveres, una cerveza Corona y una rosa de plástico, o en su defecto, una tarjeta. Si algo se sabe sobre la eternidad, la respuesta la tienen quienes han recibido este regalo, pues siguen encontrando envolturas de este souvenir 17 años después

Mariana Martínez Ochoa

Periodista. Escribe artículos y crónicas sobre arte, diseño, cultura y salud mental. Entusiasta de la cultura popular, la tecnología y la ciencia. Le gustan las “matas”, las fuentes claras y el chocolate espeso.

Periodista. Escribe artículos y crónicas sobre arte, diseño, cultura y salud mental. Entusiasta de la cultura popular, la tecnología y la ciencia. Le gustan las “matas”, las fuentes claras y el chocolate espeso.

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