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31 Minutos

Carta de amor a 31 Minutos

Ilustración

Porque las noticias nunca volvieron a ser lo mismo: 31 Minutos trascendió la pantalla y dejó una huella imborrable en quienes los siguieron en la pantalla y crecieron con sus canciones, mientras su sentido del humor y conciencia ambiental nacía en las notas verdes de Juan Carlos Bodoque. Una de nuestras periodistas le escribe aquí una carta de amor a este noticiero amado.

¿Para qué empezar esta carta de amor si hay que terminarla?, diría Juan Carlos Bodoque.

A mis seis años poco veía televisión porque era (y es) muy fome. Yo prefería hacer collage en mis cuadernos del colegio, pero una tarde di con Señal Colombia y conocí el mejor noticiero que estaba en la televisión y que se convirtió en el único noticiero que he visto hasta el día de hoy: 31 Minutos. Excepto la vez que mi hermana me obligó a ver noticias porque había un tsunami en Japón, y me hizo grabarme la fecha en mi memoria por si alguna vez me lo preguntaban en el ICFES, aunque hasta el día de hoy nadie me ha preguntado qué pasó el 11 de marzo del 2011.

Los recuerdos de cómo empecé a ver 31 Minutos son menos nítidos que la fecha del tsunami en Japón, pero veía el programa a eso de las 6:30 de la tarde al llegar del colegio. Juanín Juan Harry intentaba que todo saliera bien en el programa, recordándole al vanidoso y distraído presentador Tulio Triviño que ya estaban al aire. Él anunciaba las secciones del noticiero, que solían incluir la encuesta del día realizada por Mico el Micófono, el reportaje de Mario Hugo, la nota verde de Juan Carlos Bodoque, los deportes presentados por Balón Von Bola y Raúl Guantecillo; la sección de Patana, la pasante en el noticiero que frecuentemente resolvía, y finalmente el ranking top musical de Policarpo Avendaño, todo esto presentado por medio de sátiras a la cultura pop, la televisión nacional y la política de Chile. 

Para quien no lo haya visto, 31 minutos era un programa pensado para ilustrar problemas como que tu mamá no te dejara teñir el cabello de celeste, no tener un parque en el barrio, o que en el colegio no te permitieran bailar la música que te gusta. También trataba inquietudes como preguntarse qué es la energía eólica, o a dónde van los neumáticos en su vejez. No tenía nada que envidiarle a los noticieros nacionales que veía mi papá, quien, al terminar el programa, reclamaba el control del televisor. Yo pensaba que los presentadores del noticiero que él veía eran muy serios, casi como robots leyendo desgracias y detalles que una niña tan dispersa como yo no entendía.
Mi mamá me cuenta que la música despertaba algo en mí, algo que nada más lograba, tanto así que decidió comprar un equipo de sonido antes que una lavadora, así que todas las mañanas yo escuchaba a Mozart, Melody y canciones infantiles. No sería extraño que años después las canciones de 31 Minutos se convirtieran en la banda sonora que aún resuena en mi mente, incluso a mis veinticuatro años.

Recuerdo que pasaba fines de semana con mi amiga Victoria cantando y creando coreografías de la canción Mi muñeca me habló, en la que una niña loca imagina que su muñeca es muy chismosa y le habla. Otras canciones me devuelven a los días de mi infancia, como cuando me caí de la bicicleta y perdí mi Equilibrio espiritual, el día que Me cortaron mal el pelo y me comparaban con caricaturas en el colegio, y de mis favoritas: La señora interesante que narra la incansable curiosidad por las cosas simples del mundo, aunque todavía no sé lo que hay dentro de un piano, o por qué se trabaja todo el año, pero es muy interesante.

El noticiero cautivó a toda Latinoamérica y permanece vigente gracias a su humor y auténtico formato. 31 Minutos lograba recrear, a través de sus secciones, mi imaginación de niña de seis años, donde los objetos cobraban vida y narraban historias, las muñecas hablaban e incluso los personajes contaban los chistes que bien podrían haber sido ideados por un niño.

Descubrí un mundo muy complejo en los medios audiovisuales y uno más grande que estaba en mi imaginación. Todavía aspiro a ser tan directa y franca como Bodoque, y a tener su confianza y determinación. Sin embargo, de vez en cuando, una voz en mi cabeza que suena a Cucho Lambretta me repite que “en la vida vas a fracasar”, es por eso que todos los programas para niños tienen un héroe, como Calcetín con Rombos Man, en mi vida me han salvado muchas personas que no dejan que olvide mis derechos y mi valor. 

Querido equipo de 31 Minutos, gracias por hacer mis tardes más alegres, gracias por tantas ocurrencias, anécdotas y chistes internos en conversaciones entre amigos y familia. Gracias por inspirar a tantas personas, adultos y niños, a cantar y reír. Le revendí la tele a mi viejo, yo soy feliz y ahora creo en el amor.

Escribir esta carta me conecta con la niña que fui y que hasta hoy, me sigue llevando de la mano a construir mi realidad y la persona que soy, esa niña que se enamoró de Juan Carlos Bodoque, periodista; y que por aquello de ser una optimista bien informada, ahora ejerce la misma profesión de su personaje favorito, con la misma angustia existencial. 31 Minutos fue para mí el primer vistazo de lo que sería mi trabajo años después.

Posdata: Por favor, vuelvan a Colombia que en el 2019 no conseguí entrada.

Valeria Herrera Oliveros

Realizadora audiovisual y periodista, nacida en Bogotá. Su pasión por el arte la llevó a aprender a través de la práctica. Comenzó tocando el violín, luego se dedicó al dibujo y la pintura, para luego preguntarse cómo se hacen las películas y convertirse en cineasta. Ha escrito y dirigido cortometrajes, y valora la escritura como el nacimiento de todas las ideas. Melómana, amante de los perros, de las flores, de las Taylor’s Versions y de las buenas historias.

Realizadora audiovisual y periodista, nacida en Bogotá. Su pasión por el arte la llevó a aprender a través de la práctica. Comenzó tocando el violín, luego se dedicó al dibujo y la pintura, para luego preguntarse cómo se hacen las películas y convertirse en cineasta. Ha escrito y dirigido cortometrajes, y valora la escritura como el nacimiento de todas las ideas. Melómana, amante de los perros, de las flores, de las Taylor’s Versions y de las buenas historias.

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