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Fotografiar lo invisible: en busca del leopardo de las nieves

Fotografiar lo invisible: en busca del leopardo de las nieves

Fotografía

Una pandemia, dos intentos fallidos, tres inviernos extremos y cuatro años lejos de India fueron necesarios para hacer realidad el sueño de este colombiano: fotografiar un leopardo de las nieves, una de las especies más desconocidas del planeta y que solo se puede encontrar en los Himalayas. Aquí el foto reportaje de esa aventura.

El leopardo de las nieves es un símbolo de poder espiritual y de sabiduría, de fuerza interior y resistencia, por su habilidad para vivir en las duras condiciones del Himalaya. Aparece en relatos y parábolas tibetanas que infunden lecciones sobre la compasión, la virtud y la naturaleza transitoria de la vida. Todos en este lugar sabían, conocían, habían escuchado o tal vez visto físicamente un leopardo de las nieves a quien llaman Shen, palabra de origen chino que significa "espíritu", "dios" o "ser sobrenatural".

Era 2019 y en los primeros días de viaje por la cordillera más extensa del mundo comprendí que me sería imposible ver un leopardo de las nieves en ese primer intento de aproximación. Había llegado tarde. En primavera y verano la especie asciende entre los 5000 o 6000 metros de altitud para poder vivir; más ahora cuando el impacto del cambio climático se nota también en estas zonas altas de la Tierra.

El Himalaya indio atraviesa varios estados del norte de India como Jammu y Cachemira, Ladakh, Himachal Pradesh, Uttarakhand, Sikkim y Arunachal Pradesh

Decidí quedarme a explorar y conocer a las comunidades, por lo cual opté por vivir en un monasterio por tres días, pagando 250 rupias indias —11.800 pesos colombianos en 2019— por una cama humilde dentro de una habitación helada y tres comidas al día. En las madrugadas los monjes meditaban y oraban con distintos instrumentos, luego desayunaban tsampa –harina de cebada tostada que se mezcla con té salado o mantequilla para formar una masa—, estudiaban los textos canónicos budistas, almorzaban, debatían durante la tarde sobre diferentes temas y después de cenar, volvían a meditar al finalizar su jornada.

Intentaba componer mi escena y enfocar a través del visor de mi cámara fotográfica esta enorme estatua en medio de una noche estrellada, cuando le rogué al universo que me permitiera regresar a este lugar para ver por primera vez un leopardo de las nieves. Esas banderas tibetanas que representan el agua, viento, aire, tierra y espacio, simbolizan la armonía y el equilibrio con la naturaleza, fueron las únicas que supieron de mis propósitos para el siguiente año.

Viajando en autostop por los Himalayas con un pin de revista Bacánika en el remolque de un tractor durante un trayecto de 15,4 kilómetros.
Una de las primeras señales del leopardo de las nieves que encontré fue esta cobija que protegía la puerta de una casa típica de la región, contra el frío y el polvo.
Acampando libremente en una pequeña isla que se formó en la mitad de un río con la bajada de los niveles de agua, estables y tranquilos en esta época del año.

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Todavía desconocía la profunda razón por la cual estaba buscando un animal tan especial, pero al recordar The Secret Life of Walter Mitty entendí que el leopardo de las nieves, con su naturaleza esquiva y su belleza majestuosa, representa para mí la libertad, la aventura y la superación de los miedos. Encontrar a esta criatura tan elusiva reflejaba de alguna manera la búsqueda de la autenticidad y la originalidad que tantos perseguimos en nuestra propia vida.

A inicios del 2020, volví a recorrer en autostop los más de 150 kilómetros en carros con monjes budistas y jóvenes indios que me ofrecieron marihuana y no la acepté. Estuve tres días en la casa de una familia local que me hospedó, alimentó y aconsejó sobre dónde debería quedarme en mi último destino, mientras aprovechaba para recuperarme de una diarrea y conocer un poco mejor la zona.

El pueblo al que me dirigía quedaba a 4.270 metros de altitud y contaba con unas temperaturas de -30ºC, cielos azul profundo y nieve. Acá los animales tienen pelajes tupidos para soportar el invierno y las personas solo trabajan 6 meses al año; entre la primavera y el verano cultivan todo lo que pueden, se abastecen y viven con normalidad en las montañas. En otoño e invierno se internan en sus casas hechas de barro y estiércol, parecidas a las de bahareque que tenemos en Colombia.

