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Creatividad para creativos

Creatividad para creativos: la tensión del tiempo libre

Ilustración

 Dedicarse a crear, implica encontrar inspiración en cada lugar, a cada momento, ¿qué pasa cuando la creatividad deja de ser un juego para convertirse en una responsabilidad? La autora reflexiona sobre la línea entre la pasión y el agotamiento cuando te pagan por tener ideas

La primera vez que tuve conciencia de que podía cantar fue en medio de un aguacero. Era una niña y estaba sola en casa, el techo retumbaba y no sabía dónde esconderme para lograr dejar de escuchar los truenos que me asustaban. Con varias cobijas encima y seguramente inspirada por el exceso de películas de Disney, me puse a cantar para crear un nuevo ruido más alto que la lluvia. Desde entonces, mi relación con el canto ha sido permanente, estrecha y tranquila. 

Pero este texto no va del canto, ni mucho menos de lo que hay que hacer en caso de lluvias fuertes, más bien, va de esa tensión contemporánea que existe entre la creatividad y el tiempo libre. O más bien, sobre qué pasa con el tiempo libre de quienes nos dedicamos a trabajos creativos, ¿el espacio de ocio, vacío, de pronto se llena de más cosas para crear?

¿Para qué un hobby si ya trabajas en lo que amas hacer?

Nunca me ha gustado la palabra hobby. Recuerdo escuchar a gente mayor asociarla a algo divertido y por fuera de las estructuras monetizables que invaden casi todo lo que me parecía fascinante. El problema estaba en la jerarquía: un hobby siempre era algo menor, algo que se hacía en una especie de tiempo “sobrante”, ¿cómo era posible que la diversión o incluso el acceso a la creatividad ocupara tan poco espacio en la vida de una persona?

Con influencias más rebeldes, acaso más arrojadas o desestructuradas, tener un trabajo creativo se convirtió entonces en una de las principales metas de mi generación: un trabajo que te rete creativamente y en el que tengas un rango de maniobra para jugar y crear cosas nuevas. Luego de casi diez años de tener trabajos y ser colaboradora de proyectos creativos, estimulantes y flexibles, me he hecho nuevas preguntas sobre mi relación con el tiempo libre.

¿Qué pasa cuando tu trabajo consiste precisamente en pintar, en escribir o en generar conceptos? Decirle a un ilustrador que se relaje dibujando es como decirle a un maratonista que descanse saliendo a correr otros diez kilómetros por el simple placer de sentir el viento en la cara.

El filósofo Jonathan Crary lo dijo en su obra 24/7: estamos en una era que busca colonizar incluso los momentos de inconsciencia. Para los creativos, esta colonización es absoluta, pues no existe el "fuera de servicio" porque el mundo es una fuente constante de referencias, esta peligrosa asociación de que somos lo que hacemos —aunque sería tema amplio para otro texto—. Vas a una exposición y, en lugar de conmoverte, estás analizando la paleta de colores para tu próximo proyecto. Escuchas un podcast y estás diseccionando la estructura narrativa.

Hay un concepto que Jürgen Habermas llamó la colonización del mundo de la vida, originalmente se refería a cómo el sistema económico y administrativo invade nuestras esferas privadas. Para quienes nos movemos en lo creativo es todavía más difícil salir, pues el trabajo mismo, asociado a esta diversión y creatividad, abarca una invasión del espacio, incluso el libre, como un todo. El "ocio" para quienes nos dedicamos a lo creativo, se ha vuelto difícil porque requiere un esfuerzo consciente de desaprendizaje, casi que un tiempo libre no creativo, impositivamente no creativo.

El cultivo de la inutilidad

La línea entre la pasión y el agotamiento es más delgada cuando nos pagan por tener ideas. ¿A dónde va ese tiempo libre cuando trabajamos dibujando y al llegar a casa quisiéramos dibujar pero estamos exhaustos de hacerlo? El cerebro creativo no es una máquina de vending; es un ecosistema que necesita reposo. Según una actualización del informe Future of Creativity de Adobe, el 78 % de los creativos admite haber experimentado burnout en 2025 debido al flujo constante de  "estímulos divertidos", lo que mantiene las glándulas suprarrenales en un estado de alerta permanente.

