Pasar al contenido principal

 

Escribe más de 3 caracteres

nostalgia digital

Mi primera En-carta de amor

Collages

¿Cómo contarle a una niña que creció con Wi-Fi que hubo una época en la que para otra niña el conocimiento del mundo cabía en un CD? Mis primeros clics se movilizaron lentamente en un Windows XP cuya CPU sonaba como la turbina de un avión intentando descifrar los códigos de Mi Primera Encarta, o más bien, mi primera adicción, lo más cercano que conocí a “navegar” antes de saber qué carajos era el Internet.

Mi primera Encarta, no sé si comenzar agradeciendo o maldiciendo a la electricidad, aquellos cables que se enredaban como arañas en el poste de luz al lado de mi ventana en una vereda de Bello, Antioquia. Misma electricidad que era el único requisito que necesitaba para saber cómo funcionaban las placas tectónicas. Para los investigadores más pragmáticos serías un “encarte”, uno que no alcanzaría la velocidad ni tenacidad de data que el mundo actual cree contener, o necesitar.
Estás codificada en los recuerdos de una infancia a inicios de los 2000. En mi caso, marcada por el eco de Chica 10 de Fusión Perreo o las voces histriónicas de Roger y Carla de Zapping Zone en Disney Channel, todo dependía de si la jornada escolar era en la mañana o en la tarde. Mis favoritas eran las tardes, esas donde ya había almorzado y tomado una siesta. Despertaba entonces sudando, con el cabello enmarañado, en camisa, shorts de lycra y las medias hasta la rodilla del uniforme.

Te escribo dos décadas después, añorando que la vida adulta alguna vez pueda sentirse como una tarde donde la luz del sol se tornaba de amarillo a naranja al colarse entre las cortinas con el paso de las horas. Una tarde en la que mi preocupación más grande era comprender la diferencia entre las células procariotas y eucariotas. Quizá no sea nostalgia tecnológica, sino añoranza de quien ya no volveré a ser.


Al igual que muchos de mis contemporáneos, también surgiste como mi primer navegador. Más allá de las robustas enciclopedias que vendían puerta a puerta en los barrios, o los miles de tomos que podían consultarse en las bibliotecas, ofrecías información sin las maromas económicas que requería una conexión a Internet para millones de hogares colombianos que con esfuerzo lograron comprar un computador. En la mía teníamos para el hielo, pero no para el whisky, por eso representabas la promesa de que el mundo era mucho más grande que mi colegio, mi vereda o mi ciudad —antes municipio—.

Y es que en esa época el mundo parecía más grande —o yo era muy bajita—. Todo apuntaba a un inminente cambio que prometía una democracia tecnológica, aunque estábamos –y continuamos— lejos de estar conectados, o siquiera de reconocernos. Pero no todo estaba perdido, cultivábamos la paciencia para recoger el asombro, mismo que hoy parece un recuerdo entre el scroll infinito. 

Antes de que los algoritmos aprendieran a recomendar contenidos, el conocimiento era un misterio que debía ser cazado. Y tú, Mi primera Encarta, estabas ahí, lista para el juego inquietante y retador que suponía aprender. Me parece injusto definirte como una simple enciclopedia digital, qué insulto más pixelado. Las enciclopedias vivían inmóviles en estanterías, a tu lado, sobresaltamos a través de hipervínculos al ritmo de mi curiosidad ingenua y salvaje.

Recuerdo tu interfaz de naranjas y verdes estridentes que mantenían mis ojos abiertos como platos por horas. Así como tu menú perfectamente ordenado por categorías que sonaban como un xilófono sumergido en el agua con cada clic. Desde artes, pasando por el cuerpo humano, matemáticas y ciencias,  hasta paisajes y regiones, todo presentado de forma intuitiva y cálida.

Gracias a ti conocí la nobleza de la sencillez de la que hoy carecen las plataformas. Una biblioteca cuidadosamente organizada por personas que realmente amaban lo que hacían.

Tenías todo lo necesario para entretener y educar a una párvula como yo: artículos sobre historia, artes, matemáticas o biología. Además de una colección audiovisual con documentales sobre deportes, bailes étnicos, religiones, géneros musicales, juegos olímpicos y hasta viajes a las siete maravillas del mundo. Pero mi sección favorita eran tus juegos, mi postre didáctico al terminar las tareas. Particularmente el juego de la moda del siglo XX, me enganchaba vestir los personajes y que encajaran con las prendas y su época.