La vida ahí es difícil. Sin embargo, gracias a las personas que había conocido antes, logré ubicarme en una casa de huéspedes y acorde un precio moderado por tres comidas y una habitación sencilla durante un mes; este sería el tiempo que destinaría para vivir en este lugar.

Los primeros días fueron muy tranquilos, pero me dieron acceso a otras personas que organizaban expediciones que me ayudaron a desplazarme al interior del santuario de vida salvaje donde estábamos. Salíamos caminando o en carros a fotografiar aves pequeñas, buitres, zorros rojos, entre otras especies que fui descubriendo.

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Las esculturas de Buda se encuentran en diferentes lugares del Himalaya como centros de peregrinación y ofrenda para locales o visitantes.

En los días sin avistamientos aprovechaba para conocer rincones del pueblo, hablar con los locales, escribir en mi diario, leer un par de libros que cargaba conmigo. Solía quedarme durante horas en la cocina de la casa de huéspedes, porque era la zona más caliente y agradable de la casa; y además, tenía la oportunidad probar la comida típica tibetana que cocinaban los dueños o veía telenovelas indias.

Un día recibimos una llamada a través de un walkie talkie, anunciando que había un leopardo de las nieves comiéndose una cabra a unos 5 kilómetros de distancia. Salimos rápidamente, aparcamos el jeep y comenzamos a subir una colina con la nieve hasta las rodillas. La sorpresa en lo más alto, fue encontrar a más de treinta fotógrafos disparando en ráfaga a un punto diminuto a más de 250 metros de distancia.

Grandes amigos habían hecho todo lo posible para traerme desde Colombia y Turquía, un Teleconvertidor 2X. Alisté mi cámara con un Lente 200mm y el teleconvertidor, pero cuando vi la composición que tenía, me frustré. El primer leopardo de las nieves que veía en mi vida estaba tan cerca, pero tan lejos que no pude hacerle ni una sola fotografía decente.

Esta familia me dejó acampar en el jardín de su casa durante dos días. Cuando se enteraron que además de viajero era fotógrafo, me pidieron el favor de retratarlos con sus mejores trajes en un lugar sagrado de la casa.
La imagen de un tigre o leopardo aparece tallada en la puerta de un monasterio budista. Los animales tienen una gran importancia en la cultura del Himalaya. Están estrechamente ligados a la religión, la mitología y las prácticas espirituales.
Un íbice macho es tal vez la presa más difícil de cazar para un leopardo de las nieves, debido a su enorme tamaño, fuerza y cuernos.
Las cabras, ovejas y vacas son los animales más vulnerables de la zona, pues al estar fuera de sus corrales pastando en las montañas y lejos de los pueblos, se convierten en presas fáciles para los leopardos de las nieves.
El día de mi cumpleaños celebré en solitario con 32 pequeños dulces de chocolate, sin que lo supiera una sola de las personas que estaban a mi alrededor. 
Una tormenta de cuatro días hizo que todo colapsara. Las temperaturas descendieron considerablemente, la electricidad iba y venía, las tuberías de agua se congelaron por completo y solo hubo tiempo libre para ver la nieve caer.

Otra mañana reportaron el avistamiento de cuatro leopardos de las nieves en un mismo lugar; algo que muy pocas veces sucede. No había un transporte que me pudiera llevar y la única opción que tuve fue tomar la retroexcavadora de un amigo de mi anfitrión. No almorcé nada, pero conseguí 32 chocolates de colores para celebrar con sencillez y gratitud lo que sería la tarde de mi cumpleaños. Luego de ocho horas de espera apuntando hacia el mismo lugar, sobre las 5:30 pm, una madre y tres crías se movieron en cámara lenta ante nuestros ojos, mientras decenas de cámaras obturaban a toda velocidad. 

En un mes exacto, tuve cinco avistamientos, pero más lejos de lo que pude llegar a imaginar. Hice más de 4000 imágenes y solo unas pocas cumplieron mis expectativas. Mi equipo fotográfico se había quedado algo corto en este segundo intento de visitar los Himalayas, que terminó cuando tuve que despedirme de India en un vuelo humanitario en medio de la pandemia del COVID-19.

