Ruta del Pandebono en Cali
El pandebono es, sin duda, una de las primeras pruebas que tiene un colombiano de que la perfección sí existe. Pero llegados a Cali, cualquiera se confunde entre la ignorancia y la sobreabundancia de opciones: para que no se quede sin probar lo bueno, La Cata nos trae esta ruta por algunos de los amasijos más ricos de la Sucursal del Cielo.
Siempre que llego a Cali imagino que las mejores historias de amor empiezan igual: con salsa sonando en alguna esquina, un clima que abraza, gente pasando desprevenida y un olor a pandebono recién horneado que se mete en todos lados. En esta ciudad, casi todo lo que uno quiere —la música, la comida, los afectos— ocurre alrededor de algo que calienta el espíritu. Y si hay un protagonista silencioso en esas pequeñas historias cotidianas, es precisamente el pandebono: ese pan redondo que acompaña desayunos, reconciliaciones, meriendas y conversaciones que duran horas.
Este amasijo, hecho con almidón de yuca, maíz, queso y huevo, nació en tierras vallecaucanas en la antigua vía que conectaba Cali con Buenaventura y se volvió el favorito de arrieros, jornaleros y familias enteras. Con los años se transformó en símbolo regional: se come al desayuno, a media mañana, en las onces, después de rumba y en cualquier momento donde se necesite cariño en forma redonda, esponjosa y llena de queso.
Su historia está rodeada de leyendas y su origen se relaciona con distintos relatos. Unas historias hablan de un italiano que gritaba “pane del buono” por las calles y otras, como la versión más documentada, sitúan su origen hace más de un siglo en la Hacienda El Bono, cerca al municipio de Dagua, donde una cocinera llamada Genoveva Barreza decidió enriquecer el pan que preparaba a diario agregándole almidón de yuca, maíz y queso para que los trabajadores tuvieran algo más contundente y sabroso durante la jornada. De tanto hablar del “pan de El Bono”, el nombre terminó pegado en el habla popular como pandebono.
Más allá de las anécdotas, lo cierto es que este bocado se quedó para siempre en la tradición local, nacional y mundial. En 2024, la guía gastronómica internacional Taste Atlas, lo coronó como el mejor pan del mundo entre 505 panes catalogados, basándose en más de 15.000 calificaciones de comensales y expertos. En pocas palabras, el pan que muchos caleños han comido toda la vida en la esquina del barrio hoy se aprecia como un tesoro que el mundo entero debería probar.
Con ese contexto en mente, esta ruta del pandebono en Cali quiere rendirle homenaje a un clásico que sabe a Valle del Cauca, a tradición y a historia horneada. Aquí le dejo mis cinco paradas para entender por qué este bocado sencillo se convirtió en un patrimonio de todos.


La Quinta con Quinta
Dirección: calle 5 #5-60
El recomendado de La Cata: pandebono clásico en bolita, corteza crocante e interior húmedo y esponjoso
En pleno cruce de la calle 5 con la carrera 5, por la mítica avenida mencionada en “Cali Ají” del Grupo Niche, está La Quinta con Quinta, un lugar que resume exactamente lo que la canción también recuerda: esto es cuestión de pandebono.
Aquí, el tiempo parece detenido. Más de 45 años de historia lo respaldan y se sienten desde que uno cruza la puerta: meseros que saludan por el nombre, familias que vuelven siempre a la misma mesa, y una atmósfera de panadería de barrio que se resiste a volverse anónima.
El pandebono no es una novedad, es el pan de toda la vida. Llega en forma de bolita, con una corteza dorada y crujiente que se quiebra para revelar un interior húmedo, muy esponjoso y con sabor intenso a queso. Es de esos que se comen en dos bocados pero dejan esa necesidad de repetir. Perfecto con un café bien cargado o una avena helada para sobrellevar el calorcito caleño.


