¿Qué le pasa a nuestro cuerpo cuando decidimos no tener hijos?
Cuando hablamos de embarazo, hay ideas muy distintas sobre su impacto en la salud de las mujeres, si puede ser dañino o protector para el cuerpo. Pero, ¿qué tanto sabemos realmente? Tratando de despejar dudas entre la literatura especializada y de la mano de una experta, la autora nos ayuda a entender qué de cierto y de incierto hay en esto.
Hay cientos de mitos sobre la salud de las mujeres: si haces esto, te pasará aquello; a cierta temperatura, esto o lo otro no sucede; si tomas, comes, sacudes, enfrías, dejas guardado: todo un hilo de historias, causas y consecuencias que culturalmente atendemos sin mucha duda; algunos de esos mitos tienen fronteras tan borrosas que seguimos replicándolos incansablemente. Y hace poco menos de un año escuché de dos o tres personas la misma idea: hay que tener hijos porque después de cierta edad nos empezamos a enfermar. ¿De dónde venía esa certeza tajante de que tener hijos nos protege contra ciertas enfermedades o que no tenerlos nos expone a algo malsano?
Me he encontrado con varios portales que alertan a las mujeres con las clásicas formas que tiene Internet para jugar con nuestra cabeza: si las mujeres no quedan embarazadas tendrán que lidiar con ciertas complicaciones en su sistema reproductivo e incluso más allá de él. También encontré portales críticos que cuestionaban por qué el cuerpo de las mujeres parecía entonces “hecho” únicamente para la procreación, lo que responde, seamos honestos, a una concepción ya bastante mandada a recoger.

¿Existe riesgo o no?
Los datos más recientes indican que en Colombia decayó la natalidad un 13,7 % en 2024 con respecto a 2023, la cifra más baja en una década, lo que ha puesto sobre la mesa temas relevantes sobre ser o no ser madre: asuntos laborales, económicos y emocionales, estructuras sociopolíticas que han sumado capas de dificultad a un proyecto de vida en tiempos anteriores edulcorado. Algunos grupos políticos han vuelto a sacar recientemente la carta de la natalidad con iniciativas como la pancarta enorme colgada en la fachada del Congreso en la que se leía “Salva a Colombia, ten hijos” y, mientras tanto, se han vuelto a esparcir estos mitos sobre la salud de las mujeres al no procrear.
Pero más allá de las discusiones, ¿qué le pasa realmente al cuerpo, al cuerpo físico, cuando decidimos no ser madres?, ¿somos más vulnerables a complicaciones en nuestro sistema reproductivo?, ¿nuestro cuerpo produce más o menos alguna sustancia que haga la diferencia en nuestro bienestar?

En la epidemiología del cáncer hay estudios que muestran alguna relación entre la no maternidad (nuliparidad) y un mayor riesgo específicamente en el desarrollo de cáncer: el National Cancer Institute de EEUU ha publicado investigaciones que indican un efecto protector en el embarazo y la lactancia debido a la modificación del tejido mamario y a que se reduce la exposición total a estrógenos. Por otro lado, la casa editorial especializada en medicina, Elsevier, en su sección Clínica e Investigación en Ginecología y Obstetricia, ha señalado factores no genéticos en el desarrollo cáncer de mama y de ovario, entre los que incluyen haber tenido una primera menstruación temprana, tener una menopausia tardía y no quedar en embarazo.
Además, estudios publicados en otras entidades como la Scientific Electronic Library Online (SciELO), específicamente su revista de Ginecología y Obstetricia de México y en la sección de Medicina Integral de Elsevier, también apuntan a que hay una relación de propensión entre la no gestación y el desarrollo de miomas uterinos. Incluso, la Clínica de la Universidad de Navarra (CUN), si bien concluye que las causas exactas no están definidas, sí señala que la multiparidad (tener varios hijos) es un factor protector contra el desarrollo de miomas.

