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Un viejo grito de gol

Un viejo grito de gol

Ilustración

Cuando James Rodríguez apenas estaba entendiendo el concepto del fútbol, 

un colombiano fue fichado por el Real Madrid.

Esta es la historia de un joven futbolista que hizo un golazo. Su equipo jugaba el torneo más importante del continente, contra uno de los equipos más laureados, cuando ganó un balón dividido por la derecha. Antes de la mitad de la cancha, vio cómo su primer rival cayó al chocar contra su físico monumental (como dirían los narradores que tienen un cajón lleno de frases), empezó a correr hasta el área rival, amagó a toda velocidad para dejar de lado a un defensa que lo enfrentó temeroso, vio el único hueco por el que podía entrar el balón y clavó un zapatazo que se convirtió en el gol de la fecha de todos los noticieros del país. No había tanto Internet ni tanto experto en la materia, pero se dice que un niño hincha se entusiasmó con la jugada y se la mandó en video al presidente de su equipo, uno de los mejores del mundo, junto a una carta en la que le decía que debía contratar al jugador. Sea esto cierto o no, unos meses después el joven de 22 años aparecía con la sonrisa de quien cumple un sueño de niño mostrando ante los fotógrafos del mundo la camiseta de la gloriosa escuadra que lo había contratado. No se trataba sólo la jugada: ese año había marcado treinta goles en una sola temporada del torneo local y uno de taco con la selección de su país contra una bicampeona del mundo. Los medios celebraban con júbilo su llegada a una de las instituciones deportivas más poderosas de todos los tiempos, que fuera la segunda venta más cara de la historia del fútbol local y que ahora tendría que codearse con varios de los mejores jugadores del mundo. Esta es la historia de Edwin Congo.

KONGO

Mientras jugaba fútbol en Colombia se graduó como odontólogo. No era tan bueno para trabajar en un equipo de estrellas como el Real Madrid. Por eso, durante ese año y el siguiente, fue prestado a tres conjuntos de menor categoría para los que tampoco fue tan bueno: en 31 partidos hizo seis goles. Entonces volvió al cuadro de la capital española y entre 2001 y 2002 fue parte de la plantilla en la que ahora había aún más estrellas, como Ronaldo, Figo y Zidane, y terminó ganando una Supercopa de España y una Champions League sin tocar el balón, lo que lo convirtió en el verdadero mejor jugador del mundo sin balón, dudoso honor que le correspondió siempre a su compatriota Víctor Hugo Aristizábal.

Después llegó al equipo de segunda división en el que cosechó los mejores recuerdos: el Levante, con el que vivió dos ascensos a Primera División, hizo 21 goles en 112 partidos y se ganó el cariño de una afición que lo apodó “King Congo”. Luego, en Sporting de Gijón, hizo 11 tantos en 34 juegos, pero de allí salió al rechazar la oferta de renovación por querer jugar en la primera división, cosa que no ocurrió y que lo llevó a estar más de un año sin equipo. Al final llegó al Olímpic de Xàtiva de la tercera división valenciana y al UD Benissa y el Paiporta de la regional de la misma comunidad. Tras haber sido protagonista de orgullosos informes en los noticieros colombianos años atrás, ahora era la nota curiosa de los telediarios españoles.

Se dice que, entre tanto, montó un restaurante en Valencia y que se fue debiéndole 12.000 euros a la propietaria del local. También contaron que habría tenido un consultorio odontológico en ese lugar. Lo único que se sabe con certeza es que regresó a Colombia y se pueden leer varias entrevistas en las que relata con detalle aquel gol de la Copa Libertadores de 1999 contra River Plate de Argentina que lo llevó a convertirse en uno de los fichajes más polémicos de la historia del Real Madrid. Y ahora todos esos que sacaron pecho cuando eso pasó se burlan y dicen que cómo fue a parar allá semejante tronco. Y al final –en este ocaso que está viviendo con apenas 38 años– volvió a vestir la camiseta del Real Madrid (“Leyendas”) y gritó un gol que tenía atorado en la garganta desde hace 15 años:

El Vago del Rincón

La vagancia casi no lo deja escribir, pero a veces le da material. Sus opiniones no comprometen a este medio, y ni siquiera a él mismo.

AUTORTW

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