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Ruta de la carimañola por Barranquilla

Los que saben no dudan en pedirla ni a dónde ir para encontrarla: la carimañola es un ícono de la cocina colombiana y no siempre es fácil saber dónde encontrar las mejores. De visita por la Arenosa, La Cata nos lleva a conocer cuatro locales donde comer este manjar es una experiencia que le rinde homenaje a una historia de migraciones, tradiciones e ingredientes que también nos cuenta aquí mismo.

Siempre que aterrizo en Barranquilla tengo el mismo pensamiento poco sofisticado pero absolutamente honesto: necesito un frito. Uno de servilleta doblada en cuatro. De los que salen del aceite y pasan directo a la mano, todavía calientes, sin tiempo para que se enfríen ni para pensarlo demasiado.
En esta ciudad los fritos no son un capricho ocasional, son parte de la rutina y de la identidad gastronómica. Están en las vitrinas desde temprano, acompañan la ida al trabajo, reaparecen cuando el día termina, son clave en el carnaval y también después de una buena rumba. Se comen donde sea y como sea: de pie, caminando o apoyado en cualquier esquina donde pase buena brisa.

Yo suelo molestar diciendo que también soy, en parte, barranquillera porque mi mejor amiga lo es. La primera vez que vine, hace varios años, fue con ella. Recuerdo que no fuimos primero al Malecón ni a la Ventana al Mundo. La primera parada fue La Tiendecita para desayunar con fritos, y así empecé a conocer una ciudad que amo de la mejor forma que se puede: a través de su comida. 
Desde entonces, cada vez que regreso, hago el mismo inventario mental: arepa de huevo, dedito, empanada, kibbeh. Pero siempre termino en el mismo punto: la carimañola. En Barrio Abajo, mientras veía cómo moldeaba la masa todavía tibia, Yomaira Herrera Cassiani, matrona, cocinera y especialista en fritos, afirmaba con certeza: “La carimañola es un frito reina. Yo la hago de pura yuca, como debe ser. Algunas personas la rinden con harina o la mezclan con otras cosas para lograr la consistencia, pero cuando la yuca está bien cocinada no necesita nada más”.

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La carimañola es un frito tradicional del Caribe colombiano y también panameño. Está hecha con masa de yuca cocida y molida, rellena usualmente de queso costeño, carne molida guisada o pollo, y sumergida en fritura hasta dorar. Sin embargo, su historia es más amplia y no responde a un solo origen. 

Como ocurre con muchos platos del Caribe, se construyó a partir de distintas influencias. Hay distintos relatos que relacionan su origen con la migración árabe que llegó a la Costa Caribe colombiana entre finales del siglo XIX y comienzos del XX. Familias provenientes de lo que hoy es Líbano, Siria y Palestina trajeron preparaciones como el kibbeh —una croqueta de trigo bulgur rellena de carne— que rápidamente se integró a la cocina local.

En la Costa, el trigo no era el ingrediente más accesible. La yuca —uno de los alimentos más antiguos del territorio americano, cultivado por pueblos indígenas mucho antes de la colonización— sí lo era. 

Según investigaciones sobre cocina tradicional del Caribe colombiano y relatos recogidos por cronistas gastronómicos, las cocineras comenzaron a reemplazar el bulgur por masa de yuca cocida y molida, manteniendo la forma alargada y probando rellenos como el queso costeño. Por su parte, la técnica de freír en aceite profundo suele asociarse con saberes culinarios africanos que llegaron al Caribe durante la colonia. El resultado fue una preparación que terminó consolidándose como propia en la región.

El nombre tiene variaciones regionales —carimañola o caribañola— dependiendo de dónde se coma: en la Costa Atlántica, especialmente en Cartagena, Sincelejo y, por supuesto, Barranquilla. Algunos investigadores han sugerido que el nombre podría derivar de “carmagnole”, una chaqueta corta popular durante la Revolución Francesa, en alusión a cómo la masa envuelve el relleno. Sin embargo, no existe consenso académico definitivo sobre esta teoría. 

Lo que sí está documentado es que la carimañola ya era popular en el siglo XIX, cuando Panamá y Colombia compartían territorio político, y que se consolidó como una comida accesible y contundente en las ciudades portuarias del Caribe. Hoy es desayuno, merienda y comida callejera. Puede tener forma alargada, romboide o ligeramente ovalada. Crujiente por fuera y tierna por dentro. Sencilla en ingredientes, exigente en ejecución. Yomaira, que ha trabajado fritos con durante años, insiste en lo mismo, “cuando la yuca está en su punto, no necesita nada más. Se cocina, se muele, se amasa con sal y un poquito de aceite, esto es todo”. No hay receta secreta, solo técnica.

Si usted visita la Arenosa, no se puede perder estas cuatro paradas para probar las mejores carimañolas:

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1. Las Delicias de Yomaira
Cra. 51 #48-141, Barrio Abajo
Recomendado: carimañola con carne en posta

Llegué aquí por recomendación directa de Alex Quessep, chef y empresario barranquillero conocedor de la escena gastronómica local. “Donde Yoma están los mejores fritos de Barranquilla”, me dijo sin rodeos.

