¿Qué tienen en común Sabrina Carpenter y Deftones? El Festival Estéreo Picnic
Del barro de 2010 al frío del Simón Bolívar en 2026, la historia del Festival Estéreo Picnic es un recorrido de milagros musicales, un “Mundo distinto” que se espera con devoción anualmente. Uno donde el parkour de bandas y géneros conviven bajo el cielo más impredecible de Bogotá.
Ni una fusión en Spotify con esa amiga k-popper podría arrojar mezclas más disonantes y raras como las que logra anualmente el cartel del Festival Estéreo Picnic. Este 2026 ya se cumplen 16 años de tumultos, carreras en entretiempos y chilladas a gritos entre el metacho cuarentón y el hipster que nunca se operó los ojos y continúa usando lentes. Una experiencia dedicada a descubrir nuevos sonidos, desde el que llega de Inglaterra hasta el que vive en Hippies.
Este año, al frío rompehuesos de la capital vuelven los aires neotropicales en el Simón Bolívar. Ese sueño lúcido que nos permite habitar “Un mundo distinto” por un fin de semana; uno que ni Alicia podría imaginar. Pero más allá de la fantasía que se espera anualmente con conteo regresivo, los creyentes y dolientes de este festival no son adeptos en vano, el FEP se convierte en la excusa perfecta para tirar el tarjetazo y escuchar en vivo esa playlist inclusiva que podría ambientar el parche más ecléctico.
Como adolescente canónicamente latino, y resaltando su ADN impredecible, el cartel del FEP vuelve a graduarse con honores en esta maestría de contrastes, rebeldía y excentricidad. A través de sus 15 ediciones –y sobreviviendo a una pandemia--, el festival ha construido una identidad donde el metal, el rap, el pop, el reggaetón y otros géneros que “nada que ver” entre ellos, conviven bajo el mismo cielo capitalino. Aquí un breve recorrido por algunos hitos que forjaron este "Mundo distinto".

2010: el génesis de una revolución musical
La primera edición de un evento es siempre un riesgo, y el FEP no fue la excepción a la regla. Aunque este debut tuvo acogida —más de 2.000 personas—, presupuestalmente fue una locura insostenible. Este inicio fue modesto, pero marcó un antes y un después en lo que conocíamos sobre festivales en el país, presentando talento local e internacional con Bomba Estéreo, Matisyahu, Instituto Mexicano del Sonido o Superlitio.
2013: las cifras en rojo y los gritos en alto
En este punto, la fe estaba casi perdida. Iban tres ediciones y, aunque la curaduría musical era magna, no había bolsillo que la sostuviera. Este fue el primer año en que las ganancias estuvieron por encima de las pérdidas. El festival se extendió dos días: viernes y sábado, y contra todo pronóstico de pérdidas e incertidumbre, el cartel fue un absurdo para los melómanos: The Killers, New Order, Café Tacvba, Two Door Cinema Club, Foals, Steve Aoki, Crystal Castles, León Larregui, Major Lazer y Alcolirykoz destacaban en un sueño que se negaba a morir.

2016: la consolidación
Desde el 2014, la nómina musical se triplicó. El éxito de ediciones que ya duraban tres días fue una bofetada a aquellos años de luchas financieras. Dos grandes memorables de este junte fueron Snoop Dogg y Florence + The Machine. Por un lado, el misticismo etéreo de Florence Welch, corriendo descalza por el escenario con un vestido salmón cual hada del bosque; por otro, Snoop Dogg rapeando y marcando el beat a veinte mil manos. Die Antwoord, Of Monsters and Men y Tame Impala también se dejaron ver en esta edición destinada a la gloria.
2018: la era dorada
En su novena edición, el festival continuó demostrando que lo imposible solo necesitaba organización. En ese año, los tesos de Crew Peligrosos llegaron al escenario a meter resistencia a través de líricas ácidas y directas. Horas después, la reina Tumblr de la tristeza y el cat-eye, Lana del Rey, ofrecía una oda a la melancolía. Gorillaz, The Neighbourhood, LCD Soundsystem, la reina Kali Uchis, Metronomy y el mismísimo Mac DeMarco cumplieron sueños que solo eran posibles tras años de esperas y giras independientes.

2022: adiós, my hero
A pesar de su éxito casi absoluto, la historia del festival también ha presenciado pérdidas y despedidas. La noche del 25 de marzo de 2022, tras una jornada impecable con el show de Black Pumas, todos se preparaban para ver a Foo Fighters. La espera fue ruidosa, el ambiente estaba tenso, era algo más allá de un simple retraso. Aquellos que tenían señal leyeron las primeras noticias: Taylor Hawkins, baterista de la banda, había fallecido. El escenario principal se vistió de luto, comenzó a sonar "My Hero" por los parlantes gigantes, nadie podía creerlo. Finalmente, la música en vivo es un milagro frágil.
2025: realismo mágico-musical
Si alguien le hubiera dicho a un asistente del primer Estéreo Picnic en 2010 que algún día verían a los metachos más respetados (Tool) y al rey de la balada romántica colombiana (Galy Galiano) en el mismo cartel, se habría ido de culos. Pero el 2025 fue el año en que el absurdo fue la realidad. Solo el FEP podría materializar el hecho de que ser colombiano es hacer el parkour musical de poner “The Pot” y luego “La cita”, porque somos el verdadero “escucho de todo”.
2026: ¿Qué tienen en común Sabrina Carpenter y Deftones?
Volvemos al presente. El cartel de este año sigue siendo un sí rotundo. La presencia de Sabrina Carpenter representa una actualidad que cantamos enalteciendo el brillo y la coquetería. Por su parte, Deftones es el símbolo de permanencia y legado. El festival ha descubierto que a su público no le molesta el cambio de género, siempre y cuando el artista sea muy bueno en lo que hace.
2026: ¿Qué tienen en común Sabrina Carpenter y Deftones?
Volvemos al presente. El cartel de este año sigue siendo un sí rotundo. La presencia de Sabrina Carpenter representa una actualidad que cantamos enalteciendo el brillo y la coquetería. Por su parte, Deftones es el símbolo de permanencia y legado. El festival ha descubierto que a su público no le molesta el cambio de género, siempre y cuando el artista sea muy bueno en lo que hace.

Volvemos al presente. El cartel de este año sigue siendo un sí rotundo. La presencia de Sabrina Carpenter representa una actualidad que cantamos enalteciendo el brillo y la coquetería. Por su parte, Deftones es el símbolo de permanencia y legado. El festival ha descubierto que a su público no le molesta el cambio de género, siempre y cuando el artista sea muy bueno en lo que hace.

Aunque la música es el faro del Festival Estéreo Picnic, este dejó de ser un evento meramente musical hace muchas ediciones para convertirse en una ciudad efímera. Ahora hay activaciones en las que las marcas compiten por ser el mejor spot de fotos, ferias donde se entra buscando nada y se sale con tres collares y dos bolsos. Aunque no conozcas la banda que está tocando, siempre hay oasis para las pausas. Este mundo distinto nos recuerda que cada año en Bogotá, bajo la lluvia o el sol, todo puede pasar.

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