Librería Nacional
Dirección: carrera 2 Oe #6-08
El recomendado de La Cata: pandebonos en bolita con mermelada y queso crema
Dentro de la Librería Nacional hay un espacio que sorprende a cualquiera: un restaurante relajado, con buen movimiento, perfecto para parchar un rato, mirar un libro nuevo, hacer una reunión o simplemente recuperar energía entre vueltas.
Aquí el pandebono llega en formato de bolitas crocantes por fuera y suaves por dentro, recién salidas del horno y peligrosamente adictivas: uno se come diez sin darse cuenta. El plus está en la presentación, nada tradicional pero totalmente ganadora: las sirven con mermelada y queso crema para untar, una combinación que resalta el punto salado del queso y le suma un contraste delicioso. Es el snack ideal para picar mientras hojea un libro, conversa o cae en la tentación de pedir otra ronda.


Light Pan es un paradero obligado para taxistas y conductores que ya tienen medido el tiempo entre recorrido y recorrido para bajar por un pandebono caliente. Es de esos sitios donde el flujo de gente no para, la vitrina siempre está llena y el olor a pan recién horneado recibe a cualquiera que entra.
Aquí el pandebono viene en dos versiones que cuentan la diversidad del amasijo vallecaucano. Por un lado, el tradicional: hecho con almidón de yuca, más suave, ligeramente salado, elástico y con esa miga húmeda que da ganas de estirarlo con las manos. Por el otro, el pan de bono campesino, preparado con harina de maíz: más dulce, compacto y seco, perfecto para acompañar café negro. Probar ambos en la misma visita es casi una cata didáctica sobre cómo cambian textura y sabor con solo ajustar la receta.


El Molino es una institución caleña. Lleva más de cinco generaciones siendo punto de encuentro para desayunar, tomar onces, celebrar cumpleaños o simplemente sentarse a ver pasar la vida con un tinto en la mano. Es un lugar grande, dinámico, siempre lleno de conversación y con un aroma que mezcla pan recién horneado, mantequilla y café.
Su pandebono es de los que justifican la fama: ligero, muy aireado, con un sabor claramente salado a queso y una costra dorada y crocante que cruje apenas se muerde. No empalaga, no satura, simplemente desaparece en la boca y deja un rastro de ganas de otro. Acá el pandebono no solo acompaña la experiencia, la define totalmente. Es el tipo de pan que, sin decir palabra, explica por qué este amasijo se volvió bandera del Valle del Cauca.


Panadería y Pastelería Montecarlo
Dirección: calle 13 #78-36 (Av. Pasoancho)
El recomendado de La Cata: pandebono clásico de receta histórica
Montecarlo es otro nombre que se repite cuando uno pregunta por panaderías tradicionales en Cali. Con 65 años de historia y más de siete sedes en la ciudad, se ha mantenido fiel a una misma receta de pandebono desde 1960. Esa decisión se siente en cada bocado, hay algo de sabor a infancia y a barrio que se reconoce incluso si uno no creció en Cali, sabe a nostalgia.
El pandebono de Montecarlo es suave, esponjoso y con un sabor más neutro: no es excesivamente dulce ni demasiado salado, lo que lo convierte en un comodín perfecto para cualquier acompañante. Funciona igual de bien con chocolate, gaseosa, café, avena o incluso solo, recién salido del horno. Es un pandebono profundamente tradicional, que honra la idea de que, si algo funciona tan bien, no hace falta cambiarlo.
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Esta ruta es solo un abrebocas de la relación que Cali tiene con el pandebono. Detrás de cada bandeja que sale del horno hay recetas heredadas, historias familiares y saberes que conectan la ciudad con su campo y con los caminos que la unieron históricamente al Valle del Cauca. Hoy, que el pandebono se pasea por rankings internacionales y titulares que lo nombran como el mejor pan del mundo, esta ciudad sigue haciendo lo que ha hecho siempre: hornearlo a diario, comérselo caliente y compartirlo en la mesa como quien comparte un pedazo de su historia.
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