Una pareja de leopardos (arriba a la derecha) a más de 200 metros de distancia del grupo de fotógrafos presentes.

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Encontrar un felino en estas gigantescas montañas, no es una tarea fácil; es como buscar una aguja en un pajar. Se requiere de mucho tiempo, esfuerzo físico y tener el ojo bien afinado. Los locales se han ido entrenando para identificar los comportamientos de esta especie, saber cuáles son los meses de apareamiento o nacimiento, y hasta reconocer las posibles áreas que ellos frecuentan en invierno. Unas veces hace falta tener paciencia, otras veces suerte y casi siempre una experiencia previa.

El 1 de Febrero de 2024 volví a dejar Colombia para regresar a la India también a reencontrarme con tantas personas que me habían acompañado a lo largo de este proyecto. Las rutas desde Nueva Delhi hasta el Himalaya ya las conocía como la palma de mi mano, los horarios de los buses también.

La promesa de traer fotografías impresas también era un hecho; todas las personas que había retratado en el 2019 y 2020, ahora tenían varias copias en sus manos. Además, venía equipado con un super teleobjetivo 150-600mm x 2X de Teleconvertidor = 300-1200mm de distancia focal para poder fotografiar cualquier animal a la distancia que fuera.

Y el regalo más grande, fue llegar a este valle cubierto con una alfombra blanca de nieve para recibir la noticia de que había un leopardo de las nieves cerca del pueblo. Desde aquel instante el sueño se comenzó a hacer realidad. He visto al fantasma del Himalaya cazando, recibiendo el sol, saltando sobre las rocas, alimentándose de una presa, estirándose, frente a mi lente, finalmente a la distancia perfecta…

Agradecimientos especiales a Patricia y Francisco; María José y Andrés Felipe; Uncle, Amo, Sonam, Dorje y familia; Kesang, Gonpo y familia; Dorje, Chhering y familia; Vinayak, Nara, Dr. Anbumani, Rajprasad, Kesang y Lama Ji; Riya, Tsering Norphel y familia; Sanjay, Dr. Aashish y Manoj; Sourav, Sonam, Konchok, Tanzinhozer, Lama y equipo; Esther, Jacopo, Marco y Michele; Chris, Nati, Camilla y equipo.

A mi familia, amigos cercanos y al amor de mi vida.

Emilio Aparicio Rodríguez

Soldado del Batallón Colombia No. 3 del Ejército Nacional en el Sinaí, Egipto, y miembro de la Fuerza Multinacional y Observadores, donde inició empíricamente su carrera como fotógrafo. Profesional en fotografía para medios de Taller 5 con estudios complementarios en fotografía documental, fotoperiodismo y street photographyHa sido docente en la Universidad Jorge Tadeo Lozano, la Fundación Arts Collegium y la Escuela de Misiones Internacionales y Acción Integral del Ejército. Speaker en TEDx Las Aguas y el Primer Encuentro de Fotografía Urbana de FUJIFILM. Ha ganado reconocimientos en Fotomaratón, National Geographic Colombia, Premio Arte Joven Colombia y Proyecto Tesis del Museo de Arte Contemporáneo (MAC) y participado en exposiciones individuales o colectivas en Colombia, Francia, Cuba, Camboya. Conoce 37 países y ha sido voluntario en Islandia, Kenia, Tanzania, India, Nepal y Sri Lanka.

Soldado del Batallón Colombia No. 3 del Ejército Nacional en el Sinaí, Egipto, y miembro de la Fuerza Multinacional y Observadores, donde inició empíricamente su carrera como fotógrafo. Profesional en fotografía para medios de Taller 5 con estudios complementarios en fotografía documental, fotoperiodismo y street photographyHa sido docente en la Universidad Jorge Tadeo Lozano, la Fundación Arts Collegium y la Escuela de Misiones Internacionales y Acción Integral del Ejército. Speaker en TEDx Las Aguas y el Primer Encuentro de Fotografía Urbana de FUJIFILM. Ha ganado reconocimientos en Fotomaratón, National Geographic Colombia, Premio Arte Joven Colombia y Proyecto Tesis del Museo de Arte Contemporáneo (MAC) y participado en exposiciones individuales o colectivas en Colombia, Francia, Cuba, Camboya. Conoce 37 países y ha sido voluntario en Islandia, Kenia, Tanzania, India, Nepal y Sri Lanka.

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