Ilustrar a Murakami: Daniel Liévano, The Folio Society y la metáfora
A Daniel Liévano, uno de los ilustradores colombianos con mayor trayectoria y proyección internacional, le llegó uno de esos encargos que parecen mentira pero existen en el mundo editorial: ilustrar una serie de obras para The Folio Society. Y nada más y nada menos que cinco novelas icónicas de un rockstar como Haruki Murakami. ¿Cómo fue el proceso? ¿Qué se descubre ilustrando un encargo de esta envergadura? Aquí una mirada a esta historia.
“Cada vez que escribo ficción, me adentro en otro mundo —tal vez se le pueda llamar subconsciente—, y en ese mundo puede pasar cualquier cosa”, le dijo Haruki Murakami a la periodista Alexandra Alter en una entrevista para The New York Times. “Veo muchas cosas ahí, y luego regreso a este mundo real para escribirlas”, agregó el escritor japonés, quien, sin pensarlo, terminó por iluminar cómo fue que terminó eligiendo a Daniel Liévano para ilustrar su obra para The Folio Society.

Fue en octubre de 2020 cuando la propuesta para ilustrar los libros de un escritor anónimo llegó a Daniel. Como ilustrador ya acumulaba varios trabajos de peso en medios internacionales como The New Yorker, The New York Times y The Washington Post; y nacionales como El Espectador, Malpensante, entre otros. Con un recorrido así, las sorpresas parecían pasar a ser algo cotidiano, pero no lo era. “Me contactaron por Instagram. Yo, conociendo ya la existencia y el renombre de esta editorial, les dije de una vez que sí. Raquel, la directora de arte, me escribió con más detalle por email”.
Sin que él lo sospechara, mientras respondía a los correos, su nombre ya reposaba en el imaginario del autor en Tokio. De quince candidatos propuestos para el proyecto, solo tres cruzaron el umbral de exigencia de Murakami. Daniel era uno de ellos.
Lo curioso, es que el ilustrador hasta ese momento no había recorrido las páginas del Haruki. Conocía su mito, por supuesto, sus amigos le habían dicho que era un rockstar, un fenómeno literario que mucho podía tener que ver con Colombia. “Me decían que era como un Gabriel García Márquez” recuerda, pero con unos tintes más crudos y tristes. “García Márquez es realismo mágico volcado hacia la esperanza y la belleza de las cosas. Y con Murakami, esa apreciación es totalmente cierta”.

Una vez Daniel asumió el proyecto, recuerda que trabajó durante 6 meses. En octubre inició, en noviembre entregó portadas y para marzo del año siguiente ya tenía las ilustraciones listas. “El modo de lectura de estos libros”, explica haciendo referencia a los libros ilustrados, “me parece interesante porque el protagonismo siempre lo tiene la historia, es el autor contando su relato” afirmó. “Cuando se habla de 'ilustrador' en este contexto, no significa que haya una imagen cada tres páginas; es más bien una ilustración cada cien o doscientas páginas”.
“Mi objetivo inicial fue jugar. Con 'jugar' me refiero a que no sentía la obligación de ilustrar exactamente un párrafo o hacerle una interpretación literal, sino que me dejaba llevar por lo que me gustaba y lo que llegaba a mi cabeza”, explica Liévano.
Para él el lujo de la colección, fuera de las hojas impresas en Italia y la selección de traductores para cada autor, está en la espera, en el recorrido de la lectura para llegar a la ilustración. “Tienes todo este montón de historias y escenas y, de repente, llega el momento de la ilustración. Es un instante para detenerse a verla y apreciarla con un poquito más de tiempo”, y agrega “eso también es otro lujo: la paciencia y la impaciencia” refiriendose a la contención del lector por saber qué imaginó el ilustrador o el escritor.
Mientras habla, Daniel busca con los dedos entre los libros de Murakami y las frases que él mismo subrayó para darles vida en el papel. En su estudio, los libros de Murakami no son objetos de vitrina, son herramientas gastadas por la búsqueda. Aunque la cita exacta que quería leer parecía evadirlo, se detuvo en un pasaje que, para él, encierra la esencia de Haruki:
“Cierro los ojos y respiro”, lee Daniel, describiendo ese instante en que el asombro se posa sobre uno como una “nube gentil”. Para Liévano esa sensación no es solo literaria, es el alivio profundo de quien finalmente encuentra donde finalmente quiso estar: “Me encanta. Es la descripción de alguien que encuentra el lugar en el que siempre quiso estar. Cuando dice que todo se posa sobre él como una 'gentil nube'... ¡quiero eso! Es esa sensación de que todo finalmente se establece y encaja con suavidad”.

Tal vez eso fue lo que Haruki Murakami vio en él. Una búsqueda profunda, el “no ser directo. No ilustrar 'la cosa en sí', sino las relaciones que tiene esa cosa con otros elementos”. Uno de los primeros libros que leyó y que luego se convertiría en su favorito del escritor fue Kafka en la orilla, pues para Daniel, Murakami hace una oda al lenguaje metafórico. Piensa en él como si fuera un personaje que descubre y da luz a oscuridades sin descifrarlas por completo.
“Siento que la metáfora es, en general, el lenguaje más universal; incluso más que las matemáticas o la música (…). La metáfora es, prácticamente, usar una taza de café en un lugar donde no debería estar para transmitir una idea”, agrega Daniel.
Frases, palabras y emociones propias de él como ilustrador fueron las que lo guiaron a la hora de ilustrar en digital. Daniel ilustró a un autor que conocía de oído, pero que muy pronto luego conoció desde lo más profundo. Mientras hojea los libros de la colección, Daniel nota que en la composición de sus ilustraciones para La caza del carnero salvaje casi siempre tenían su gravedad en el centro del lienzo.
Ese centro en el lienzo puede ser el mismo alivio del que él hablaba antes: el punto exacto donde el asombro deja de ser caos para convertirse en un lugar donde se puede estar. Es su forma de decirnos que, aunque el lenguaje de los sueños sea difuso, siempre hay un punto donde la imagen descansa y el lector, por fin, puede respirar.
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