Si la mercantilización total de la vida exige que cada minuto sea productivo y que cada actividad creativa, eventualmente sea monetizable, el único acto de rebeldía real para un creativo es la inutilidad. Estudios sobre bienestar y salud mental, como los recopilados en The Journal of Positive Psychology, sugieren que las actividades no monetizadas son uno de los predictores más fuertes de la resistencia ante el estrés laboral. Tener algo en que poder fallar sin consecuencias financieras, algo en lo que descubrirse en la experimentación misma.

Trabajar en el mundo creativo indica que alguna vez eso que fue una inquietud artística y una búsqueda casi espiritual se convirtió de pronto, mediante la disciplina o el azar, en nuestra fuente de ingresos. ¿Habría entonces que encontrar, como creativos, espacios de ocio para permitirnos ser frontalmente malos sin que nada de eso importe?

Nunca había pensado en mi relación con el canto como ese algo inútil con lo que nunca he pretendido nada más que cantar. Así, el verdadero tiempo libre, el verdadero descanso del cerebro creativo tal vez sea entonces el silencio. El derecho a tener un talento y no compartirlo y no querer nada más con ello: ni abrir una cuenta de TikTok, ni una tienda, ni estampar camisetas, ni nada. El ocio improductivo, arrebatado por un sistema que lleva al límite, acaba siendo ese espacio en el que no somos talentos, ni marcas, ni creadores de nada. Solo un largo ayuno de dopamina y un frondoso cultivo de inutilidad.

El oasis del cerebro creativo

El reporte The Future 100: 2025 de VML sugirió el término de “Escapismo analógico” para indicar una tendencia del regreso al vinilo, a las cámaras de rollo y a procesos manuales que van desde la cerámica hasta la cocina o incluso la mecánica. En las conclusiones indican que para generaciones agotadas —Millennials y Gen Z— ya no basta con apagar las pantallas, sino que es necesario involucrarse físicamente a otras actividades que, por supuesto, no tienen ningún propósito monetizable ni de excelencia. 

Quizás la solución no sea buscar "tiempo libre" —esa categoría que suena a espacio residual en un calendario de Google— sino reclamar el derecho a la inutilidad salvaje. Si la vida profesional exige ser expertos en la estética y la palabra, la vida privada debería ser un campo de escombros, un lugar donde permitirnos el lujo de ser mediocres, torpes e irrelevantes para el sector. Apagar las ideas creativas, darles pausa, no es una traición a la pasión sino el reclamo justo y la forma más honesta de extender, incluso defender, abanderar, la inutilidad consciente. 

Lo dijo María Negroni en su Colección permanente sobre la creación, sobre el hacer, que al final se conecta de manera casi mística con el no hacer: 

“Las palabras viajan siempre desde lo que no saben hacia lo que no saben, como pequeños animales cuya única ambición fuera perderse, mejorar la calidad de sus preguntas. 

¿Acaso el arte no es el arte por excelencia de preguntar?

Fabulosa tautología que prueba -si fuera necesario- que, allí donde se vuelve posible lo insólito y el hábito se agujerea, hay lugar para esa conciencia más fina donde se refugia desde siempre el espíritu”. 

Sara Juliana Zuluaga García

Periodista, narradora documental y editora, nacida en Armenia, Quindío. Su trabajo se ha enfocado en las dinámicas culturales y medioambientales de la región desde la narración escrita y la fotografía. Actualmente es editora en la revista Dos Aires, que funciona entre Colombia, México y Francia. Colabora con crónicas, análisis y ensayos escritos y visuales para diferentes medios de comunicación. En su tiempo libre disfruta cocinar, nadar y leer.

Periodista, narradora documental y editora, nacida en Armenia, Quindío. Su trabajo se ha enfocado en las dinámicas culturales y medioambientales de la región desde la narración escrita y la fotografía. Actualmente es editora en la revista Dos Aires, que funciona entre Colombia, México y Francia. Colabora con crónicas, análisis y ensayos escritos y visuales para diferentes medios de comunicación. En su tiempo libre disfruta cocinar, nadar y leer.

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