Si bien existen estudios que muestran alguna relación, todavía no hay datos definitivos que determinen una concreta causa y efecto entre no tener hijos y desarrollar ciertas enfermedades. En cambio, las investigaciones para desmentir estas nociones han ido en aumento: cada vez se hacen más muestras que incluyen a más personas con estilos de vida diferentes y tienden a mostrar que esa relación que se venía estructurando como “sólida” realmente no lo es tanto.
El Journals of Gerontology: Social Sciences, por ejemplo, publicó un artículo titulado “Childlessness and Health Among Older Adults: Variation Across Five Outcomes and 20 Countries”, en el cual estudió esta relación en una muestra de 109,648 adultos mayores en 20 países. Los hallazgos dieron cuenta de que no existe una asociación consistente entre la no maternidad y un mal estado de salud. Por otro lado, Yubia Amaya, investigadora en salud reproductiva y demografía, adscrita al Departamento de Medicina Fetal del Instituto Nacional de Perinatología (INPer) de México ha revisado literatura científica y concluido en algunos artículos que no existe tal relación y que la buena salud no recae en si decidimos ser madres o no, sino en un autocuidado integral. Incluso otras investigaciones han concluido también la existencia de factores de riesgo asociados al embarazo y al parto.
La ginecóloga adscrita a Colsanitas, Claudia Zambrano, concluye que: “Las mujeres que no han tenido embarazos tienen una mayor exposición a hormonas como los estrógenos, lo cual podría influir en el desarrollo de algunos tipos de cáncer como el de ovario, endometrio y mama; sin embargo, el embarazo y la lactancia son factores de protección relativos y no absolutos. El hecho de tener hijos no te garantiza que no te va a dar alguna de estas enfermedades, así como no tenerlos, no significa necesariamente un riesgo mucho mayor”. Para ella, hay que tener en cuenta la genética, el estilo de vida, la salud mental, las actividades de tamizaje y otros factores que realmente tienen un impacto en la salud, más allá del embarazo. “Además se debe tener en cuenta que un embarazo puede traer consigo riesgos en la salud de algunas mujeres. Puede acarrear riesgos físicos, psicológicos y metabólicos, entre otros. La maternidad puede aportar ciertos beneficios biológicos, pero no es un requisito para tener buena salud; la clave no está en la reproducción”.

Hacernos preguntas desde la autonomía de nuestro cuerpo
Al margen de lo que significa el embarazo para las mujeres hoy, de sus implicaciones culturales, Zambrano señala que “en la discusión sobre la maternidad y el cuerpo de las mujeres todavía falta mucho por explorar y aceptar. Muchas veces no se habla de lo que pasa en el postparto, en todas las esferas de la mujer, por ejemplo en la parte física: las disfunciones sexuales a largo plazo, disfunciones del piso pélvico como incontinencias y prolapsos, o incluso dolor pélvico crónico y cambios cardiovasculares o metabólicos”.
Además, más allá de lo físico, de lo que le pasa al cuerpo en la profundidad de su biología y los estudios que hay al respecto de lo uno y lo otro, Zambrano también menciona que todavía hace falta explorar mucho más acerca de todo lo que implica la maternidad desde todos sus picos: “En cuanto a la salud mental y emocional se pueden presentar trastornos de ansiedad y depresión en el postparto que alteran de forma importante el rol de madre y de mujer. El embarazo, el postparto y en general la maternidad también pueden llevar a cambios en el ámbito laboral que lleven a afectar la salud mental y emocional de las mujeres”.
“Aún falta poner sobre la mesa que el embarazo no solo es un evento biológico, sino también un fenómeno cultural y político que moldea la manera en que se percibe el cuerpo femenino. Y ahí hay mucho por investigar y visibilizar”, concluye Zambrano.

La discusión sobre la maternidad y la no maternidad responde a la necesidad urgente de poner el tema sobre la mesa debido al cambio generacional que ha traído una menor reproducción en el mundo. Es importante seguir haciéndonos preguntas desde la curiosidad y el deseo de bienestar más allá del deber ser o los mitos que se esparcen culturalmente sobre nuestros cuerpos.
Aunque existan estudios de un lado y del otro, de riesgos y beneficios que recaen una y otra vez sobre una decisión tan crucial como la de la maternidad, lo cierto es que allí no debería estar el foco de la salud integral sino en factores realmente influyentes que responden al estilo de vida y al cuidado general. Desde su práctica como ginecóloga, Zambrano dice: “He visto cada vez más que las mujeres deciden no tener hijos o posponen la maternidad debido a muchos factores. Pero esto no se debe ver necesariamente como un ‘problema’ sino como una transformación cultural. Cada vez va creciendo la autonomía reproductiva y muchas mujeres sienten que tener hijos no es el único camino para la realización personal, teniendo más interés en sus profesiones, proyectos personales o vínculos afectivos distintos a la maternidad. Es un reflejo de que las mujeres toman decisiones más conscientes de su cuerpo y su futuro”.
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