Aquí llegan vecinos que se saludan por el nombre, turistas que hacen recorridos culturales por el sector y visitantes que aterrizan en la ciudad con una lista de pendientes gastronómicos. Han pasado desde embajadores hasta personajes icónicos del carnaval, pero el movimiento real lo sostienen los clientes fieles que vuelven cada fin de semana. Yomaira abre principalmente sábados, domingos y festivos, y cuando el aceite está en su punto, simplemente se arma la fila. 
La carimañola es completamente de yuca y tiene esa firmeza que solo da la masa bien trabajada. La versión rellena con carne en posta de res, cocinada lentamente en una salsa ligeramente dulce, aporta profundidad sin romper la estructura. Es casera, simple y bien hecha, sin duda alguna, mi favorita de toda la lista.

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2. La Tiendecita
Cra. 44 #62-04
Recomendado: carimañola de carne

La Tiendecita fue fundada en 1965 por Olina González Rivero y, con el tiempo, se convirtió en patrimonio gastronómico de la ciudad. Años después, tras la muerte de su fundadora, Ramón Blanco —“Monchy”— asumió el liderazgo del negocio y terminó de consolidarlo como emblema cultural y gastronómico.

En sus mesas se han reunido figuras como Álvaro Cepeda Samudio y Gabriel García Márquez, además de periodistas, políticos, deportistas y reinas del Carnaval. Las fotos en las paredes no están para decorar; están para contar esa historia. Monchy, con más de cinco décadas detrás del mostrador, es una leyenda en la ciudad y el anfitrión constante de esa tertulia permanente que define a La Tiendecita.

La carimañola aquí es un clásico para cualquier hora del día. Masa suave pero firme, relleno de carne molida bien sazonado y un suero espeso que uno termina usando más de lo que pensaba. Se come sentado, sin afán, con buena música de fondo; eso también hace parte de la experiencia.

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3. Frutera Los Compadres
Cl. 74 #46-96
Recomendado: carimañola de queso

Frutera Los Compadres no duerme. Funciona 24 horas y eso la convierte en refugio natural después de una noche en La Troja, en Carnaval o cuando el reloj ya pasó las dos de la mañana y el hambre aparece sin aviso.

La vitrina de los fritos está llena siempre y la barra de sueros, picantes y salsas es casi una invitación a demorarse en cada bocado. Aquí también hay jugos naturales perfectos para refrescarse en el calor costeño: corozo, zapote o patillazo bien frío. La escena es constante: alguien pide una carimañola de queso y otro agrega una arepa de huevo porque “ya entrados en gastos”.

La carimañola tiene corteza firme y queso salado que no se desborda. Es generosa y accesible, de esas que resuelven sin complicaciones. Es un clásico barranquillero que cumple su papel en cualquier momento del día. Y como dice su propio lema, colgado con seguridad en el local: “no somos los únicos, pero somos los mejores”.

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4. Tommy La Bendición
Cra. 8 #40-73
Recomendado: carimañola de queso

Tommy La Bendición también opera 24 horas y se mueve en otro circuito: cerca del estadio Metropolitano, de la zona de discotecas y de moteles. Nació durante la pandemia, cuando muchos negocios cerraban y otros buscaban sobrevivir con lo esencial. Desde entonces se consolidó como punto fijo para quienes salen de un partido del Junior o cuando la noche se alarga más de lo previsto. Es de los lugares que siguen con el fogón prendido a cualquier hora.

Aquí la carimañola llega caliente y bien sellada, acompañada muchas veces de un jugo frío con fruta fresca antes de seguir el camino. No hay sillas ni ceremonias, hay urgencias resueltas. Se pide, se paga y se muerde antes de que se enfríe.
Tommy no compite por tradición histórica, cumple una función clara dentro del mapa nocturno de la ciudad. Y en una Barranquilla que vive de noche tanto como de día, eso es suficiente.

***

En conclusión, la carimañola no pertenece a una sola raíz cultural ni a una sola ciudad. Es indígena en su base, africana en su técnica de fritura, influenciada por la migración árabe y consolidada en el Caribe colombiano y panameño como parte de su identidad culinaria. En las calles de Barranquilla no se teoriza demasiado sobre eso, se disfruta. Y cuando se fríe bien, basta una servilleta doblada en cuatro para entender por qué sigue siendo la reina.

La Cata

Gastrónoma de vocación y hedonista de primera categoría, a La Cata le encanta probar cosas nuevas. Su hábitat natural son los festivales y las ferias. Desde los mejores platos de comida hasta experiencias en lugares de culto, sus listados son la oportunidad para dejarse guiar por las mejores experiencias disponibles.

Gastrónoma de vocación y hedonista de primera categoría, a La Cata le encanta probar cosas nuevas. Su hábitat natural son los festivales y las ferias. Desde los mejores platos de comida hasta experiencias en lugares de culto, sus listados son la oportunidad para dejarse guiar por las mejores experiencias disponibles.

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