Muchas de las cosas que hago hoy nacieron contigo, como la fascinación por conectar historias, datos e ideas, o el placer de leer durante horas sobre temas aparentemente inútiles. Gracias a ti supe quién era Mary Shelley y descubrí a Frankenstein, títulos que luego prestaría con la fotocopia de mi tarjeta de identidad en la biblioteca del colegio. Fuiste partícipe de mis primeros acercamientos a la literatura cuando apenas tenía 8 años y todavía gagueaba al unir las sílabas mientras seguía cada palabra con el índice sobre los renglones de los libros.

Tus conocimientos fueron también precursores de mi personalidad contestataria, de una niña que quería saber todo sobre el mundo y la vida, que no entendía por qué no podía estar en las conversaciones de los adultos y que para demostrarles que estaban equivocados, buscaba información para debatirles ideas que a mi corta edad no tenían sentido. Me sentía poderosa cuando quedaban en blanco. Por eso te recuerdo con tanto cariño. Porque me enseñaste que aprender no era una obligación meramente escolar, sino una herramienta para comunicarme con el mundo. 

Cómo se puede transmitir si no es por mis recuerdos la emoción de descubrir información sin anuncios, ventanas emergentes o notificaciones. Mientras crecía y mi edad ya tenía dos dígitos, la vida se tornó más seria y esquemática, la adultez dejó de ser un sueño para convertirse en una realidad que poco o nada se parece a lo que imaginaba. Con el Internet llegó Google, Wikipedia, YouTube, Facebook, Instagram, Tik Tok y la posibilidad de acceder a cantidades absurdas de información en cuestión de segundos.

Extraño cuando existía el descubrimiento accidental, esa sensación explosiva pero reconfortante de aprender, de una acción que requería tiempo y atención. No competías por mi atención en una página, y mucho menos necesitabas conocer mis hábitos para cautivarme. Simplemente me ofrecías el mundo y me dejabas explorarlo con los ojos de quien apenas comenzaba a habitarlo. 

Con cariño,
Una de las miles de niñas que gracias a ti hoy vive por y para la curiosidad.

Mariana Martínez Ochoa

Periodista. Escribe artículos y crónicas sobre arte, diseño, cultura y salud mental. Entusiasta de la cultura popular, la tecnología y la ciencia. Le gustan las “matas”, las fuentes claras y el chocolate espeso.

Periodista. Escribe artículos y crónicas sobre arte, diseño, cultura y salud mental. Entusiasta de la cultura popular, la tecnología y la ciencia. Le gustan las “matas”, las fuentes claras y el chocolate espeso.

Cultura Pop
Le puede interesar

Una carta emotiva a los recuerdos de una niña con Mi primera Encarta, un refugio digital de una infancia en los 2000 y una reflexión sobre la curiosidad.
Mariana Martínez Ochoa
Mariana Martínez Ochoa
-Junio/04/2026
Bogotá es uno de los epicentros de la fiesta. El baile es una catarsis colectiva para una ciudad que transforma el cansancio en movimiento y encuentro.
Brian Lara
-Junio/02/2026
Bogotá es uno de los epicentros de la fiesta. El baile es una catarsis colectiva para una ciudad que transforma el cansancio en movimiento y encuentro.
Desde el drama de Almodóvar hasta el suspenso de Lynne Ramsay, estas películas reflejan con miradas tan crudas como diversas lo que significa ser madre.
Zamira Caro Grau
-Mayo/21/2026
Desde el drama de Almodóvar hasta el suspenso de Lynne Ramsay, estas películas reflejan con miradas tan crudas como diversas lo que significa ser madre.
La rabia es una emoción que, canalizada a través del arte, se convierte en un motor de cambio y dignidad. Visite esta muestra en Bogotá.
Más allá de marcar la piel con tinta, un estudio de tatuaje es un espacio en el que la creatividad juega en compañía de otras ideas, aquí un listado para visitar y tatuarse.
Fernanda Pulido
-Mayo/13/2026
Ex Testigo de Jehová y artista, Fabián Orozco construye esculturas de cartón como una crítica pagana a su pasado religioso
Andrea Yepes Cuartas
Andrea Yepes Cuartas
-Mayo/11/2026